sábado, 24 de abril de 2010

MISIÓN LAICAL EN EL DA


Vocación de los discípulos misioneros.

Haciendo referencia al Documento de Aparecida (DA), cap. IV (129-153). Mons. Eichhorn llamó a tomar conciencia de la "vocación bautismal". Invitó a recomenzar desde Cristo, es decir, vivir la experiencia de Jesús. “La vida es un tema fundamental en el documento de Aparecida.” La Vida se obtiene a través del encuentro con Jesús porque ese encuentro es lo que dará verdadero sentido a toda nuestra vida. Aparecida hace hincapié en el encuentro con Jesucristo , como punto de partida esencial e ineludible.
El bautismo es el nacimiento a una vida de hijos, allí recibimos el don del Espíritu. Por gracia, somos hijos de Dios, familiares íntimos de Jesús. (Cf. Jn.15; Mt.23; Jn.1, 12-13).

La clave de la vocación de todo discípulo de Jesús, es el Bautismo. Y la respuesta a dicha vocación es un don que el mismo Dios da, que es la fe, el decir, “creo”.

“Hoy en día se necesitan hombres que sepan plantarse ante la vida y hacer su profesión de fe” , señaló Monseñor, aclarando que “el llamado a una vida de fe es un llamado a compartir la vida y la misión de Jesús. Entonces, estamos llamados a anunciar el Reino, porque el Señor nos eligió para ser discípulos y nos envía a ser instrumentos, fermentos de comunión, de paz, de unidad, de amor. Es la tarea que tenemos”.

Animados por el Espíritu Santo (DA 149 sigs.)

El Bautismo y la Confirmación, que lo completa, dan el don del Espíritu Santo . El Espíritu es el que da la Vida y el que anima. Esto se expresa en dones y frutos, carismas y oficios. El Espíritu forja misioneros , señalando lugares y agentes. La Iglesia continúa la obra de Jesús.

“Debemos, pues , dejarnos guiar por el Espíritu Santo , haciendo propia la pasión por el Padre y el Reino, anunciando la Buena Nueva a los pobres, curando a los enfermos, consolando a los tristes, liberando a los cautivos y anunciando a todos el año de gracia del Señor” (157).

"En virtud del Bautismo y la Confirmación, somos llamados a ser discípulos misioneros de Jesucristo y entramos a la comunión trinitaria en la Iglesia, la cual tiene su cumbre en la Eucaristía, que es principio y proyecto de misión del cristiano. Así, pues, la Santísima Eucaristía lleva la iniciación cristiana a su plenitud y es como el centro y fin de toda la vida sacramental" (153).
Los fieles laicos y laicas, discípulos y misioneros de Jesús, luz del mundo.

En DA 209 al 215 se describe al laico en la Iglesia, su vocación y misión como discípulo-misionero.

"Los fieles laicos son 'los cristianos que están incorporados a Cristo por el Bautismo, que forman el Pueblo de Dios y participan de las funciones de Cristo: sacerdote, profeta y rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo'. Son 'hombres de la Iglesia en el corazón del mundo y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia'" (209).

La misión del laico:

En el mundo:

“Con su testimonio y su actividad, contribuyen a la transformación de las realidades y a la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio..."Hacen creíble la fe que profesan, mostrando autenticidad y coherencia en su conducta" (210).

Todo esto en ámbitos propios: la política, la realidad social y económica, la cultura, las ciencias y artes, los medios de comunicación, la vida internacional, y especialmente las realidades del amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional y el sufrimiento.

En la Iglesia:

Los laicos están llamados a participar en la acción pastoral con el testimonio de su vida y con acciones (evangelización, liturgia, diversos apostolados), bajo la guía de los Pastores. Los Pastores deben abrir espacios de participación, confiarles ministerios y responsabilidades (en especial, se anima a los catequistas, delegados de la Palabra, animadores de comunidades).
“Para esto se necesita una sólida formación doctrinal, pastoral, espiritual, y un adecuado acompañamiento. Es mi preocupación, la formación de los laicos” , remarcó con mucha fuerza el Sr. Obispo.
El DA dedica un denso y riquísimo capítulo a la formación del discípulo misionero. Precisamente, de lo que se trata es de formar un cristiano, un discípulo misionero. Es, por tanto, una tarea catequística más que académica, un profundizar en la experiencia y la vida de fe que en un profundizar racionalmente conceptos teológicos.
Aparecida describe el proceso de formación, desde un método netamente evangélico: "Cristo nos da el método" (Cf. 276). Esto es necesario para todos los laicos de la Diócesis. Lo cual plantea el interrogante: ¿Cómo hacer para que todos tengan la posibilidad y la oportunidad de contar con espacios formativos integrales? Es un tema que aún no tenemos resuelto”, compartió, invitando a ser creativos para encontrar las respuestas.

Hoy, la Iglesia en Latinoamérica quiere ponerse en estado de misión , y los laicos deben ser parte activa y creativa en la elaboración y ejercicio de proyectos pastorales. Se debe profundizar en el SER y HACER. “La construcción de ciudadanía, en el sentido más amplio, y la construcción de eclesialidad en los laicos, es un solo y único movimiento” (215).

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