miércoles, 27 de enero de 2010

REFLEXIÓN - LA FELICIDAD



Cuento Hindú

Un gato grande ve cómo un gatito trataba de agarrarse la cola y
le pregunta:
-¿Por qué lo haces?
Y el gatito dijo:
-"Porque he aprendido que lo mejor es la felicidad
y mi cola es la felicidad"
Y el gato grande le respondió:
-"Yo también sé que mi cola es la felicidad,
pero me he dado cuenta que cuando la persigo se
me escapa y cuando voy haciendo lo que tengo que hacer
ella viene detrás de mí
por dondequiera que yo vaya".
La felicidad la encontramos en la realización de las cosas. Ser feliz no es quedarse
en un solo lugar o hacer siempre lo mismo por el sólo hecho de que nos hace bien,
sino tener la capacidad de continuar la vida prolongando los pequeños momentos
de alegría.

martes, 26 de enero de 2010

REFLEXIÓN - LOS TRES COLADORES


Dice la leyenda que un día visiblemente excitado vino uno de los discípulos corriendo hasta el sabio Sócrates: "Escucha, Sócrates, tengo que contarte algo..." "¡Cállate un instante!", le interrumpió Sócrates
-"¿Has pasado por los tres coladores lo que me vas a contar?"

-"¿Tres coladores?”, preguntó el discípulo sorprendido.

-"Sí, tres coladores”, contestó Sócrates:

El primer colador es la verdad.

¿Has examinado bien todo lo que me vas a decir y has comprobado que todo es verdad?"

-"No, yo sólo he oído contarlo."

-"¡Ah, con que sólo has oído contarlo.'

Pero seguramente que lo habrás pasado por el segundo colador: Es el bien.

Eso que me vas a contar, ya que no estás seguro de que sea verdad,

por lo menos ¿estás seguro de que me hará bien; ¿Crees que es bueno que yo lo oiga?,

¿Es un bien también para el otro?"

-Respondió el otro: "Precisamente bueno, no, más bien lo contrario."

-El sabio tomó de nuevo la palabra, y le dijo: "Echemos ahora manos del tercer colador:

La necesidad, y preguntémonos si es necesario que me cuentes eso que tanto te ha excitado." A lo que el hombre respondió:

-"Tampoco es que sea necesario."

Y con una sonrisa en el rostro, el sabio concluyó:

- "Pues si lo que me vas a decir no es verdad, ni es bueno, ni tampoco es necesario,

entonces entiérralo en el olvido y no te cargues con eso ni me cargues a mí tampoco.”


A veces no nos damos cuenta y entramos en conversaciones que no nos dicen respecto. Escuchamos cosas que nos cuentan como verdaderas y a veces las transmitimos como verdaderas. Pensemos que aunque se trate de una verdad, hace falta saber si es un bien y si es necesario divulgarla.

domingo, 24 de enero de 2010

REFLEXIONES - EL BAMBÚ


En el corazón del Reino de Oriente se extendía un hermoso jardín. El Amo, aprovechando el fresco de la tarde, se paseaba por sus predios. De todos los moradores del jardín, el más bello y amado era un noble bambú de grácil silueta.

Cada año aumentaban la belleza y la elegancia de Bambú. Éste era consciente del cariño del Amo y de que aquél se complacía contemplándolo. A pesar de ello era siempre humilde y de actitud amable.

Con frecuencia, cuando el viento acudía a juguetear en la floresta, Bambú se despojaba de su dignidad y se ponía a bailar y a balancearse alegremente, inclinándose en jubiloso abandono. Presidía la gran danza del jardín, que llenaba de gozo el corazón del Amo.

Cierto día el Amo se acercó a Bambú para observarlo detenidamente. Con mirada de curiosa expectativa, Bambú inclinó su majestuoso penacho hasta el suelo en señal de reverencia.

El Amo se dirigió a él: Bambú, Bambú, necesito tus servicios.

Amo, estoy dispuesto. Dime qué deseas.

Bambú -dijo el Amo con voz grave-, me veré obligado a llevarte de aquí, a cortarte.

Horrorizado se estremeció Bambú:

_¿Co... cortarme, Amo... a mí, a quien convertiste en el más hermoso de tu jardín? ¿Cortarme? ¡Ah, no! Eso no!
Sírvete de mí para tu placer, oh Amo, pero... ¡no me cortes!

Mi precioso Bambú --dijo el Amo con voz aún más grave--, si no té corto, no podrás serme útil.

El jardín se cubrió de silencio. El viento contuvo su soplo. Lentamente Bambú inclinó su glorioso penacho. Se alcanzó a oír un susurro. Bambú contestó:

Amo, si no puedo serte útil a menos que me cortes, haz entonces tu voluntad. Córtame.

Bambú, mi amado Bambú, debo también cortar tus hojas y ramas. Amo, te suplico, ¡ten piedad! Tálame y pon me belleza entre el polvo. Pero ¿es necesario que también me arranques las hojas y las ramas?

Ay, Bambú; si no te las corto, no me servirás.

El sol ocultó su rostro. Una mariposa que escuchaba el diálogo alzó temerosa el vuelo. Bambú tembló, presa de terrible ansiedad, y asintió quedamente:

Amo, corta ya.

Bambú, Bambú, debo también partirte en dos y sacarte el corazón. Si no lo hago, no me serás útil.

Ay, Amo mío, corta entonces y párteme.

Así pues, el Amo del jardín cortó a Bambú, podó sus ramas, le arrancó las hojas, lo partió en dos y le sacó el corazón. Lo alzó entonces cuidadosamente y lo llevó hacia un manantial de cual surgía a borbotones agua fresca y cristalina, en medio de las resecas tierras del Amo.

Luego, el Amo depositó a Bambú suavemente en el suelo, apoyando un extremo en el manantial y el otro en un canal que llevaría el agua hacia el campo. El manantial emitió su canción de bienvenida. El agua fresca y chispeante se lanzó con júbilo por el cuerpo rajado de Bambú rumbo a los campos sedientos.

Enseguida se plantó el arroz. Transcurrieron los días. Aparecieron los brotes. Llegó el tiempo de cosecha. Entonces el cuerpo de Bambú, antes erguido en su imponente hermosura, cobró más gloria aún en su humildad y quebranto. Cuando era hermoso abundaba en vida. ¡Pero al ser quebrantado se convirtió en un canal de vida en abundancia para el mundo de su Amo!

Tu también puedes vivir en el jardín con El Amo de la Eternidad. No tienes más que convertirte en un buen canal de nueva vida.