sábado, 12 de diciembre de 2009

Nuestra Señora de Guadalupe (12 de Diciembre)



Oh Purísima Virgen de Guadalupe alcánzame de tu Divino Hijo el perdón de mis pecados, bendición para mi trabajo, remedio a mis enfermedades y necesidades y todo lo que tu creas conveniente pedir para mi y mi familia.
Oh Santa Madre de Dios! no desprecies las suplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes líbranos de todos los peligros.

Oh Virgen llena de gloria y bendición! Por Cristo Nuestro Señor, Amén.


Un Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
Para leer sobre la historia:

ORACIÓN CON MARÍA 3


Tercera semana de Adviento

Lectura Bíblica: En aquellos días, María se puso en camino a un pueblo de Judea, a casa de Zacarías e Isabel (Lc 1,39)

Meditación: En casa de Isabel pronto se hacen sentir los efectos de la visita de María y de la presencia del Señor. María comprobó el signo del ángel, ya que su prima Isabel fue llena del Espíritu Santo y concibió a Juan el Bautista.

A continuación lees la frase bíblica que corresponde al día de esta tercera semana de Adviento.

Domingo: Alégrate, hija de Sión; festéjalo exultante, hija de Jerusalén (Sof 3,14)
Lunes: No temas, Jerusalén, el Señor tu Dios es dentro de ti un soldado victorioso (Sof 3,16)
Martes: El Señor se alegra contigo renovando su amor, se llena de júbilo por ti, como en día de fiesta (Sof 3,17-18)
Miércoles: Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré (Is 12,2)
Jueves: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi Salvación (Is 12,2)
Viernes: Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación. Dad gracias al Señor, invocad su nombre (Is 12, 3-4)
Sábado: Cantad al Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra (Is 12,5)

Oración final: Señor, haz que nos sintamos bienaventurados porque hemos creído en tu amor. Amén.

Aporte para la prédica del 3º Domingo de Adviento




Celebramos en este domingo tercero de Adviento el Domingo Gaudate, o sea, el domingo de la alegría. Sería muy común, entre nosotros los cristianos y todo el pueblo, si nos preguntásemos ¿por qué la alegría? Teniendo en cuenta la vida como la llevamos con tantos miedos, inseguridades, injusticia, violencia, enfermedad nuestra o de alguien conocido y querido, ¿cómo celebrar con alegría, o dónde buscarla para celebrar?

Cuando la esperada venida está finalmente para realizarse y todas las señales la confirman, la esperanza y la preparación se transforman en alegría y júbilo.

No nos olvidemos del domingo pasado que Dios, en la primera lectura nos decía con un imperativo, era una orden que él nos daba: "quítate la ropa del duelo, viste la ropa de la gloria de Dios, pon en tu cabeza la diadema de la gloria del Señor". Este el el motivo de la alegría, porque sabemos que hay un SER grande y poderoso que nos guía, sostiene y ayuda. Otro motivo para alegrarnos es la llegada del Señor. Afinal, si ya hemos comenzado a preparar el corazón (la voz de Juan el Bautista) no devemos temer, porque ese día es el DÍA DE LA ALEGRÍA ETERNA, donde nos encontraremos definitivamente con el Señor de señores.

La primera lectura empieza con palabras de ánimo con un tono imperativo también: ¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti..." En otras palabras, Dios nos ha perdonado, no hay deudas, no hay manchas, no hay porque temer ni sufrir. En la misma dinámica del domingo pasado podemos cambiar el nombre "hija de Sión e hija de Jerusalén" por nuestro nombre y veremos cómo Dios nos habla y nos anima; cómo Dios nos perdona a nosotros porque no se fija en nuestro pasado. Al igual que el domingo pasado vemos que Dios quiere saber lo que hacemos hoy. En este sentido tenemos el Evangelio para ilustrar y concluir el pensamiento.

El evangelio de hoy nos propone seguir el grito de Juan Bautista y aquellos que lo escuchan le hacen una pregunta: "¿qué debemos hacer?". Recordemos que el contexto es la prédica del bautismo. Ellos fueron bautizados. Juan responde una cosa sencilla. Son tres respuestas para distintos grupos que podemos resumir diciendo: sean gente, vivan como humanos, compartan la vida en vez de quitarsela, compartan los bienes en vez de la indiferencia y el egoismo, sean justos...

Queridos hermanos, éste es el mensaje para este domingo de Adviento: vivir la alegría porque sabemos que fuimos perdonados por Dios, porque nos estamos preparando para el encuentro con el Señor y nuestra esperanza, como nos dice San Pablo, no nos defrauda.

P. Adelino DOS SANTOS, HSICM

viernes, 11 de diciembre de 2009

La historia del Pesebre


El Pesebre o Nacimiento es una tradición cristiana en todo el mundo. Consiste en recordar el Nacimiento de Jesús a través de una representación.

El primer Nacimiento fue creado por San Francisco de Asís, quien alentó a que unos pobladores recreen la Natividad del Señor. Muchas otras aldeas imitaron este acto, hasta que el Nacimiento ingresó a las casas de los creyentes, que con imágenes crearon sus propios pesebres.

La instalación del Nacimiento es una excelente oportunidad para unir a la Familia. Su realización enternece a los que la realizan. La figura de animales mansos, de humildes pastores, de la sencillez del lugar y la luz de una estrella no hace más que revolver el corazón al pensar la sencillez en que Dios llegó al mundo.

Significado

EL ESTABLO: “Y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento” (Lc 2,1). Lucas nos explica que el Rey de Reyes no tuvo un espacio, un lugar para nacer. Sólo lograron acomodarse en una estancia humilde, para que el más grande de todos naciese en. un pesebre, el cajón donde comen las bestias. Dios es el más grande, y nos enseña que debemos ser muy pequeños.
EL HERMANO BURRO Y EL HERMANO BUEY: “El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor” (Isaías 1, 3). Isaías usa una figura que años más tarde se volvería realidad. Estos dos animales participan en el Nacimiento. El burro está siempre disponible y cabizbajo ante la voluntad de su señor. Es muy servicial. El buey es fuerte: empuja el arado y prepara la tierra para cosechar buenos frutos. Estas virtudes, por sí, son un gran ejemplo.

EL ÁNGEL: Son los mensajeros de Dios. Por el ángel Gabriel llegó la Anunciación. Fue un ángel quien se le apareció a José para aceptar a María como esposa, huir y regresar de Egipto. Fueron muy importantes en esta misión y nos recuerdan que Dios siempre tiene un mensaje para nosotros.

LOS PASTORES: Personas sencillísimas y humildes. Fueron los primeros en recibir la buena noticia, mostrándonos que son los pobres los preferidos por el Señor.

LOS TRES REYES: No fueron reyes de algún pueblo o nación. Ese nombre se los dió la tradición. En la Biblia se les llama magos. Representan a los pueblos y razas del mundo, que vienen a adorar. Ofrecieron Incienso para un Dios, Oro para un Rey y Mirra para un hombre.

LA ESTRELLA: Guió a los magos en su andar, fue la luz que los llevó al encuentro con Dios a través de las oscuridad. De forma similar, Cristo nos lleva al Padre.

SAN JOSÉ: Padre fiel y creyente. El protector de Cristo en sus primeros años de vida. Tuvo un corazón amoroso y lleno de fe para aceptar lo que Dios le pidió.

MARÍA: La Madre del Señor, la que lo cuidó y lo acompañó hasta el final. Es símbolo del puro amor maternal y de un servicio sin obstáculos, sin objeciones.

JESÚS: Es el “Dios Con Nosotros”, el amor que el Señor tiene por la humanidad al venir a salvarla del pecado. Es la figura tierna y central del nacimiento. Nos muestra como Dios, en medio de su potencia y magnitud, se nos presenta de manera sencilla, en la figura de un frágil niño.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Oración a María de Nazareth


María de Nazareth
madre de nuestro Señor,
compañera de nuestras marchas,
ven a visitarnos,
quedate con nosotros.
Te necesitamos, madre buena,
vivimos tiempos difíciles,
atravesamos bajones,
tenemos caídas,
nos agarra la flojera
nos inmoviliza la apatía,
nos da rabia la solidez de la injusticia.
María, Virgen de la Esperanza.
Contagianos tu fuerza,
acercanos el Espíritu que llena tu vida.
Ayudanos a vivir con alegría,
a pesar de las pruebas y las cruces
que encontramos en el seguimiento de tu hijo.
Que no nos desaliente
la lentitud de los cambios,
que las espinas de la vida
no nos ahoguen la semilla del Evangelio.
Que no perdamos la utopía, madre buena,
de creer que es posible otro mundo
y otra sociedad.
Que no bajemos los brazos
en la lucha por la justicia
y en la práctica de la solidaridad.
Que no se enturbie nuestra mirada,
al punto que no veamos la luz del Señor
que nos acompaña siempre,
que camina a nuestro lado,
que nos sostiene en los momentos duros.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Oración para el Adviento


De luz nueva se viste la tierra,
porque el sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.
El amor hizo nuevas las cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que es poderoso
en la Virgen su luz ha encendido.Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia la alegría,
el Señor que en los cielos moraba
se hizo carne en la Virgen María.Gloria a Dios, el Señor poderoso,
a su Hijo y Espíritu Santo,
que en su gracia y su amor nos bendijo
y a su reino nos ha destinado. Amén
Preparemos los caminos
ya se acerca el Salvador
y salgamos, peregrinos,
al encuentro del Señor.Ven, Señor, a libertarnos,
ven, tu pueblo a redimir;
purifica nuestras vidas
y no tardes en venir.El rocío de los cielos
sobre el mundo va a caer,
el Mesías prometido,
hecho niño, va a nacer.De los montes la dulzura,
de los ríos leche y miel,
de la noche será aurora
la venida de Emmanuel.Te esperamos anhelantes
ya sabemos que vendrás;
deseamos ver tu rostro
y que vengas a reinar.Consolaos y alegraos,
desterrados de Sión,
que ya viene, ya está cerca,
él es nuestra salvación.

martes, 8 de diciembre de 2009

INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA (8 DE DICIEMBRE)


La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción.

Como demostraremos, esta doctrina es de origen apostólico, aunque el dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.

"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..."
(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

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Juan Pablo II sobre La Inmaculada Concepción

1. En la reflexión doctrinal de la Iglesia de oriente, la expresión llena de gracia, como hemos visto en las anteriores catequesis, fue interpretada, ya desde el siglo VI, en el sentido de una santidad singular que reina en María durante toda su existencia. Ella inaugura así la nueva creación.

Además del relato lucano de la Anunciación, la Tradición y el Magisterio han considerado el así llamado Protoevangelio (Gn 3, 15) como una fuente escriturística de la verdad de la Inmaculada Concepción de María. Ese texto, a partir de la antigua versión latina: «Ella te aplastara la cabeza», ha inspirado muchas representaciones de la Inmaculada que aplasta la serpiente bajo sus pies.

Ya hemos recordado con anterioridad que esta traducción no corresponde al texto hebraico, en el que quien pisa la cabeza de la serpiente no es la mujer, sino su linaje, su descendiente. Ese texto por consiguiente, no atribuye a María sino a su Hijo la victoria sobre Satanás. Sin embargo, dado que la concepción bíblica establece una profunda solidaridad entre el progenitor y la descendencia, es coherente con el sentido original del pasaje la representación de la Inmaculada que aplasta a la serpiente, no por virtud propia sino de la gracia del Hijo.

2. En el mismo texto bíblico, además se proclama la enemistad entre la mujer y su linaje, por una parte, y la serpiente y su descendencia, por otra. Se trata de una hostilidad expresamente establecida por Dios, que cobra un relieve singular si consideramos la cuestión de la santidad personal de la Virgen. Para ser la enemiga irreconciliable de la serpiente y de su linaje, María debía estar exenta de todo dominio del pecado. Y esto desde el primer momento de su existencia.

A este respecto, la encíclica Fulgens corona, publicada por el Papa Pío XII en 1953 para conmemorar el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, argumenta así: «Si en un momento determinado la santísima Virgen María hubiera quedado privada de la gracia divina, por haber sido contaminada en su concepción por la mancha hereditaria del pecado, entre ella y la serpiente no habría ya –al menos durante ese periodo de tiempo, por más breve que fuera– la enemistad eterna de la que se habla desde la tradición primitiva hasta la solemne definición de la Inmaculada Concepción, sino más bien cierta servidumbre» (MS 45 [1953], 579).

La absoluta enemistad puesta por Dios entre la mujer y el demonio exige, por tanto, en María la Inmaculada Concepción, es decir, una ausencia total de pecado, ya desde el inicio de su vida. El Hijo de María obtuvo la victoria definitiva sobre Satanás e hizo beneficiaria anticipadamente a su Madre, preservándola del pecado. Como consecuencia, el Hijo le concedió el poder de resistir al demonio, realizando así en el misterio de la Inmaculada Concepción el más notable efecto de su obra redentora.

3. El apelativo llena de gracia y el Protoevangelio, al atraer nuestra atención hacia la santidad especial de María y hacia el hecho de que fue completamente librada del influjo de Satanás, nos hacen intuir en el privilegio único concedido a María por el Señor el inicio de un nuevo orden, que es fruto de la amistad con Dios y que implica, en consecuencia, una enemistad profunda entre la serpiente y los hombres.

Como testimonio bíblico en favor de la Inmaculada Concepción de María, se suele citar también el capitulo 12 del Apocalipsis, en el que se habla de la «mujer vestida de sol» (Ap 12, 1). La exégesis actual concuerda en ver en esa mujer a la comunidad del pueblo de Dios, que da a luz con dolor al Mesías resucitado. Pero, además de la interpretación colectiva, el texto sugiere también una individual cuando afirma: «La mujer dio a luz un hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro» (Ap 12, 5). Así, haciendo referencia al parto, se admite cierta identificación de la mujer vestida de sol con María, la mujer que dio a luz al Mesías. La mujer­comunidad está descrita con los rasgos de la mujer­Madre de Jesús.

Caracterizada por su maternidad, la mujer «está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz» (Ap 12, 2). Esta observación remite a la Madre de Jesús al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25), donde participa, con el alma traspasada por la espada (cf. Lc 2, 35), en los dolores del parto de la comunidad de los discípulos. A pesar de sus sufrimientos, está vestida de sol, es decir, lleva el reflejo del esplendor divino, y aparece como signo grandioso de la relación esponsal de Dios con su pueblo.

Estas imágenes, aunque no indican directamente el privilegio de la Inmaculada Concepción, pueden interpretarse como expresión de la solicitud amorosa del Padre que llena a María con la gracia de Cristo y el esplendor del Espíritu.

Por ultimo, el Apocalipsis invita a reconocer mas particularmente la dimensión eclesial de la personalidad de María: la mujer vestida de sol representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la santísima Virgen, en virtud de una gracia singular.

4. A esas afirmaciones escriturísticas, en las que se basan la Tradición y el Magisterio para fundamentar la doctrina de la Inmaculada Concepción, parecerían oponerse los textos bíblicos que afirman la universalidad del pecado.

El Antiguo Testamento habla de un contagio del pecado que afecta a «todo nacido de mujer» (Sal 50, 7; Jb 14, 2). En el Nuevo Testamento, san Pablo declara que, como consecuencia de la culpa de Adán, «todos pecaron» y que «el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación» (Rm 5, 12. 18). Por consiguiente, como recuerda el Catecismo de la Iglesia católica, el pecado original «afecta a la naturaleza humana», que se encuentra así «en un estado caído». Por eso, el pecado se transmite «por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales» (n. 404). San Pablo admite una excepción de esa ley universal: Cristo, que «no conoció pecado» (2 Co 5, 21) y así pudo hacer que sobreabundara la gracia «donde abundo el pecado» (Rm 5, 20).

Estas afirmaciones no llevan necesariamente a concluir que María forma parte de la humanidad pecadora. El paralelismo que san Pablo establece entre Adán y Cristo se completa con el que establece entre Eva y María: el papel de la mujer, notable en el drama del pecado, lo es también en la redención de la humanidad.

San Ireneo presenta a María como la nueva Eva que, con su fe y su obediencia, contrapesa la incredulidad y la desobediencia de Eva. Ese papel en la economía de la salvación exige la ausencia de pecado. Era conveniente que, al igual que Cristo, nuevo Adán, también María, nueva Eva, no conociera el pecado y fuera así más apta para cooperar en la redención.

El pecado, que como torrente arrastra a la humanidad, se detiene ante el Redentor y su fiel colaboradora. Con una diferencia sustancial: Cristo es totalmente santo en virtud de la gracia que en su humanidad brota de la persona divina; y María es totalmente santa en virtud de la gracia recibida por los méritos del Salvador.

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Llena de Gracia, el nombre mas bello de María.
Benedicto XVI, 2006

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos hoy una de las fiestas de la bienaventurada Virgen más bellas y populares: la Inmaculada Concepción. María no sólo no cometió pecado alguno, sino que quedó preservada incluso de esa común herencia del género humano que es la culpa original, a causa de la misión a la que Dios la había destinado desde siempre: ser la Madre del Redentor.

Todo esto queda contenido en la verdad de fe de la Inmaculada Concepción. El fundamento bíblico de este dogma se encuentra en las palabras que el Ángel dirigió a la muchacha de Nazaret: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas 1, 28). «Llena de gracia», en el original griego «kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, «el amor encarnado de Dios» (encíclica «Deus caritas est», 12).

Podemos preguntarnos: ¿por qué entre todas las mujeres, Dios ha escogido precisamente a María de Nazaret? La respuesta se esconde en el misterio insondable de la divina voluntad. Sin embargo, hay un motivo que el Evangelio destaca: su humildad. Lo subraya Dante Alighieri en el último canto del «Paraíso»: «Virgen Madre, hija de tu hijo, humilde y alta más que otra criatura, término fijo del consejo eterno» (Paraíso XXXIII, 1-3). La Virgen misma en el «Magnificat», su cántico de alabanza, dice esto: «Engrandece mi alma al Señor… porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava» (Lucas 1, 46.48). Sí, Dios se sintió prendado por la humildad de María, que encontró gracia a sus ojos (Cf. Lucas 1, 30). Se convirtió, de este modo, en la Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundirla entre toda la familia humana.

Esta «bendición» es el mismo Jesucristo. Él es la fuente de la «gracia», de la que María quedó llena desde el primer instante de su existencia. Acogió con fe a Jesús y con amor lo entregó al mundo. Ésta es también nuestra vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a Cristo en nuestra vida y entregarlo al mundo «para que el mundo se salve por él» (Juan 3, 17).

Queridos hermanos y hermanas: la fiesta de la Inmaculada ilumina como un faro el período de Adviento, que es un tiempo de vigilante y confiada espera del Salvador. Mientras salimos al encuentro de Dios, que viene, miremos a María que «brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el pueblo de Dios en camino» («Lumen gentium», 68). Con esta conciencia os invito a uniros a mí cuando, en la tarde, renueve en la plaza de España el tradicional homenaje a esta dulce Madre por la gracia y de la gracia. A ella nos dirigimos ahora con la oración que recuerda el anuncio del ángel.

lunes, 7 de diciembre de 2009

María del Adviento


María, Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.

Amén.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Aporte para la prédica del 2º domingo de Adviento


La liturgia de este segundo domingo de adviento tiene un tono muy particular que está en relación con la liturgia del domingo pasado y anticipa, en cierta medida, lo que vamos a celebrar en el próximo domingo, la alegría de esperar al Señor que viene. Todo eso está dentro de la dinámica del Adviento, donde somos llamados a vivir la esperanza, la confianza y la conversión.
El domingo pasado nos planteaba la cuestión de que no vaya que el día del Señor nos agarre de sorpresa con el corazón lleno de preocupaciones... debemos estar preparados. Hoy la liturgia empieza volviendo a tocar el mismo tema ya con la oración colecta: "Dios todopoderoso y rico en misericordia, que nuestras ocupaciones cotidianas no nos impidan acudir presuroso al encuentro de tu Hijo..." . Por el otro lado la 1ª Lectura (Bar 5, 1-9) los pone en marcha para que no nos pase eso, diciendo: "Quítate tu ropa de duelo y de aflicción, Jerusalén, vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios..." Sería bueno que nosotros pasásemos a pensar con seriedad que Dios nos habla a nosotros hoy. Si cambiamos el nombre de Jerusalén por el nombre de cada uno es fácil darnos cuenta. Eso significa que no podemos estar aferrados al pasado, no podemos dejar que el duelo, el sufrimiento, la angustia, la desilusión invada y nos llene el corazón.
Quitarse la ropa del duelo es dejar para trás lo que es del pasado, porque Dios no se fija en este pasado, Dios se fija en el presente: ¿qué hago hoy yo? ¿Qué cosas hago o he dejado de hacerlas? El pasado, aunque haga parte de nuestra historia no puede estar en el presente determinando nuestro existir.
Y continúa la profecía de Baruc diciendo:"Levántate, Jerusalén, sube a lo alto y dirige tu mirada hacia el Oriente..." Aquí encontramos la Esperanza. Sólo cuando estamos a cielo abierto podemos ver el horizonte, podemos llenarnos de esperanza, podemos ver que hay caminos todavía por caminar. Cuando estamos a cielo abierto nos damos cuenta que no estamos solos porque no vivimos en una isla, sino que estamos acompañados de hermanos y más aún de la gracia de nuestro Dios.
Y dice más:"Porque Dios dispuso que sean aplanadas las altas montañas y las colinas seculares, y que se rellenen los valles hasta nivelar la tierra, para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios..." Percibamos que Dios allana, endereza el camino, cambia la naturaleza para su pueblo camine seguro. Dios nos prepara el camino para que tengamos protección. Es la acción de Dios. En este sentido podemos hablar de una dialéctica. Hay siempre una acción de Dios y una acción humana. Dios obra enderezando los caminos dándonos seguridad. Este es su accionar, su obrar, su hacer. Nuestra parte entonces es hacer lo mismo, con el mismo sentido: es enderezar el camino para que Dios pueda llegar. La dinámica, la dialéctica es en doble sentido. Dios endereza el camino para que pasemos nosotros, nosotros endrezamos el camino para que Dios llegue a nosotros. El segundo sentido es: Nosotros que vamos, Dios que viene.
Aquí entra el Evangelio de hoy con la prédica de Juan Bautista. Dios hizo su parte, aplanó el camino, hizo para nosotros una llanura para que pasemos seguros. Hoy Dios quiere que quitemos nuestra ropa del pecado, del duelo, del sufrimiento, de la tristeza y de la desilusión, vivamos con alegría porque estamos con la diadema de la gloria del Señor, preparemos el camino para el Señor que viene. Preparemos el corazón para que Dios pueda llegar a él.

P. Adelino DOS SANTOS, HSICM

Pensemos juntos



La segunda semana nos invita a PREPARAR EL CAMINO DEL SEÑOR.
Preguntémonos:
1. Esta segunda semana escuchamos con fuerza el grito de Juan el Bautista que nos invita a convertirnos y a preparar nuestro corazón. ¿A que tengo que convertirme?
2. ¿Cómo quiero preparar mi corazón? ¿Cómo he recorrido el camino de este año que termina? ¿Cuáles son los “valles” que se tienen que rellenar, las colinas que se tienen que aplanar, las quebradas que se tienen que convertir en llanuras? ¿Cuáles son mis terrenos escarpados y mis planicies?

¡Que lindo sería que en nuestras familias y comunidades se hiciera realidad esta profecía del Salmo 84!
El Amor y la Verdad se encontrarán
La Justicia y la Paz se abrazarán
La Verdad brotará de la tierra
Y la Justicia mirará desde el cielo.