Madre, una gracia te pido, 
que me sanes en cuerpo y alma.

sábado, 6 de febrero de 2010

Cosas de la fe


Transmitir la fe en una sociedad anticristiana (II)
Entrevista al presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa

ROMA, viernes, 14 julio 2006 (ZENIT.org).- La transmisión de la fe en una sociedad secularizada, la falta de sacerdotes, la importancia de los movimientos eclesiales, la atención a los problemas sociales y a los medios de comunicación son temas que aborda el presidente del episcopado portugués en esta entrevista, de la que publicamos la segunda parte.

A su paso por Roma, para participar en la Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana –el pasado mayo--, monseñor Jorge Ferreira da Costa Ortiga --arzobispo primado de Braga— conversó con Zenit.

--¿Cuáles son las prioridades actuales de la Conferencia Episcopal Portuguesa?

--Monseñor Ferreira da Costa Ortiga: Como he dicho, una y quizá la principal que me he propuesto es revisar la transmisión de la fe hoy, frente a este mundo secularizado y en ciertos aspectos anticristiano.

Hemos afrontado ya también los problemas de una sociedad pluri-cultural y la cuestión de la iniciación cristiana. Tenemos ahora frente a nosotros los espacios en los que esta transmisión de fe deberá ser realizada: las universidades, la familia, la escuela, la comunidad, los movimientos. La dimensión de la espiritualidad como oración --y no sólo--, y también otra que es fundamental, el área de la formación. La formación permanente como factor que incide en los sacerdotes, pero también en los laicos.

Si este es el programa que se ha trazado, hay otro que está surgiendo espontáneamente a partir de nuestras reuniones habituales del Consejo Permanente y que me parece que debe ser un programa delineado a partir de lo que la sociedad nos propone. Pienso que deberemos abrirnos mucho más a la sociedad, dejar de mirar sólo nuestras cosas, dejar de pensar sólo en términos internos de vida de la comunidad, tomar conciencia del hecho de que somos levadura del mundo. Entonces tendremos ante nosotros muchos problemas que no podemos posponer, como el aborto, la reproducción médicamente asistida o la realidad del trabajo.

La última semana social realizada por la Conferencia Episcopal, a la que quizá no se ha dado la importancia que en realidad tuvo, se dedicó justamente al tema del trabajo, es decir a una sociedad creadora y generadora de empleo. La Iglesia está interesada en crear esta mentalidad que exhorta a favorecer las condiciones necesarias para que todos tengan un trabajo, porque el trabajo es un derecho y naturalmente también un deber.

No podemos de ningún modo cerrarnos a los problemas sociales porque, en este momento, con la realidad del paro, emergen los problemas sociales: la miseria, el hambre, la pobreza y una pobreza escondida, los pobres que se avergüenzan, y luego la dificultad de encontrar el primer empleo. Toda esta realidad de marginación juvenil es un aspecto que no podemos olvidar.

Otro aspecto fundamental es la realidad de la migración: los portugueses siguen yéndose. Debemos acompañarles, pero la Iglesia también debe acoger, porque en este momento Portugal es también, en cierto sentido, un lugar buscado. Hay inmigrantes bien acogidos, integrados, y otros no.

--Cada vez más movimientos adquieren visibilidad dentro de la Iglesia. En su opinión, ¿cuál es el lugar y la importancia de los movimientos eclesiales en la Iglesia?

--Monseñor Ferreira da Costa Ortiga: Los movimientos eclesiales son esenciales para el desarrollo de la misión de la Iglesia. He tenido siempre esta mentalidad; creo seriamente en la presencia del Espíritu en estos movimientos. Y diría que esta opinión personal ha sido confirmada por el Congreso internacional de Lisboa, cuando en la carta que el Papa nos envió para la apertura, se hablaba justamente de parroquias y movimientos. Estoy convencido de que la parroquia, en el sentido exclusivamente territorial, va perdiendo mucho de su significado, y los movimientos, sobre todo en la realidad urbana, van adquiriendo un espacio nuevo.

Es importante que estos movimientos, como carismas, sean capaces de integrarse en una comunidad local, sin perder su originalidad. Carisma e institución son dos aspectos inseparables y que lograrán crecer y ser útiles si caminan al mismo paso. Hoy más que nunca creo en la importancia de los movimientos. Por otra parte, éstos no pueden cerrarse; deben integrarse y deben llegar a la institución, ya sea la parroquia o la diócesis.

--Los medios de comunicación forman parte de las sociedades actuales y de la vida de las personas. ¿De qué manera mira la Iglesia los medios de comunicación?

--Monseñor Ferreira da Costa Ortiga: Creo que hoy la Iglesia deberá retomar en modo diverso su misión: id y anunciad, proclamad desde los tejados. Frente a una realidad plural, no tenemos necesidad de privilegios. Lo único que necesitamos es ser lo que somos, ser Iglesia. Esto no significa que debemos cerrarnos; debemos anunciar.

Pienso que hoy es fundamental que la Iglesia se deje implicar con una postura de diálogo y anuncio. Dialogar con el mundo y anunciar en el mundo. Dialogar como quien acepta la diversidad pero al mismo tiempo anuncia. Anunciar dentro y fuera. Es aquí donde sitúo la importancia de los medios de comunicación. Realidades que nosotros conocemos y utilizamos, realidades que existen pero a las que no damos todavía la debida importancia. No puede ser extraño a la Iglesia si es un instrumento para anunciar a Jesucristo y su Buena Nueva.

Por esto la Conferencia Episcopal Portuguesa, en sus jornadas pastorales de este año, afrontó estos temas, en especial todo lo que está relacionado con la cuestión de Internet. No sólo la comunicación social en lo que es tradicional: la comunicación social escrita o televisiva, sino también los nuevos areópagos que hoy han invadido la sociedad moderna y sobre los cuales deberemos apuntar. Es signo de una preocupación, es signo de que también nosotros, los obispos, queremos aprender, no diría quizá a usarlos, pero ciertamente a estimular a nuestros cristianos a usarlos, y también para que a través de ellos la Buena Nueva llegue a todo el mundo.

viernes, 5 de febrero de 2010

Actos de Fe, Esperanza y Caridad


Actos de Fe, Esperanza y Caridad


Creo en Dios Padre; creo en Dios Hijo; creo en Dios Espíritu Santo; creo en la Santísima Trinidad; creo en mi Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

Espero en Dios Padre; espero en Dios Hijo; espero en Dios Espíritu Santo; espero en la Santísima Trinidad: espero en mi Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

Amo a Dios Padre; amo a Dios Hijo; amo a Dios Espíritu Santo; amo a la Santísima Trinidad, amo a mi Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero; amo a María Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra y amo a mi prójimo como a mi mismo

jueves, 4 de febrero de 2010

Oración a la Santísima Trinidad



1. Bendito seas, Padre, que en tu infinito amor nos has dado a tu Unigénito Hijo, hecho carne por obra del Espíritu Santo en el seno purísimo de la Virgen María, y nacido en Belén hace ahora dos mil años.

Él se ha hecho nuestro compañero de viaje y ha dado nuevo significado a la historia, que es un camino hecho juntos, en el trabajo y en el sufrimiento, en la fidelidad y en el amor, hacia aquellos cielos nuevos y hacia aquella tierra nueva, en la que Tú, vencida la muerte, serás todo en todos.

¡Alabanza y gloria a Ti, Trinidad Santísima, único y sumo Dios!

2. Haz, Padre, que por tu gracia el Año jubilar sea un tiempo de conversión profunda y de alegre retorno a Ti; concédenos que sea un tiempo de reconciliación entre los hombres y de redescubierta concordia entre las naciones; tiempo en el que las lanzas se truequen en hoces, y al fragor de las armas sucedan cantos de paz. Concédenos, Padre, vivir el Año jubilar dóciles a la voz del Espíritu, fieles en el seguimiento de Cristo, asiduos en la escucha de la Palabra y en la asiduidad a las fuentes de la gracia.

¡Alabanza y gloria a Ti, Trinidad Santísima, único y sumo Dios!

3. Sostén, Padre, con la fuerza del Espíritu, el empeño de la Iglesia en favor de la nueva evangelización y guía nuestros pasos por los caminos del mundo para anunciar a Cristo con la vida, orientando nuestra peregrinación terrena hacia la Ciudad de la luz. Haz, Padre, que brillen los discípulos de tu Hijo por su amor hacia los pobres y oprimidos; que sean solidarios con los necesitados, y generosos en las obras de misericordia, e indulgentes con los hermanos para obtener ellos mismos de Ti indulgencia y perdón.

¡Alabanza y gloria a Ti, Trinidad Santísima, único y sumo Dios!

4. Haz, Padre, que los discípulos de tu Hijo, purificada la memoria y reconocidas las propias culpas, sean una sola cosa, de suerte que el mundo crea. Otorga que se dilate el diálogo entre los seguidores de las grandes religiones, de suerte que todos los hombres descubran la alegría de ser tus hijos.

Haz que a la voz suplicante de María, Madre de las gentes, se unan las voces orantes de los apóstoles y de los mártires cristianos, de los justos de todo pueblo y de todo tiempo, para que el Año Santo sea para todos y para la Iglesia, motivo de renovada esperanza y de júbilo en el Espíritu.

¡Alabanza y gloria a Ti, Trinidad Santísima, único y sumo Dios!

5. ¡A Ti, Padre omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el Viviente, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu que santifica el universo, la alabanza, el honor, la gloria, hoy y en los siglos sin fin. Amén!


(De Juan Pablo II, para el Jubileo 2000)