Madre, una gracia te pido, 
que me sanes en cuerpo y alma.

martes, 9 de agosto de 2011

RESILIENCIA Y JUVENTUD: IMPLICANCIAS PARA EL CUIDADO PASTORAL

(Traducción del artículo “Resiliência e juventude: implicações para o cuidado pastoral” publicado en: HOCH, Lothar; ROCCA L., Susana M. (Org.). Sofrimento, resiliência e fé: implicações para as relações de cuidado. São Leopoldo, Sinodal/EST, 2007. p. 132-155)

Susana M. Rocca L.[1]

Introducción

El objetivo general de este artículo es reflexionar las implicancias, las contribuciones, las perspectivas y los desafíos que trae la resiliencia para el trabajo de la Pastoral Juvenil. Buscamos interrogarnos como, dentro de esa opción pastoral, el proceso de fe, la vivencia comunitaria, la asesoría y la espiritualidad, ofrecen alternativas para desarrollar las capacidades resilientes de los jóvenes, esto es, las capacidades de superación frente a situaciones personales y sociales adversas o traumáticas.
Por eso, intentaremos pensar la evangelización de la juventud bajo la óptica de la resiliencia, a fin de ofrecer una reflexión que pueda contribuir con los ambientes de formación y misión especialmente de la Pastoral Juvenil, tal como es entendida en la Iglesia Católica, en contexto latinoamericano, y sobre todo en Brasil.
“La juventud es uno de los grupos más vulnerables de la sociedad brasileña. Es especialmente alcanzada por las fragilidades del sistema educacional, por los cambios en el mundo del trabajo y, además, es la franja de edad más desprovista de apoyo de redes de protección social”.[2] Por eso, considerando el contexto de pobreza extrema y de exclusión social de una gran parte de nuestros países, entre otros tantos sufrimientos y adversidades que afectan de forma seria a la juventud, nos preguntamos: ¿en qué sentido la resiliencia está siendo o puede ser aún más promovida personal y comunitariamente por medio del trabajo de formación y evangelización de la Pastoral Juvenil? ¿Qué desafíos, cuestionamientos, implicaciones y contribuciones aportan los estudios de resiliencia a la Pastoral Juvenil? ¿Cómo empoderar al joven que sufre adversidades y otros males sociales que lo afectan personalmente, para que pueda enfrentar y trabajar para la superación de los problemas y desafíos de modo constructivo? La Pastoral Juvenil, tal como hoy está organizada, ¿estaría preocupada con esa cuestión?

Como afirma José Tavares, es desafío de las instituciones y organizaciones de formación, frente a las duras situaciones por las cuales pasan los jóvenes y los grupos sometidos a altos riesgos, alto nivel de desestructuración y estrés, promover actividades y experiencias que ayuden a enfrentar las duras situaciones del día a día[3].
Necesitamos detectar tanto los factores de protección que pueden ser ofrecidos en la comunidad eclesial, cuanto los recursos de personalidad y de fe de cada joven y grupo, para mejor contribuir en la superación de las adversidades. Por eso, analizaremos el protagonismo juvenil y algunas opciones pedagógico-teologales de la Pastoral Juvenil: el grupo, la formación integral, las diversas juventudes y la organización, a la luz de la definición y de las características principales del concepto de resiliencia. Estudiaremos el papel de la asesoría, preguntándonos en que sentido los asesores de Pastoral Juvenil podrían ser considerados promotores de resiliencia personal y comunitaria. Abordaremos los aspectos relativos a la dimensión de fe, al enfoque y a la vivencia de la espiritualidad en la juventud actual, el compromiso social, el sentido de la adversidad y el lugar del proyecto de vida, desde la perspectiva de la resiliencia.

1 Resiliencia y opciones pedagógico-teologales de la Pastoral Juvenil

Las opciones pedagógico-teologales asumidas por la Pastoral Juvenil Latinoamericana son cinco: el grupo, la formación integral, las diferentes juventudes, la organización y la asesoría. Describiremos algunos aspectos significativos de las cuatro primeras opciones mencionadas, y analizaremos en que sentido pueden favorecer la promoción de la resiliencia. Por considerar la asesoría un elemento especialmente significativo en esta discusión, será abordada en un capítulo separado.

1.1 Principio norteador: el protagonismo juvenil

Así como para el enfoque de resiliencia es fundamental propiciar el empoderamiento, esto es, la autonomía del sujeto, la Pastoral Juvenil Católica Latinoamericana tiene un principio norteador, el llamado protagonismo juvenil. Hilário Dick, especialista en Pastoral Juvenil, afirma que el joven necesita ser “sujeto de su historia”[4], es llamado a vivir la teología del Éxodo, “la teología de la salida de sí para abrirse a las relaciones, sin perder la identidad”[5]. Es necesario que el joven pueda crecer en su autonomía, en su independencia, aprendiendo “a ser libre, aún errando” [pues] “desea y necesita ser él mismo”[6].
El médico francés Pierre-André Michaud[7], dedicado al trabajo con adolescentes con enfermedades crónicas, cree en el valor del empoderamiento aún cuando el joven esté pasando por una situación de enfermedad grave, pues él es el “dueño” de su salud y de su enfermedad, no el médico. Los profesionales de la salud son instrumentos, ayudas, mediaciones para que la persona elija, asuma actitudes, posturas. El efecto de las enseñanzas, consejos, técnicas, y hasta de las terapias y de los remedios, varía cuando la persona les asume como propios. Es importante favorecer el protagonismo del joven, que él sea autor y activo delante de las diferentes situaciones personales y sociales. Que no asuma una postura de espectador, pasivo, “paciente” como se dice en la jerga médica y psicológica. En la misma línea, la CNBB aspira a que los jóvenes de la Pastoral Juvenil sean “reconocidos como sujetos y protagonistas, [y que] “contribuyan con la acción de toda la Iglesia, especialmente en la evangelización de los otros jóvenes”[8].
La propuesta de la Pastoral Juvenil pretende no formar jóvenes dependientes, indefensos, débiles. Eso no quiere decir marginalizar a aquellos que son menos fuertes, que tienen más dificultad de actuar y de superar las dificultades personales y las adversidades del ambiente colectivo. Por eso, es necesario cuidar para no caer en la exclusión de los menos osados, de los más débiles, de los menos resilientes.

1.2 El grupo: aceptación incondicional, identidad, autoestima, pertenencia, apoyo social

Esta noción lleva a pensar la importancia del papel del grupo de pastoral y de la organización, esto es, de la articulación y del trabajo conjunto en causas comunes, que opera también como red de apoyo social.
Pensar en Pastoral Juvenil es pensar en la creación de grupos. La vivencia grupal es una necesidad fundamental en la juventud. Bien llevado es un lugar de contención y protección, de descubrimiento de sí y de los otros, de hallazgo y asunción de la identidad y de la autoestima. El joven necesita sentir que es reconocido por los otros. Uno de los factores más importantes de protección para la superación de las dificultades es sentirse aceptado incondicionalmente por una o más personas. En el grupo, el joven forja su personalidad, conquista y define su identidad, descubre sus pares y compañeros. El grupo puede ser el lugar de contención, de compartir valores, sentimientos e ideales. El grupo puede ofrecer un espacio privilegiado de reconocimiento personal, de aceptación y de apoyo social.

Casi siempre la resiliencia está asociada a una buena autoestima, siendo la aceptación de sí una de las pocas condiciones casi indispensables para la resiliencia. A su vez, “la convivencia con el sentimiento de desvalorización personal parece ser un de los pocos eventos adversos que por sí solo tiene capacidad de afectar el potencial de superación de problemas”[9]. El filósofo y teólogo protestante Eric Fuchs[10]considerando la importancia de sentirse aceptado y reconocido por los otros, afirma que la resiliencia es una señal de la “importancia estructuradora de la confianza”, pues “la autoestima se basa en la estima que el prójimo le demuestre”[11]. En los grupos de la pastoral se crean esos vínculos de confianza. Estos grupos son espacios propicios donde “nacen y se desarrollan amistades, las personas aprenden a dialogar francamente, a resolver sus conflictos, a perdonarse mutuamente, a cuidarse fraternalmente y a mirar la vida con optimismo”[12].

Como observa la Conferencia Episcopal Latinoamericana - CELAM, los jóvenes se relacionan y “se comprometen mutuamente, se aceptan como son, se ayudan en la superación de los problemas y van creando un lenguaje, un conjunto de ‘reglas’ y objetivos comunes que les dan un sentido de pertenencia e identidad grupal”[13]. El grupo motiva ese sentimiento de pertenencia. Este sentimiento es considerado por Suárez Ojeda como uno de los pilares de la resiliencia comunitaria[14]. El joven, de a poco, va sintiendo orgullo de formar parte del grupo, contribuyendo también esto, a su autoestima. El CELAM afirma que los grupos:
[...] facilitan la creación de lazos profundos de fraternidad en los que cada uno es reconocido como persona y valorado como tal; permiten compartir criterios, valores, visiones y puntos de vista; comprender el sentido de las experiencias de la vida y elaborar la propia identidad generacional; [y] ayudan a enfrentar los desafíos de esa etapa de la vida[15].

Se constata que aquéllos que son más sociables y que logran establecer diferentes relaciones formales e informales de apoyo con otros, están en mejores condiciones para encontrar ayuda, pues, por su simpatía y comunicación natural, consiguen más fácilmente apoyo social. Pero la vivencia de grupo también puede ser de ayuda para los más retraídos y que necesitan de más tiempo y confianza para exponer sus puntos de vista y dificultades.
Otro factor de protección que contribuye en la promoción de la resiliencia es el aprendizaje de las diferencias y de los límites. El grupo que va madurando también promueve el control sano de los impulsos, de la aceptación de los errores, del perdón y de la tolerancia de las frustraciones, es decir, la introyección de normas de conducta tanto para una convivencia social normal como para posibilitar un crecimiento personal y grupal. Este aprendizaje debe ser promovido en la asunción de responsabilidades y en el establecimiento de expectativas suficientemente elevadas, claras y compatibles con el ciclo vital y las posibilidades de cada joven y grupo.

1.3 Humor

Los documentos estudiados sobre Pastoral Juvenil (CELAM y CNBB) no abordan específicamente el tema del sentido del humor, pero podría ser un punto a analizar.La animación, la expresión musical, artística, creativa, especialmente festiva y celebrativa, son parte de la vida de todo grupo de jóvenes de la Pastoral. Cabe preguntarse si el clima propicio para favorecer el humor en el grupo juvenil, no estaría siendo favorecido, de alguna manera, por la aceptación comprensiva de las limitaciones, así como por la visión positiva de la vida y por la vivencia de una espiritualidad alegre y festiva, por medio de la celebración de la vida, de los pasos, de las conquistas, de la amistad, de las fiestas litúrgicas, de la fe en la comunidad.

Dick alerta sobre los peligros de que la fiesta sea una “anti-fiesta”, cuando, por ejemplo, es una manifestación interesado de poder, de ostentación o de vacío u otras; cuando la fiesta no se hace con sentido de gratuidad[16]. El espíritu creativo y celebrativo también se transluce en el cuidado por la estética del lugar donde se da la reunión de grupo, el evento organizado o el rito, en la elección de la ambientación, de las músicas, de los símbolos y por la dedicación en la preparación.

1.4 La formación integral

La Pastoral Juvenil asume, con especial dedicación, la formación de los grupos y de las personas. Para favorecer procesos integrales la formación contempla cinco dimensiones: psico-afectiva, social y cultural, política, mística o teologal y técnica o metodológica. Esa opción pedagógico-teologal considera que “formar es generar en los jóvenes y en los grupos nuevas actitudes de vida y nuevas capacidad que les permitan ser, clarificar sus proyectos de vida, vivir en comunidad e intervenir eficazmente para la transformación de la realidad”[17].

El crecimiento formativo de los jóvenes se va dando mediante una metodología específica de análisis de la vida y de la sociedad. El método de la formación integral se expresa por medio del “ver”, “juzgar”, “actuar”, “revisar”, y “celebrar”[18] y fomenta la creación de la conciencia histórico-crítica, mediante el aprendizaje de una lectura funcionalista o dialéctica de la realidad.

Tal como es entendida por el CELAM, la pedagogía pastoral en el trabajo con la juventud necesita ser experiencial, transformadora y libertadora, comunitaria, coherente y testimonial, participativa, personalizante y personalizada, e integral[19]. A diferencia del joven de los años 1970 1980, sensible a las ideologías y a los ideales colectivos, el joven post-moderno es más sensible a las experiencias personales y de grupo. La Pastoral Juvenil tiene una propuesta integral y propone experiencia, reflexión y acción, dando “la posibilidad de realizar una acción reflexionada y de tener una reflexión comprometida”[20]. La formación del joven tal como es descripta por el CELAM puede coincidir con las observaciones que favorecen la promoción de la resiliencia. En el grupo de la pastoral:
[el joven] desarrolla un proceso de conocimiento de sí mismo, de sus aptitudes y cualidades y de sus sentimientos e intereses con relación a los demás. Es un proceso de autocrítica, de conversión y de superación de sus crisis y conflictos; un proceso de hallazgo de su dignidad personal, de crecimiento de su autoestima y de la apertura para sentirse amado y capaz de amar[21].
La Pastoral Latinoamericana ofrece una propuesta de vida basada en una espiritualidad liberadora que favorece el crecimiento y la maduración humana-espiritual, tanto intelectual como emocional, así como el desarrollo de los talentos y capacidades de los jóvenes. Promueve la autoestima y los vínculos. Por medio de los aspectos de la formación llamada personalización, se favorece un conocimiento de sí, atendiendo a la dimensión psico-afectiva, que incluye el autoconocimiento, la autocrítica, la autovalorización, y la auto-realización[22].

La formación incentiva el protagonismo juvenil y no incentiva ni el formalismo del cumplimiento de la ley por la ley en sí misma, ni una ascesis demasiado exigente que pueda mezclarse con inclinaciones masoquistas. Pero para que la formación fortaleza al joven para la superación de las adversidades, es necesario proponer ciertas normas, reglas y leyes. Para que ellas ayuden en el crecimiento, deberán tener cierta flexibilidad en determinadas circunstancias, y no ser rígidas al punto de ahogar los cuestionamientos, la visión crítica, la originalidad o la creatividad. El dogmatismo, el sectarismo, el fanatismo y el integrismo[23] son contrarios a la resiliencia, por eso, el joven necesita ser capaz de dejarse cuestionar, aprender escuchando otros puntos de vista, crecer en la capacidad de tolerancia y apertura al diferente, y al mismo tiempo saber mantener sus convicciones, certezas y posturas ante las personas, las situaciones y la vida.

Otro aspecto de la flexibilidad del grupo se nota en el clima de respeto y familiaridad, en la capacidad de demostrar seriedad y sonrisa, de exteriorizar el llanto delante de una situación conmovedora, en el clima de alegría por la convivencia, en la espontaneidad, y en una dedicada preparación de la reunión de grupo por parte de los responsables. El opuesto es una comunidad o un grupo que condena personas y no actitudes, que no recibe al pecador arrepentido, que no acoge al nuevo o al diferente, que es intransigente o no vive el espíritu de celebración, de alegría o, entonces, cuando no hay lugar para la fragilidad, el llanto, la discrepancia, o la originalidad. Un grupo que acepta todo sin poner límites y es connivente con situaciones negativas, acaba provocando inseguridad. Para Suárez Ojeda, la corrupción opera como un “antipilar de la resiliencia comunitaria”[24].

Para que los grupos de la Pastoral Juvenil promuevan la resiliencia de los jóvenes, necesitan fomentar una visión optimista, realista y con esperanza de las personas, de la iglesia y del mundo. El joven necesita soñar, tener utopías, ideales elevados y posibles, aun cuando no sea fácil alcanzarlos y necesite pensar y luchar para conseguirlos. Una visión optimista cree en los cambios, en la superación de las dificultades, cree en la posibilidad de construir una sociedad mejor, cree que es posible sobreponerse delante de los problemas y adversidades personales o colectivas, y alienta así a la juventud.

Una forma de fomentar una visión realista y con esperanza es promover el hallazgo de lo que es bueno, de los talentos y de las fortalezas, mirando no sólo lo que no funciona, sino también la mitad del vaso que está llena. El riesgo de algunos grupos hipercríticos es que acaban no valorando los progresos y quedan debilitados, con sentimientos de rabia o de impotencia, sin saber apoyarse en lo positivo para salir adelante. En síntesis, la perspectiva de interpretación de los hechos necesita ser crítica, realista y positiva, ni ingenua, ni hipercrítica negativa, sino abierta a la esperanza.

1.5 Las diversas juventudes de la Pastoral Juvenil de Brasil y su organización

La Pastoral Juvenil rescata la importancia de agrupar jóvenes que tienen desafíos específicos y comunes entre sí. Eso también ayuda a la resiliencia, pues una forma de promoverla es motivar a los jóvenes a formar grupo con otros que viven preocupaciones personales y sociales semejantes. Para superar las adversidades, es importante no aislarse, sino compartir las inquietudes y aprender a pedir ayuda[25]. El grupo de pastoral es un lugar de aprendizaje, de debate, de confrontación, de concientización y compromiso con el mundo, con otras personas o “causas”, sean éstas de evangelización, sociales, ciudadanas, políticas. En este caso se alcanza más de cerca un determinado grupo de jóvenes que asume un trabajo diferenciado, conforme las realidades que vive. Pueden ser, por ejemplo, grupos de las comunidades parroquiales en general, cuya identidad está en lo comunitario, bíblico y litúrgico; grupos de estudiantes; grupos de universitarios; grupos del ámbito rural; o jóvenes trabajadores de medio popular, que se reúnen a fin de discutir su propia realidad[26].

Ése respeto por las diferentes juventudes favorece aún más el compromiso del joven con su realidad. Como afirma Dick, en la juventud hay una marcada sensibilidad por la solidaridad, pues “todo cuanto es desigualdad, opresión, injusticia y exploración grita alto en la sensibilidad del joven. [...] Las causas comunitarias hacen eco en el corazón del joven”[27]. Por eso, así como la pastoral asume la reafirmación de los valores que propician la construcción de la civilización, también cuestiona y se organiza para luchar contra algunos anti-valores específicos, en especial, el individualismo, el consumismo, la absolutización del placer, la intolerancia, la injusticia, la discriminación y la marginación, la corrupción y la violencia[28].

El joven precisa de la vida grupal, pues ella opera como red de apoyo, permitiéndole pensar con otros su vida, la vida de la sociedad, la vida política. La necesidad de la organización surge como consecuencia de esa convivencia comunitaria en la búsqueda de respuestas a los desafíos personales y mundiales. La organización lleva al joven a ejercer el empoderamiento, “a asumir responsabilidades, planificaciones, pedagogías, relaciones; esto es, a él abrazar su identidad de protagonista”[29]. De esa manera, perfila más su identidad y su misión, pues opta por ser miembro de un grupo que se posiciona, se organiza y asume una postura activa en el mundo y no se conforma en ser simplemente uno más de la masa[30].

La organización de la Pastoral Juvenil tiene como punto de partida las bases. Cuida de trabajar en participación y comunión y crea estructuras de coordinación, de animación y de acompañamiento que posibiliten el intercambio de experiencias en los diferentes niveles de la Iglesia: grupos o comunidades, parroquias, áreas pastorales, vicariatos o decanatos; diócesis, región, país y hasta continente. La comunicación y el intercambio favorecen un proceso dinámico y una visión más amplia y articulada. Bajo el punto de vista de la resiliencia, si la estructura no se queda en la superficialidad o en la burocracia, ayuda a crear una red de apoyo social más abarcadora y segura delante de las situaciones adversas. Esta perspectiva de articulación y organización contribuye a no caer en el individualismo y en el aislamiento y favorece el respeto por las diferencias, creyendo en la riqueza de la complementariedad.

Para sintetizar, se puede concluir con una de las preocupaciones del CELAM delante de las varias adversidades que afectan la vida de la juventud y que viene al encuentro de la importancia de la promoción de la resiliencia:

Es cada vez más urgente una acción preventiva, que eduque y promueva, evitando que la gran mayoría de los jóvenes llegue a tales situaciones [negativas]. Se requiere también una acción en el nivel de la rehabilitación y una intervención directa en los grupos ya afectados, para desarrollarles su humanidad y su dignidad[31].

2 El papel de la asesoría en la promoción de la resiliencia

La importancia de la función del tutor de resiliencia, da pistas para analizar la figura del asesor o asesora. La Pastoral Juvenil apuesta mucho en este rol. Puede ser hombre o mujer, joven o de más edad, laico o consagrado, religioso o sacerdote, con experiencia en la animación de grupos de jóvenes y que se disponga a acompañar y orientar, asesorando la formación y el crecimiento del grupo y de los integrantes individualmente. El asesor es una figura necesaria para la juventud. Como afirma Dick, es una “presencia firme, cariñosa, y desafiante”,[32] [...] “una presencia significativa, [...] es alguien que oye”[33] y, finalmente, [...] “los jóvenes necesitan de presencias, y la ‘presencia’ es una conquista”[34]. Pero para eso no basta ser una persona que cumple una función por deber. La propuesta de la Pastoral Juvenil “exige agentes, no solamente capacitados intelectualmente, sino, sobretodo, capaces de comprender la vida y el lenguaje de los jóvenes, y disponibles a dedicar su tiempo a esta tarea”[35].

Pensando en el perfil de un asesor, las publicaciones de la Iglesia observan algunos criterios para la elección. No basta ser nombrado o indicado, o querer trabajar simplemente por buena voluntad, es preciso que sea un cristiano de convicción, pero también en la práctica, que haya recorrido un proceso dentro de la asesoría, y esté consubstanciado con el trabajo de la Pastoral Juvenil, comprometido, pensando y luchando por ella y por sus objetivos. Es preciso que el asesor “sea una presencia, [que] esté ahí en los altos y bajos, en los momentos más y menos decisivos”[36].

En la Pastoral Juvenil, la asesoría es un llamado a ejercer un ministerio eclesial “asumido como opción personal, como envío de Iglesia y como aceptación (búsqueda, reconocimiento) por parte de los jóvenes”[37]. Por eso, el asesor necesita tener una vida espiritual y ejercer su papel en una dimensión mística: como persona de fe vive la relación con Dios, con Jesús, con el Espíritu Santo en el servicio a la juventud.[38].

De allí que el asesor no puede ser indiferente. “Es una persona encarnada en la realidad social, con un profundo sentido de pertenencia a la realidad. Siente empatía con la realidad, especialmente con la del joven. Llora, ríe, sufre... Es un actor social. [...] se vuelve protagonista en la transformación del ambiente en el que vive”[39]. Hemos visto que para ser un verdadero tutor de resiliencia, el asesor acompaña a cada joven y al grupo y los acepta incondicionalmente. Pero esto no significa que deba admitir todo comportamiento o actitud, pues acoger el joven “no significa concordar con todo”[40]. Por eso, se afirma que el ministerio de la asesoría “exige capacidad de adaptación y discernimiento”[41].

El asesor necesita tener en cuenta algunas aptitudes y funciones a cultivar. En primer lugar el cuidado de su propia dimensión personal. También el cultivo de las redes sociales de apoyo: el acompañamiento personal al joven, al grupo, la vinculación e intercambio de experiencias con otros asesores, así como promover la inserción los jóvenes en el medio social y eclesial[42].
El acompañamiento personal de cada joven exige confianza y por eso también el asesor tiene una dimensión ética a cuidar. Se trata del sigilo y del respeto por el “foro interno”, por la privacidad de lo hablado cuando el joven le confía un problema personal o algo que pesa en su conciencia. Suponiendo que el asesor sea uno de los responsables miembro de la institución (universidad, casa religiosa, etc.), lo conversado en el espacio de la orientación personal, no será usado para evaluar o calificarlo en las disciplinas de estudio de la persona, ni contado a otras personas de la institución sin el propio consentimiento del joven.

3 Resiliencia: espiritualidad, compromiso cristiano y proyecto de vida

El primer cuestionamiento que surge al abordar el tema de la espiritualidad y de la religiosidad es si tiene sentido investigar fe y religión cuando, en la post-modernidad, el ser humano parece prescindir de Dios. El segundo cuestionamiento es la pregunta por el lugar de la fe y de la espiritualidad como pilar de resiliencia y, más precisamente, en la vida de los jóvenes.

3.1 Resiliencia, espiritualidad y juventud post-moderna

Conforme el censo de 2000, en Brasil hay 34 millones de jóvenes entre 15 y 29 años. En una pesquisa nacional, de los cinco valores que los jóvenes entre 15 y 24 años consideran más importantes para una sociedad ideal, el más mencionado es “el temor a Dios”[43]. Analizando el lugar que Dios tiene en la vida de la juventud, en otra pesquisa realizada en San Leopoldo-RS[44], el 91% de los jóvenes afirman que creen en Dios, siendo Dios muy importante para el 78,8%, y sólo para un 2,7% Dios no tiene importancia en su vida. La participación de los jóvenes en grupos de iglesia está en primer lugar, comparado con otros movimientos y organizaciones. La mayoría dice tener más religión que sus padres y madres.

La vivencia de la espiritualidad[45] no puede ser identificada necesariamente con las estructuras, doctrinas y prácticas religiosas formales. aún cuando, en general, la incongruencia provoque una sensación de desaliento, y la congruencia, una sensación de paz y entereza. En los tiempos post-modernos, fácilmente se encuentran personas que, mismo considerándose pertenecientes a una religión, no la practican o la practican formalmente sin encontrar un significado espiritual en dichas prácticas. Walsh afirma que “otros pueden negar la religión formal, aunque encuentren y expresen la espiritualidad en la vida cotidiana”[46], coincidiendo con las observaciones de Dick, al sostener que, para los jóvenes de San Leopoldo, “es claro que hablar de ‘Dios’ y de ‘religiosidad’ no es lo mismo que hablar de ‘religión’. Se acepta la religiosidad, pero se resiste al formalismo de la religión”[47].

La búsqueda espiritual de la juventud actual puede caracterizarse por “[...] la subjetividad, las nuevas expresiones de la vivencia del sagrado y la centralidad de las emociones”[48]. Se observa que los jóvenes prefieren no comprometerse con la iglesia. “se trata de una espiritualidad centrada en la persona y no en la institución y, por eso, buscan algo que satisfaga sus necesidades”[49]. Un buen número de jóvenes se inclina actualmente a participar en grupos vinculados a la Renovación Carismática y otros movimientos de Iglesia que también tienen una fuerte dimensión trascendente, subjetiva y emocional.

Algunos de ellos son criticados por la poca importancia que dan a la crítica social y al compromiso político. En contrapartida algunos grupos de la Pastoral Juvenil, por reacción a esto, por negligencia, o por falta de valorización, corren el riesgo de descuidar la dimensión espiritual, simbólica, litúrgica y de fe, pero se preocupan y comprometen críticamente en una postura social y política delante de lo que no corresponde a la dignidad de todo ser humano.

Sea cual sea el tipo de grupo de pastoral, la fe necesita tocar el corazón y tener trazos humanos. Podemos observar en la juventud algunas características propias de la modernidad que acentúan la razón, y otras de la post-modernidad, que dan más importancia a las emociones[50]. Como afirman los Obispos brasileños, la fe “ha de ser presentada a los jóvenes como un encuentro amoroso con Dios, que toma facciones humanas en la persona de Jesucristo”[51].

Estudios realizados con adolescentes muestran la vinculación entre espiritualidad y salud física y psicológica. Los más resilientes afirman que confían en Dios, que se relacionan personalmente con Él y que la vivencia de la fe es, para varios, fuerza de sostén que les ayuda a superar las pérdidas y los desafíos[52]. Otros estudios con jóvenes urbanos sugieren también la importancia del apoyo de la iglesia y de la fe para favorecer la resiliencia (Cook, 2000; Sameroff, 1993) gracias a la vivencia comunitaria, a la adquisición de conocimientos y a las habilidades emocionales, así como a la orientación y el auxilio para expresar más la identidad y para asumir comportamientos positivos[53].

Los autores que consideran la contribución de las creencias religiosas afirman que los factores promotores de resiliencia deben ser fomentados desde niño. Resaltan la importancia de la transmisión de la fe así como de la educación y de la ciudadanía. Es preciso, sin embargo, tener una mirada cautelosa y analizar los frutos de libertad interior, responsabilidad y flexibilidad, pues, como destaca Vanistendael, la fe religiosa “puede reforzar las personas en la miseria si ella se vuelve un sistema rígido que se repliega sobre sí misma, justificándose a través de Dios”[54].

Reflexionando sobre intervenciones prácticas, con relación a la contribución que un grupo de jóvenes y la comunidad eclesial ofrecen a los integrantes que están pasando por situaciones traumáticas, puede pensarse tanto a nivel colectivo como individual, atendiendo a las demandas de la familia como específicamente a los miembros por edades, considerando siempre lo que sería más pertinente para cada integrante conforme su propio proceso, edad e inclinación. El grupo de la Pastoral Juvenil puede ser de gran soporte para el joven que sufre. Para fomentar la resiliencia también podría ser pertinente hacer una lectura de la Palabra y oraciones en familia, así como motivar conversaciones con relación al momento difícil por la cual están pasando. El proceso puede acompañarse también con la participación en los ritos religiosos o en otras celebraciones de la comunidad; participación en meditaciones; indicación de lecturas pertinentes y especialmente una escucha al joven y un apoyo personalizado mediante el acompañamiento de los asesores de la Pastoral.

Para poder evaluar hasta que punto una religiosidad o un grupo de Pastoral ayuda, o no, a la resiliencia, debía analizarse el conjunto de las vivencias y comportamientos, observando los elementos promotores así como los que eventualmente atentan contra la vida, la dignidad o la ética. Se observan, también, en algunos grupos de jóvenes católicos, inclinaciones sectarias. Por ejemplo, se separan, critican duramente a aquellos que piensan diferente, o se valen de metodologías contrarias a la libertad y responsabilidad para imponer sus principios y hasta alienan las personas en un conformismo y sometimiento delante de las adversidades personales o sociales (injusticia, pobreza, violencia, etc.) que les impiden progresar humanamente. En tales casos, no hablaríamos de resiliencia, pues el proceso no estaría creciendo en favor de la vida.

3. 2 Resiliencia y compromiso social

Analizando la resiliencia en el contexto latinoamericano, no se puede pensar solamente en las adversidades que alcanzan intensamente personas puntuales en determinado momento de la vida. Existe un factor de riesgo que se agrava cada día: la situación de pobreza, desigualdad social, desempleo y exclusión social. Visto que afecta a un número creciente de personas, en especial a la juventud, esa situación de injusticia violenta y diaria desafía a todos los ciudadanos a buscar nuevas estrategias y programas, así como nuevas formas de organizar los sistemas sociales, educativos, de salud y también la dinámica de las instituciones religiosas para superar esa situación injusta e inhumana.

El enfoque de la resiliencia no pretende simplemente, ayudar en la recuperación de las personas ya afectadas por las situaciones de riesgo y problemáticas sociales; también puede llevar a luchar por la erradicación de las causas y planear estrategias y acciones que contribuyan en el cambio de estructuras sanas y justas y en la promoción de la resiliencia.

La vivencia de la espiritualidad no podría quedar desconectada de las luchas por los derechos humanos y de la defensa de las causas sociales. Por el contrario, la religiosidad tiene que ser defensora de la dignidad de todos los seres humanos y de la vida. Como afirma Melillo: “En este marco de dolor social exacerbado, la promoción de la resiliencia se torna una necesidad y un deber”[55].
Se sabe igualmente, que en situaciones extremas como guerras, dictaduras, campos de concentración, etc., los damnificados no tienen casi posibilidad de representar o simbolizar mentalmente lo que está pasando, pues el marco social lleva a la alienación. Las víctimas pueden, sin embargo, atenuar los efectos negativos del mal con relación a una nueva intersubjetividad mediante el apoyo de otra persona y lograr “retejer su lazo social”. El camino de la “militancia” por una causa (por ejemplo, dentro de un movimiento social), puede ayudar a “manejar el trauma sufrido y aguantarlo”. Bastaría que existiese un punto de apoyo para que “la construcción del proceso resiliente pueda realizarse”[56]. De ese modo, se puede promover la resiliencia, fomentando el compromiso con “nuevas ‘causas’ que pueden ayudar a dar un nuevo sentido a la vida, construyendo una visión a largo plazo con esperanza en el porvenir”[57].

En fin, las causas sociales así como las filosofías de vida y las creencias religiosas que unen las personas y los jóvenes en una lucha común, pueden constituir un soporte y un auxilio para descubrir un sentido mayor, así como añadir las capacidades para resistir las adversidades y superar el sufrimiento. Sin embargo, la sensibilidad y el compromiso social varían según los lugares. “Los estudios transculturales de Suh y Diener (1998) sugieren que, mientras las culturas individualistas buscan la realización personal, parece que, en las más colectivistas, el individuo valora menos su bienestar psicológico subjetivo y más el funcionamiento armónico de la familia, del clan o de la sociedad”[58].
No es raro oír la crítica de que quien ayuda personas necesitadas no está asumiendo su propia problemática, sino que se defiende psicológicamente por medio del mecanismo de reparación. Sin negar que podría ser verdadero en algunos casos, muchas veces, el hecho de encontrar sentido en el auxilio a otros, puede contribuir positivamente en el propio proceso personal de superación de dificultades. Ambas pueden ser compatibles. Se constata cuántos movimientos sociales o eclesiales, organizaciones filantrópicas o congregaciones religiosas surgieron a causa de una experiencia traumática en la vida de los iniciadores o fundadores y fundadores. La organización por ellos iniciada surge como expresión de solidaridad con otras personas que pasan por el mismo tipo de dificultad.

Para quienes trabajan con jóvenes en la espiritualidad católica, un claro ejemplo es Juan Bosco, un huérfano con dos años, fundador de la Obra Salesiana, basada en el lema: "ser signos de la paternidad de Dios a los jóvenes, especialmente los más pobres y abandonados".El servicio generoso y desinteresado a los demás no es sólo "una consecuencia, sino también una fuente de resistencia" [59] También puede escucharse que al trabajar en la promoción de la resistencia, los profesionales y los trabajadores se vuelven más resistentes [60]

3. 3 El sentido de la adversidad, resiliencia y proyecto de vida

En investigaciones con adolescentes brasileños de periferia, Assis constató que los más resilientes consiguen encontrar un significado frente a las adversidades, ayudados por el apoyo, el incentivo y el cariño de familiares y amigos. Así también los menos resilientes tienen mayores dificultades para “elaborar y atribuir sentido más productivo a las adversidades”[61].
En un contexto de pobreza, desempleo, violencia, corrupción y presiones, se encuentran jóvenes que logran vencer dificultades con aparente éxito, pero al precio de transar con situaciones prejudiciales para otros (por ejemplo, corrupción, tráfico). Por eso, vale reiterar que “la ética es activa en el corazón de la resiliencia”[62] y que deben ser pensadas formas de superación que respeten el próximo y el bien común.

Cabe, por eso, la pregunta por los aspectos conscientes y por la influencia de las decisiones, elecciones y actos realizados después de los acontecimientos traumáticos así como frente a las posibilidades de elección en el desarrollo de las actitudes resilientes en la vida diaria. Aún si las personas están condicionadas por los límites de la genética y de la biología, algunos autores como Bouvier[63] afirman que hay un alto grado de libertad y creatividad, pues la resiliencia va más allá del determinismo. “Los nuevos estudios sugieren que hasta el niño tiene un papel activo (y probablemente voluntario) en su desarrollo y en la construcción de la resiliencia”[64].
El sentido que cada joven da su vida tiene que ver con deseos, ideales y valores que él programa realizar a lo largo de la vida y que motivan la elección de un proyecto de vida. Es claro observar como el contacto con situaciones dolorosas moviliza las búsquedas, los objetivos, los ideales, los planes y el sentido de la vida y de las cosas. Y son momentos especiales de resignificación del proyecto de vida, a veces hasta de nuevos rumbos y orientaciones. Un importante desafío para quien trabaja en la Pastoral Juvenil será, entonces, ver como ayudar a los jóvenes a encontrar un sentido de vida, como descubrir nuevos significados especialmente delante de las dificultades personales y colectivas, como afrentar los sufrimientos y adversidades con espíritu cristiano, luchando positivamente en la búsqueda de salidas y respuestas, en una perspectiva realista y esperanzadora de superación.

Un instrumento-llave de la propuesta de la Pastoral Juvenil es la elaboración de un proyecto de vida. Según Dick, también ayuda a enfrentar las situaciones dolorosas[65]. Cada joven es invitado a pensar, rezar y escribir su proyecto, que lo ayudará a hacer un balance de la vida y especialmente a elaborar planes para el porvenir. Como afirma Suárez Ojeda, una de las formas de promover la resiliencia en la juventud es la elaboración del proyecto de vida[66].
El proyecto consta de varios pasos que deben ser analizados por escrito y que ayudan al joven a elegir y decidir como encarar su propio proyecto durante ese año. A lo largo de los meses, el proyecto de vida se va ajustando, recapacitando, rehaciendo, reorientando tanto con base en experiencias negativas cuanto positivas de vida. Las nuevas situaciones y desafíos son contemplados en la evaluación, así como los reajustes, mejoras o nuevas orientaciones y significados. Además, es importante que el proyecto de vida pueda ser evaluado y ajustado tanto cuanto necesario.

Conclusión

Como afirma José Tavares, es desafío de las instituciones y organizaciones de formación, delante de las duras situaciones por las cuales pasan los jóvenes, los grupos sometidos a altos riesgos, a un alto nivel de desestructuración y de estrés, promover actividades y experiencias que ayuden a enfrentar las duras situaciones del día a día[67]. Habiendo analizado las opciones pedagógico-teologales fundamentales de la Pastoral Juvenil Latinoamericana Católica, especialmente en Brasil, pueden observarse varios aspectos propuestos que coinciden en lo que los investigadores sugieren para la promoción de la resiliencia. En primer lugar, la opción por la creación de grupos, así como la dinámica de comunión y participación, favorecen uno de los pilares de la resiliencia: la red de apoyo social. En según lugar, pueden destacarse características que el grupo de pastoral intenta favorecer y que corresponden a los factores promotores de resiliencia: el conocimiento de sí mismo, motivando la autoestima, la construcción de la propia identidad, junto a la responsabilidad personal y el compromiso social y político, y el sentimiento de pertenencia.

Otro elemento significativo es el protagonismo. Tanto para la superación de las adversidades como para el propio crecimiento como persona y como ciudadano comprometido, la Pastoral Juvenil fomenta el papel activo del joven, lo incentiva a ser actor social y a desarrollar su autonomía. Por medio de la metodología de ver, juzgar, actuar, revisar y celebrar, el joven cristiano es motivado a desarrollar sus capacidades intelectuales, aprendiendo a hacer análisis de coyuntura, siendo crítico con la realidad y comprometiéndose en el desarrollo de los valores así como en la lucha contra los antivalores.

Tanto laPastoral Juvenil cuanto la óptica de la resiliencia, proponen un camino en proceso, con metas claras, elevadas y posibles, conforme las personas, los grupos y las circunstancias. Se destaca la importancia de la figura del asesor, pues, del punto de vista pedagógico-teologal, los asesores son imprescindibles en el acompañamiento de la juventud, tanto por la necesidad de los jóvenes de recibir formación, cuanto por el hecho de ser una presencia especial en el proceso de educación en la fe. Puede ser naturalmente un tutor de resiliencia, una compañía que acoge incondicionalmente al joven y lo acepta como él es y al mismo tiempo es capaz de no concordar cuando él se equivoca en el camino. Un desafío que preocupa, sin embargo, es que no siempre los asesores asumen su función por opción y vocación. Hoy, en varios lugares, hay falta de asesores y asesoras; otras veces la asesoría no es encarada como una misión, debilitando el trabajo de la Pastoral Juvenil.

Conforme las investigaciones, la espiritualidad aún es una preocupación de la juventud, pues para la mayoría de ellos, Dios es importante en sus vidas. Esa observación lleva a cuidar para que, en los grupos de la Pastoral Juvenil, no se deje de lado la mística, la vida espiritual, la dimensión simbólica, litúrgica y celebrativa de la fe. Los estudios muestran que, delante de la adversidad tanto personal cuanto social, la fe en Dios es fuente de cura, de salud y de fortaleza para los jóvenes.

Finalmente concluimos que tanto para la Pastoral Juvenil como para los investigadores de resiliencia, la construcción que cada joven hace de su propio proyecto de vida es un instrumento favorable para el fortalecimiento y la superación de las adversidades. Por todo esto, puede inferirse que el paradigma de la resiliencia trae cuestionamientos, perspectivas y contribuciones propicias e interesantes para repensar bajo esa nueva óptica el trabajo con los jóvenes y más precisamente en la Pastoral Juvenil.

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[1] Doctoranda en Teología Práctica y Especialista en Acompañamiento y Psicología Pastoral en las Facultades EST-São Leopoldo-RS/Brasil; graduada en Psicología en la Universidad Católica del Uruguay. Tiene experiencia en trabajo pastoral desde hace más de 27 años en Uruguay, Argentina y Brasil. CV: http://lattes.cnpq.br/0052757451730453
[2] CONFERENCIA NACIONAL DOS BISPOS DO BRASIL – CNBB. 44ª Assembléia Geral. Evangelização da juventude. Desafios e perspectivas pastorais. São Paulo: Paulus, 2006. p. 16.
[3] TAVARES, José. A resiliência na sociedade emergente. In. TAVARES, José (org.). Resiliência e educação. 2. ed. São Paulo: Cortez, 2001. p. 43.
[4] DICK, Hilário. O divino no jovem. Elementos teologais para a evangelização da cultura juvenil. Porto Alegre: Instituto de Pastoral da Juventude / Rede Brasileira de Centros e Institutos de Juventude 2006 b, p. 32.
[5] DICK, 2006 b, p. 34.
[6] DICK, 2006 b, p. 32.
[7] MICHAUD, Pierre-André. El adolescente y el médico: para una clínica de la resiliencia. In: MANCIAUX, 2003, p. 82.
[8] CNBB, 2006, p. 8.
[9] ASSIS, 2006, p. 49.
[10] FUCHS, Erich é catedrático emérito da Faculdade de Teologia Protestante da Universidade de Genebra, Suíça.
[11] FUCHS. In: MANCIAUX, 2003, p. 286.
[12] CELAM, Civilização do amor: tarefa e esperança. Orientações para a Pastoral da Juventude Latinoamericana. São Paulo: Paulinas 1997, p. 195.
[13] CELAM, 1997, p. 195.
[14] SUÁREZ OJEDA, 2006. Conferencia dictada en el Instituto Humanitas Unisinos (São Leopoldo - RS), 18-10-06, no publicada.
[15] CELAM, 1997, p. 194.
[16] DICK, 2006 b, p. 48.
[17] CELAM, 1997, p. 201.
[18] CELAM, 1997, p. 296-311.
[19] CELAM, 1997, p. 188-92.
[20] CELAM, 1997, p. 202.
[21] CELAM, 1997, p. 204.
[22] TEIXEIRA, Carmen Lúcia (org.). Passos na travessia da fé. Metodologia e mística na formação integral da Juventude. Goiânia, CAJU, 2000, p. 26.
[23] TOMKIEWICZ, Stanislaw. El buen uso de la resiliencia: cuando la resiliencia sustituye a la fatalidad. In: MANCIAUX, 2003, p. 299.
[24] SUÁREZ OJEDA, Elbio Nestor. Conferência proferida no V Simpósio de Aconselhamento e Psicologia Pastoral, na EST, 19-10-06.
[25] MELILLO. In: MELILLO et al., 2004, p. 75.
[26] DICK, Hilário. Cartas a Neotéfilo. Conversas sobre assessoria para grupos de jovens. São Paulo: Loyola, 2005 b, p. 50-3.
[27] DICK, 2006 b, p. 75.
[28] CELAM, 1997, p. 162-167.
[29] DICK, 2006 b, p. 55.
[30] DICK, 2006 b, p. 56.
[31] CELAM, 1997, p. 245.
[32] DICK, 2005 b, p. 24.
[33] DICK, 2005 b, p. 35.
[34] DICK, 2005 b, p. 37.
[35] Congreso Latinoamericano de jóvenes, Punta de Talca, 1998. Desafio, n. 19, apud Dick, 2005 b, p. 10.
[36] DICK, 2005 b, p. 18.
[37] DICK, 2005 b, p. 22.
[38] DICK, 2005 b, p. 23.
[39] DICK, 2005 b, p. 25.
[40] DICK, 2005 b, p. 39.
[41] DICK, 2005 b, p. 47.
[42] DICK, 2005 b, p. 48.
[43] ABRAMO, Helena; BRANCO, Pedro (Org.). Retratos de Juventude Brasileira. Análises de uma pesquisa nacional. São Paulo: Fundação Perseu Abramo e Instituto da Cidadania, 2005.
[44] DICK, Hilário (coord.). Discursos à Beira do Rio dos Sinos. A emergência de novos valores na juventude: o caso de São Leopoldo. Cadernos IHU, São Leopoldo, ano 4, n. 18, p. 37-8, 2006 a.
[45] Neste estudo, não se considerarão as diferenças conceituais entre religião, religiosidade, fé religiosa e espiritualidade. Esses termos serão usados em sentido amplo, querendo fazer referência às crenças e vivências em algum ser superior, em uma força divina que influenciam na maneira de encarar a vida e os acontecimentos, identificados ou não com o credo e as práticas de uma ou mais religiões institucionalizadas.
[46] WALSH, Froma. Fortalecendo a resiliência familiar. São Paulo: Roca, 2005, p. 67.
[47] DICK, Hilário (coord.). Cadernos IHU. Discursos à Beira do Rio dos Sinos. A emergência de novos valores na juventude: o caso de São Leopoldo. Cadernos IHU, São Leopoldo, ano 4, n. 18, p. 37-8, 2006 a.
[48] CNBB, 2006, p. 12.
[49] CNBB, 2006, p. 14.
[50] CNBB, 2006, p. 15.
[51] CNBB, 2006, p. 7.
[52] ASSIS, 2006, p. 105.
[53] ASSIS, 2006, p. 106.
[54] VANISTENDAEL, 2005, p. 12.
[55] MELILLO. In: MELILLO et al., 2004, p. 64.
[56] MELILLO. In: MELILLO et al., 2004, p. 70.
[57] MELILLO. In: MELILLO et al., 2004, p. 75.
[58] ASSIS, 2006, p. 89.
[59] VANISTENDAEL, Stefan; LECOMTE, Jacques. Resiliencia y sentido de vida. In: MELILLO et al., 2004, p. 99.
[60] GRUNSPUM, 2005, dedicatória.
[61] ASSIS, 2006, p. 58-59.
[62] VANISTENDAEL, 2005, p.11.
[63] BOUVIER, Paul. Es pediatra y director del Service de santé de la jeunesse et Institut de médicine sociale et préventive, en Ginebra.
[64] BOUVIER, Paul. Temperamento, riesgo y resiliencia en el niño. In: MANCIAUX, 2003, p. 72-73.
[65] DICK, 2005 b, p. 65.
[66] SUÁREZ OJEDA, Elbio Nestor. Conferencia no publicada, dada en la Unisinos, São Leopoldo, 19-10-06.
[67] TAVARES, José. A resiliência na sociedade emergente. In. TAVARES, José (Org.) Resiliência e educação. 2. ed. São Paulo: Cortez, 2001, p. 43.