Madre, una gracia te pido, 
que me sanes en cuerpo y alma.

sábado, 27 de febrero de 2010

Aporte para la liturgia 2 Domingo de Cuaresma


Reflexión de Padre Adelino


La liturgia de este domingo nos va a revelar la gloria de Jesús, es decir, lo que Juan nos dice en su Evangelio, en el prólogo, "antes era la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios..." ¿Por qué empezamos con la cita de San Juan que parece no tener nada que ver con la liturgia de hoy? Porque revelar la gloria de Jesús es decir que Él tiene su lugar en la gloria del Padre, o sea, en el cielo. Jesús no está revestido de gloria, sino es revestido de gloria. Entendamos ese "es", no es en el sentido de que Dios lo revestió en el momento de la transfiguración, sino que la gloria ya le pertenence mucho antes de este momento. Por eso San Pablo en la carta a los Filipenses dice: "Él que tenía la condición divina..." La transfiguración sirve apenas para que los tres discípulos puedan ver "lo que muchos querrían ver y no vieron, querrían oír y no oyeron". La transfiguración es para que ellos puedan creer en el Hijo del Hombre y creyendo puedan seguirlo, acompañarlo hasta la cruz, lugar donde esta gloria gana sentido.

Lucas presenta, una vez más, a Jesús como modelo del hombre orante. Recordemos que en el domingo pasado Jesús vence las tentaciones con el poder de la oración. Hoy esta oración lo lleva a vivir de modo anticipado la gloria. En otras palabras, vivir en oración es vivir en la gloria del Señor, aunque seamos tentados.

Por otro lado, la liturgia de hoy nos llama a pensar en la liturgia del Bautismo del Señor, donde Dios revela su Hijo al mundo: "Este es mi Hijo querido, en él está mi bien querer". Hoy Dios completando su pensamiento revelador, dice: "Este es mi Hijo amado, escúchenlo". Si queremos encontrarnos con Dios, debemos seguir a su Hijo; si queremos entrar en la gloria del Padre debemos escuchar la voz de su Hijo Jesús. Aunque Jesús alaba la actitud de María que deja las preocupaciones para escucharlo, al contrario de Marta, esa misma voz nos llama hoy a salir al encuentro de los más necesitados, los empobrecidos, los excluidos, los marginados de la sociedad. "Amense los unos a los otros..." "Es por el amor que ustedes tangan los unos con los otros que ellos sabrán que ustedes son mis discípulos...", nos dice Jesús.

Pensemos que es bueno estar en la iglesia, en el grupo de oración y podríamos decir como Pedro: "Que bien estamos aquí, Señor". Podríamos pensar como Pedro en construir carpas para estar contemplándolo eternamente, pero Jesús no les dice que sí, no confirma que construyan las carpas, sino que a Pedro y a nosotros hoy nos revela la misión. Contemplar a Jesús transfigurado (en la gloria) y no contemplar al hermano que, negativamente se encuentra transfigurado hoy, sin rostro, sin sentido, sin vida, sin trabajo, sin familia, sin hogar, no sirve.

Otra cosa que el Evangelio nos revela es la misión de dolor de Jesús. Se le aparecen Moisés y Eliás. Conversan con Jesús sobre el desierto que él enfrentará, el éxodo como camino a Jesrusalén. Y Dios está con él también en la nube.

Dios no revela a los discípulos sólo la victoria de Cristo, sino también nuestro destino final. El destino que nos espera si somos perseverantes, si oramos, si permanecemos unidos al Padre y caminamos con Jesús, en su pasión. En este sentido San pablo nos dice que "nuestra patria está en el cielo" (2 lect).

Pidamos a María, nuestra Madre, que nos acompañe de la mano para que seamos perseverantes en la oración y fieles seguidores de Cristo. Que no abandonemos el camino de la cruz en los momentos de dolor, de tristeza, de angustia y sufrimientos. Que el Espíritu Santo nos fortalezca para que lleguemos con el Señor a la gloria.

DINÁMICA PARA LA CUARRESMA - SEGUNDA SEMANA


SEGUNDA SEMANA - CARGA CON TU CRUZ.

MOTIVACIÓN:
Si vivimos la Cuaresma, si cambiamos nuestras actitudes negativas en positivas, de encuentro con Dios y con los hermanos, estamos preparando la Pascua. ésta es la cruz que podemos asumir cada día: esforzarnos en cambiar todo aquello que nos impide ser felices, que nos aleja de Dios.

PALABRA DE DIOS (Lc 9, 22-25)
Dijo Jesús: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día”.
Y dirigiéndose a todos dijo: “El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?”

REFLEXION EN SILENCIO.
Jesús es nuestro modelo. El ha sido capaz de perder su vida para ganarla. El camino de la cruz es el único que nos lleva por el sendero que nos libra del mal, y nos lleva a la vida. Jesús nos invita a seguir sus pasos cargando con nuestra cruz de cada día para llegar a su Reino.,
¿Qué significa para ti, hoy, cargar con tu cruz? Acepta ese dolor que Dios te envía, las limitaciones que tienes, lo que más te cuesta aceptar de tu persona y preséntaselo al Señor diciéndole que estás dispuesto a llevar esa pequeña cruz. Si te parece demasiado pesada piensa en la gente que lleva cruces mucho más pesada que la tuya.

ORACIÓN: TU VAS DELANTE.
Señor, sí quiero.
Quiero abandonar la rutina y ponerme en camino hacia Ti.
Tú, Señor, nos has dicho que te escuchemos;
porque tú eres el camino, el centro de nuestros destinos,
el Maestro, el Salvador.
Tú eres el que delante de nosotros,
vas dejando tus huellas
para que te sigamos y te encontremos.
Gracias, Señor, porque sabemos por donde ir.
Gracias, Señor, porque no estamos solos.
Tú nos acompañas; es más, vas delante de nosotros.
Gracias, Señor,
porque nos das a conocer la meta: tu vida.

viernes, 26 de febrero de 2010

Catecismo - LA MISERICORDIA Y EL PECADO


Artículo 08: EL PECADO


I LA MISERICORDIA Y EL PECADO

1846 El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores (cf Lc 15). El ángel anuncia a José: "Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1,21). Y en la institución de la Eucaristía, sacramento de la redención, Jesús dice: "Esta es mi sangre de la alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados" (Mt 26,28).

1847 "Dios nos ha creado sin nosotros, pero no ha querido salvarnos sin nosotros" (S. Agustín, serm. 169,11,13). La acogida de su misericordia exige de nosotros la confesión de nuestras faltas. "Si decimos: `no tenemos pecado', nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia" (1 Jn 1,8-9).

1848 Como afirma S. Pablo, "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,20). Pero para hacer su obra, la gracia debe descubrir el pecado para convertir nuestro corazón y conferirnos "la justicia para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor" (Rm 5,20-21). Como un médico que descubre la herida antes de curarla, Dios, mediante su palabra y su espíritu, proyecta una luz viva sobre el pecado:

La conversión exige la convicción del pecado, y éste, siendo una verificación de la acción del Espíritu de la verdad en la intimidad del hombre, llega a ser al mismo tiempo el nuevo comienzo de la dádiva de la gracia y del amor: "Recibid el Espíritu Santo". Así, pues, en este "convencer en lo referente al pecado" descubrimos una "doble dádiva": el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención. El Espíritu de la verdad es el Paráclito (DeV 31).

jueves, 25 de febrero de 2010

Catecismo - LOS MANDAMIENTOS DE LA IGLESIA


II- LOS MANDAMIENTOS DE LA IGLESIA

2041 Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en esta línea de una vida moral ligada a la vida litúrgica y que se alimenta de ella. El carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo. Los mandamientos más generales de la santa Madre Iglesia son cinco:

2042 El primer mandamiento (oír misa entera y los domingos y demás fiestas de precepto y no realizar trabajos serviles") exige a los fieles que santifiquen el día en el cual se conmemora la Resurrección del Señor y las fiestas litúrgicas principales en honor de los misterios del Señor, de la Santísima Virgen María y de los santos, en primer lugar participando en la celebración eucarística, y descansando de aquellos trabajos y ocupaciones que puedan impedir esa santificación de estos días (cf CIC can. 1246-1248; CCEO, can. 880, § 3; 881, §§ 1. 2. 4).

El segundo mandamiento ("confesar los pecados mortales al menos una vez al año") asegura la preparación para la Eucaristía mediante la recepción del sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de conversión y de perdón del Bautismo (cf CIC can. 989; CCEO can.719).

El tercer mandamiento ("recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por Pascua") garantiza un mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en conexión con el tiempo de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana (cf CIC can. 920; CCEO can. 708. 881, § 3).

2043 El cuarto mandamiento (abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia) asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y la libertad del corazón (cf CIC can. 1249-51; CCEO can. 882).

El quinto mandamiento (ayudar a las necesidades de la Iglesia) enuncia que los fieles están además obligados a ayudar, cada uno según su posibilidad, a las necesidades materiales de la Iglesia (cf CIC can. 222; CCEO, can. 25. Las Conferencias Episcopales pueden además establecer otros preceptos eclesiásticos para el propio territorio. Cf CIC, can. 455).

miércoles, 24 de febrero de 2010

Catecismo - PERSEVERAR EN EL AMOR


IV- PERSEVERAR EN EL AMOR

2742 "Orad constantemente" (1 Ts 5, 17), "dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo" (Ef 5, 20), "siempre en oración y suplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos" (Ef 6, 18)."No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar" (Evagrio, cap. pract. 49). Este ardor incansable no puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante. Este amor abre nuestros corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes:

2743 Orar es siempre posible: El tiempo del cristiano es el de Cristo resucitado que está "con nosotros, todos los días" (Mt 28, 20), cualesquiera que sean las tempestades (cf Lc 8, 24). Nuestro tiempo está en las manos de Dios:

Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer una frecuente y fervorosa oración. Sentados en vuestra tienda, comprando o vendiendo, o incluso haciendo la cocina (San Juan Crisóstomo, ecl.2).

2744 Orar es una necesidad vital: si no nos dejamos llevar por el Espíritu caemos en la esclavitud del pecado (cf Ga 5, 16-25). ¿Cómo puede el Espíritu Santo ser "vida nuestra", si nuestro corazón está lejos de él?

Nada vale como la oración: hace posible lo que es imposible, fácil lo que es difícil. Es imposible que el hombre que ora pueda pecar (San Juan Crisóstomo, Anna 4, 5)

Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se condena ciertamente (San Alfonso María de Ligorio, mez.).

2745 Oración y vida cristiana son inseparables porque se trata del mismo amor y de la misma renuncia que procede del amor. La misma conformidad filial y amorosa al designio de amor del Padre. La misma unión transformante en el Espíritu Santo que nos conforma cada vez más con Cristo Jesús. El mismo amor a todos los hombres, ese amor con el cual Jesús nos ha amado. "Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre os lo concederá. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros" (Jn 15, 16-17).

Ora continuamente el que une la oración a las obras y las obras a la oración. Sólo así podemos encontrar realizable el principio de la oración continua (Orígenes, or. 12).

martes, 23 de febrero de 2010

Catecismo - CUÁNDO NUESTRO OBRAR ES BUENO O MALO


II LOS ACTOS BUENOS Y LOS ACTOS MALOS

1755 El acto moralmente bueno supone a la vez la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias. Un fin malo corrompe la acción, aunque su objeto sea de suyo bueno (como orar y ayunar "para ser visto por los hombres").

El objeto de la elección puede por sí solo viciar el conjunto de todo el acto. Hay comportamientos concretos -como la fornicación- que son siempre errados, porque su elección comporta un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral.

1756 Es, por tanto, erróneo juzgar de la moralidad de los actos humanos considerando sólo la intención que los inspira o las circunstancias (ambiente, presión social, coacción o necesidad de obrar, etc.) que son su marco. Hay actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias y de las intenciones, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo, la blasfemia y el perjurio, el homicidio y el adulterio. No está permitido hacer el mal para obtener un bien.

lunes, 22 de febrero de 2010

Oración - HOY TE PROMETO SEÑOR



Hoy te prometo Señor (Anónimo)

De ser tan fuerte que nada ni nadie pueda perturbar la paz de mi espíritu.
De hablar de salud, progreso y felicidad a todos los que encuentre.
De hacer sentir a mis amigos que hay algo grande en ellos.
De ver todo por el lado noble y hermoso haciendo que mi optimismo sea sincero.
De pensar sólo en lo mejor y esperar sólo lo mejor.
De tener tanto entusiasmo por el éxito de los demás como por el mío propio.
De olvidar los errores del pasado y luchar por las grandes realizaciones del futuro.
De llevar todo el tiempo semblante alegre y tener siempre una sonrisa para todos.
De emplear tanto tiempo en el mejoramiento que no tenga lugar de criticar a los demás.
De ser grande para la pena, y noble en la presencia del dolor.

Catecismo - FORMAS DE PENITENCIA


V- DIVERSAS FORMAS DE PENITENCIA EN LA VIDA CRISTIANA

1434 La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna (cf. Tb 12,8; Mt 6,1-18), que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo (cf St 5,20), la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 P 4,8).

1435 La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Am 5,24; Is 1,17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia (cf Lc 9,23).

1436 Eucaristía y Penitencia. La conversión y la penitencia diarias encuentran su fuente y su alimento en la Eucaristía, pues en ella se hace presente el sacrificio de Cristo que nos reconcilió con Dios; por ella son alimentados y fortificados los que viven de la vida de Cristo; "es el antídoto que nos libera de nuestras faltas cotidianas y nos preserva de pecados mortales" (Cc. de Trento: DS 1638).

1437 La lectura de la Sagrada Escritura, la oración de la Liturgia de las Horas y del Padre Nuestro, todo acto sincero de culto o de piedad reaviva en nosotros el espíritu de conversión y de penitencia y contribuye al perdón de nuestros pecados.

1438 Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de Cuaresma, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia (cf SC 109-110; CIC can. 1249-1253; CCEO 880-883). Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras).

1439 El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada "del hijo pródigo", cuyo centro es "el Padre misericordioso" (Lc 15,11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza.

domingo, 21 de febrero de 2010

REFLEXIÓN DE CUARESMA - Audio Mp3

Queridos hermanos, al encontrarme con este audio de reflexión sobre la cuaresma, decidí en lugar de escribir sobre la liturgia de hoy, dejar este mensaje para que meditemos sobre nuestra vida y la nueva oportunidad que Dios nos regala en este Teimpo fuerte en preparación a la Pascua de Cristo y nuestra pascua.
Te pido, antes de escucharlo, pausar el sonido del blog que está en el iPod, costado derecho. Gracias y Feliz y Santa Cuaresma.
P. Adelino