sábado, 20 de febrero de 2010

Catecismo - DEFINICIÓN DE PECADO


DEFINICION DE PECADO
1849 El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es un faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como "una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna" (S. Agustín, Faust. 22,27; S. Tomás de Aquino, s.th., 1-2, 71,6).

1850 El pecado es una ofensa a Dios: "Contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí" (Sal 51,6). El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de él nuestros corazones. Como el primer pecado, es una desobediencia, una rebelión contra Dios por el deseo de hacerse "como dioses", pretendiendo conocer y determinar el bien y el mal (Gn 3,5). El pecado es así "amor de sí hasta el desprecio de Dios" (S. Agustín, civ. 1,14,28). Por esta exaltación orgullosa de sí, el pecado es diametralmente opuesto a la obediencia de Jesús que realiza la salvación (cf Flp 2,6-9).

1851 En la Pasión, la misericordia de Cristo vence al pecado. En ella, es donde éste manifiesta mejor su violencia y su multiplicidad: incredulidad, rechazo y burlas por parte de los jefes y del pueblo, debilidad de Pilato y crueldad de los soldados, traición de Judas tan dura a Jesús, negaciones de Pedro y abandono de los discípulos. Sin embargo, en la hora misma de las tinieblas y del príncipe de este mundo (cf Jn 14,30), el sacrificio de Cristo se convierte secretamente en la fuente de la que brotará inagotable el perdón de nuestros pecados.

DINÁMICA DE LA CUARESMA


Durante la cuaresma, estaremos publicando esta dinámica con oraciones, para que vivamos con más entrega este tiempo de gracia.

“Para que entremos en el camino de la conversión se nos hace una triple propuesta: escucha de la Palabra de Dios, oración y penitencia personal y comunitaria, con la práctica de las buenas obras” (Juan Pablo II, 28-2-1990)


PRIMERA SEMANA

MOTIVACIÓN:
La Cuaresma es el camino que nos lleva a la Pascua del Señor. Y nosotros la queremos recorrer con conciencia cristiana, con fidelidad, con esfuerzo.
Nos han creado hambre de todo, menos de ti, Señor. Nos hablan de todo, menos de ti, Señor. Nos dan tiempo para todo, menos para ti, Señor.
Somos pecadores; lo reconocemos y en la ceniza, del pasado miércoles, tenemos un signo de nuestra pobreza.

PALABRA DE DIOS (Mt. 6,1-3)
Dijo Jesús: “Cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará”.

REFLEXION:
La ceniza que imponen en nuestra cabeza es símbolo de conversión, y de la caducidad de la vida. Hoy debemos oír el Evangelio, y actuar como nos dice Jesús. Las buenas obras, los ayunos y oraciones no lo hacemos para que los vean los demás, sino como respuesta a la conversión que nos pide el Evangelio.
Piensa en tu vida y di al Señor: “Quiero cambiar en ...”

MOMENTO DE SILENCIO:
Sé concreto. Piensa en algo que desearías cambiar durante esta Cuaresma para ser mejor cristiano y seguidor de Jesús.

ORACIÓN: (juntos)
Padre, Dios: que a lo largo de la Cuaresma
crezcamos en nuestra relación contigo.
Enséñanos a orar con fe, sabiendo que tú eres nuestro Padre
y que nos escuchas. Que nuestra oración
no sea egoísta e interesada: enséñanos a buscar tu voluntad,
a querer lo que a ti te agrada. Amén.
Si querés bajar toda la dinámica, entrá a:

Caso no consigas, contáctanos y te enviamos por E-mail.

viernes, 19 de febrero de 2010

EL TIEMPO DE CUARESMA


Fuente: http://www.aciprensa.com/fiestas/cuaresma/manual.htm

1. Un tiempo con características propias.

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las "armas de la penitencia cristiana": la oración, el ayuno y la limosna (ver Mt 6,1-6.16-18).

De manera semejante como el antiguo pueblo de Israel marchó durante cuarenta años por el desierto para ingresar a la tierra prometida, la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, se prepara durante cuarenta días para celebrar la Pascua del Señor. Si bien es un tiempo penitencial, no es un tiempo triste y depresivo. Se trata de un tiempo especial de purificación y de renovación de la vida cristiana para poder participar con mayor plenitud y gozo del misterio pascual del Señor.

La Cuaresma es un tiempo privilegiado para intensificar el camino de la propia conversión. Este camino supone cooperar con la gracia, para dar muerte al hombre viejo que actúa en nosotros. Se trata de romper con el pecado que habita en nuestros corazones, alejarnos de todo aquello que nos aparta del Plan de Dios, y por consiguiente, de nuestra felicidad y realización personal.

La Cuaresma es uno de los cuatro tiempos fuertes del año litúrgico y ello debe verse reflejado con intensidad en cada uno de los detalles de su celebración. Cuanto más se acentúen sus particularidades, más fructuosamente podremos vivir toda su riqueza espiritual.

Por tanto habrá que esforzarse, entre otras cosas:

- Por que se capte que en este tiempo son distintos tanto el enfoque de las lecturas bíblicas (en la santa misa prácticamente no hay lectura continua), como el de los textos eucológicos (propios y determinados casi siempre de modo obligatorio para cada una de las celebraciones).

- Por que los cantos, sean totalmente distintos de los habituales y reflejen la espiritualidad penitencial, propia de este tiempo.

- Por lograr una ambientación sobria y austera que refleje el carácter de penitencia de la Cuaresma.

2. Sentido de la Cuaresma.

Lo primero que debemos decir al respecto es que la finalidad de la Cuaresma es ser un tiempo de preparación a la Pascua. Por ello se suele definir a la Cuaresma, "como camino hacia la Pascua". La Cuaresma no es por tanto un tiempo cerrado en sí mismo, o un tiempo "fuerte" o importante en sí mismo.

Es más bien un tiempo de preparación, y un tiempo "fuerte", en cuanto prepara para un tiempo "más fuerte" aún, que es la Pascua. El tiempo de Cuaresma como preparación a la Pascua se basa en dos pilares: por una parte, la contemplación de la Pascua de Jesús; y por otra parte, la participación personal en la Pascua del Señor a través de la penitencia y de la celebración o preparación de los sacramentos pascuales -bautismo, confirmación, reconciliación, eucaristía-, con los que incorporamos nuestra vida a la Pascua del Señor Jesús.

Incorporarnos al "misterio pascual" de Cristo supone participar en el misterio de su muerte y resurrección. No olvidemos que el Bautismo nos configura con la muerte y resurrección del Señor. La Cuaresma busca que esa dinámica bautismal (muerte para la vida) sea vivida más profundamente. Se trata entonces de morir a nuestro pecado para resucitar con Cristo a la verdadera vida: "Yo les aseguro que si el grano de trigo.muere dará mucho fruto" (Jn 20,24).

A estos dos aspectos hay que añadir finalmente otro matiz más eclesial: la Cuaresma es tiempo apropiado para cuidar la catequesis y oración de los niños y jóvenes que se preparan a la confirmación y a la primera comunión; y para que toda la Iglesia ore por la conversión de los pecadores.

jueves, 18 de febrero de 2010

CÓMO VIVIR LA CUARESMA

En forma de chiste, veamos lo que significa entrar en el Tiempo de Cuaresma con el corazón limpio.



Fuente del dibujo: http://www.infancia-misionera.com/cuaresma.htm

Catecismo - LA PENITENCIA INTERIOR



IV - LA PENITENCIA INTERIOR

1430 Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6. 16-18).

1431 La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron "animi cruciatus" (aflicción del espíritu), "compunctio cordis" (arrepentimiento del corazón) (cf Cc. de Trento: DS 1676-1678; 1705; Catech. R. 2, 5, 4).

1432 El corazón del hombre es rudo y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: "Conviértenos, Señor, y nos convertiremos" (Lc 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron (cf Jn 19,37; Za 12,10).

Tengamos los ojos fijos en la sangre de Cristo y comprendamos cuán preciosa es a su Padre, porque, habiendo sido derramada para nuestra salvación, ha conseguido para el mundo entero la gracia del arrepentimiento (S. Clem. Rom. Cor 7,4).

1433 Después de Pascua, el Espíritu Santo "convence al mundo en lo referente al pecado" (Jn 16, 8-9), a saber, que el mundo no ha creído en el que el Padre ha enviado. Pero este mismo Espíritu, que desvela el pecado, es el Consolador (cf Jn 15,26) que da al corazón del hombre la gracia del arrepentimiento y de la conversión (cf Hch 2,36-38; Juan Pablo II, DeV 27-48).

miércoles, 17 de febrero de 2010

MIÉRCOLES DE CENIZA


Reflexionando la Liturgia con el P. Adelino


La liturgia de hoy es muy completa para introducir el tiempo en que estamos llamados a vivir, la Cuaresma. Parece que la liturgia del domingo pasado (6 durante el año) nos da un empujón para entrar de lleno en la liturgia de hoy. Recordemos que ser bienaventurados es no tener soberbia, orgullo, envidia, es estar del lado de los pobres, servir, amar, perdonar, dar sin medidas.

En este sentido Jesús comienza el evangelio con la advertencia: "Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo cantrario no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo". Esta actitud que Jesús nos llama la atención para que no caigamos en ella sería lo mismo que no ser pobres de espíritu. En otras palabras Jesús quiere decir que no debemos fingir que somos buenos, que somos misericordisos porque los demás nos están viendo, sino que debemos ser buenos y misericordiosos porque Dios así nos quiere.

La cuaresma es un tiempo de gracia que nos da Dios a través de su Hijo para que volvamos a él, para que nuestro corazón no esté tan lleno de las cosas "de este mundo", sino lleno de su gracia.

La ceniza tiene dos significados: 1. significa que somos polvo, o sea, que nacimos de la tierra y a la tierra tenemos que volver, según el relato de la creación. Esto nos revela que no somos todopoderosos como hombres, no nos creamos a nosotros mismos, sino que fuimos creados por Dios y a Dios prestamos obediencia. 2. Por el otro lado significa que no somos nada más que polvo, o sea, necesitados de la gracia divina. Sin Dios no tenemos significado, somos polvillo y totalmente atravesados por el pecado que cada vez más nos corrompe y aniquila.

Tenemos, entonces, que "pegar la vuelta" para encontrarnos con el Dios de la misericordia. Somos pecadores y con el pecado nos alejamos de la gracia, pero el Señor de la Gracia nos invita a permanecer en su presencia, por eso él dice a través de la boca del profeta Joel: "Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras".

Lo primero que tenemos que observar es que Dios nos da siempre una nueva oportunidad y nos pide seriedad en el encuentro con él: "de todo corazón"... no es volver con el corazón dividido, porque continuaremos iguales. Jesús dice: "no se puede amar a Dios y al dinero", "donde está tu tesoro ahí estará tu corazón" y el mismo Dios nos propone en los mandamientos: "amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento...".

Convertirse al Señor, aquí está nuestra gran dificultad. Estamos siempre con el corazón dividido entre nuestras cosas, nuestros deseos, nuestros sentimientos, nuestras pasiones y las cosas de Dios, los deseos de Dios, el camino de Dios. ¿Por qué tenemos que volvernos a Dios? Porque "él es bondadosos y compasivo, lento para la ira y rico en amor..." Me acuerdo de lo que dice el profeta Sofonías: "quitense la ropa del duelo y revístanse de la gloria del Señor, porque el peso que estaba sobre ustedes el Señor se ha olvidado..." o sea, Dios no esta con los ojos fijos en nuestro pasado porque él es el Dios del presente (Yo Soy) y quiere saber cómo somos hoy, qué hacemos hoy, cuánto amamos y perdonamos hoy.

Y Dios continúa diciendo: "Desgarren su corazón y no sus vestiduras"... Dios no mira las apariencias, Él no se fija cómo estamos esteriormente. Podemos pacerernos limpios, con rico holor, o sucio por hacer sacrificios, pero si el corazón no está purificado, de nada nos sirve. LA MISERICORDIA ES TODO. Tanto para Dios cuanto para Jesús. No sea que Jesús nos diga después que somos hipócritas y seculpros blanqueados.

Jesús nos propone para este tiempo la oración, la limosna y el ayuno. Tres prácticas que están totalmente ligadas a la misericordia, aunque muchos no las vean así.

¿Por qué la oración? Porque sólo a través de la oración conoceremos a Dios, saberemos sus planes, escucharemos su voz, cumpliremos su voluntad. La oración nos ayudará a percibir que así como nos unimos a Dios que no vemos, debemos unirnos a los hermanos que nos encontramos todos los días. De lo contrario seremos mentirosos, como nos dice San Juan en su carta.

¿Por qué la limosna? Porque es el gesto más concreto que tenemos para demostrar nuestra fe. Jesús no habla de paternalismo, tampoco del frío dar de lo que nos sobra, como por ejemplo llevar alimentos a cáritas, sino involucrarse sentimentalmente con el hermano que sufre. Es dar no solo porque el otro nos pide algo, sino que es dar para que no haya necesitados entre nosostros. Además, esta práctica es apenas un comienzo de lo que tenemos que hacer durante toda la vida: no acumular, no guardar, no preocuparse por el futuro, no ser individualista.

¿Por qué la abstinencia o el ayuno? Porque, primero nos une a tantos y tantas personas que no tienen nada para comer y segundo, porque es la forma de purificarnos, de vivir la santidad.

Si nos damos cuenta las tres prácticas están unidas. La oración me hace ver al hermano que sufre, desnudo, hambriento, sin techo, prisionero, forastero, huérfano, solitario... Me privo de mis voluntades y de las cosas que tengo en abundancia, de mis vicios y mis placeres (la abstinencia y el ayuno), para acudir al hermano necesitado (la limosna).

Pero todo eso en secreto, porque el que todo lo ve nos dará la recompensa, o sea, tengamos cuidado para no practicar nuestra justicia delante de los hombres.

martes, 16 de febrero de 2010

El CARNAVAL fiesta que antecede la Cuaresma





Para comprender el Tiempo de Cuaresma, debemos saber lo que pasa antes del miércoles de cenizas. Antes de ese Tiempo de tanta riqueza tenemos el tiempo conocido como CARNAVAL. Pero, ¿qué relación existe entre carnaval y Cuaresma?
La celebración del Carnaval es la fiesta de despedida de la carne. De ahí que se procura gozar de ella todo lo posible (y en todas sus interpretaciones) en esos días, ya que iban a seguirle 40 días en los que la religión les iba a prohibir "disfrutar de los placeres de la carne". Las palabras carnestolendas (carnes que han de ser quitadas), sinónimo de Carnaval, se explica por sí sola. Por eso, el primer día de Carnaval es el Jueves Lardero (lardero viene de grasa, sebo, tocino), y es el que inicia la tanda de días en que había que aprovechar para comer carne, fundamentalmente de cerdo y gozar de la alegría, ya que, al llegar la Cuaresma, trae un período de recogimiento y ayunos.
El carnaval se compone de unas fechas claves marcadas por el Miércoles de Ceniza (inicio de la Cuaresma que se prolonga hasta el miércoles de la Semana Santa, dando inicio al Triduo Pascual). La fecha de carnaval varía de un año a otro y se calcula en relación la primera luna de primavera (por eso se cambia también la fecha de la pascua).
Según las costumbres de cada región, la importancia turística que le dé cada Municipio y la estación del año en que caiga, los carnavales han ido modificando sus fechas de inicio y culminación.
Los días tradicionales de carnaval son los siguientes:
• Jueves Lardero: jueves anterior al Miércoles de Ceniza. Se inicia el carnaval.
• Viernes de Carnaval
• Sábado de Carnaval
• Domingo de Carnaval: día importante del carnaval. Se celebra seis semanas antes del Domingo de Ramos.
• Lunes de Carnaval
• Martes de Carnaval
• Miércoles de ceniza: en algunos lugares se realizan y/o realizaban actividades propias de carnaval a pesar de que comienza la Cuaresma.
• Domingo de Piñata: primer domingo después del Miércoles de Ceniza. Finaliza el carnaval (en algunos lugares no se permite esta celebración de carnaval).
La celebración del carnaval se realiza durante estos días señalados, aunque varía según las localidades, por ejemplo desde el Domingo de Carnaval hasta el Miércoles de Ceniza o desde el Jueves Lardero hasta el Domingo de Carnaval más el Domingo de Piñata.
Los más celebrados solían ser el Domingo y el Martes de Carnaval. En la actualidad, en la mayoría de los sitios, se acomoda al fin de semana.

Observemos que hoy en día el sentido del carnaval está totalmente fuera de su origen y el sentido de la Cuaresma está totalmente olvidado, ya que se celebra el carnaval en el tiempo de Cuaresma y la Cuaresma no es vivida como un tiempo de cambio, abstinencia y sacrificios dentro de la sociedad.

lunes, 15 de febrero de 2010

LA CUARESMA - CICLO PASCUAL

RECORDEMOS QUE EL MIÉRCOLES PRÓXIMO VAMOS A COMENZAR A VIVIR EL TIEMPO DE CUARESMA.
CUARESMA ES TIEMPO DE REFLEXIÓN, DE PERDÓN, DE RECONCILIACIÓN CON DIOS Y CON LOS HERMANOS.




El tiempo de cuaresma es parte del Ciclo Pascual, así como el tiempo de adviento es parte del Ciclo de Navidad. La liturgia se divide en tres ciclos (Año A, Año B y Año C). En los tres años del Ciclo Dominical, los dos primeros domingos del ciclo pascual (1° y 2° domingos de Cuaresma) evocan la tentación de Jesús en el desierto y su glorificación en el monte Tabor. Son temas que presetan a Jesús como aquel que vence al mal y, por lo tanto, es glorificado por Dios, antes de que la liturgia pase a celebrar su sufrimiento. Paralelamente, las primeras lecturas hablan de los primordios de la Historia de la Salvación, en el Génesis. Así hablarán desde el pecado de Adan y Eva hasta la vocación de Abraham, llevándonos a pensar en la victoria final de Cristo.

Ya en el tercer y cuarto domingos de Cuaresma vamos a encontrar la Catequesis bautismal de Juan (caps. 4 y 9) y en el quinto domingo, el episodio de Lázaro que también es sacado del Evangelio de Juan, porque ya nos apunta a la resurrección de Jesús y nuestra vida eterna.

Durante este período la Iglesia está llamada a entrar en el misterio de Jesucristo, acompañádolo en su sufrimiento, pasión, muerte y resurrección, a través de la oración, la abstinencia y la limosna, que son las tres prácticas cuaresmales (que reflexionaremos el Miercoles de Cenizas y después separadamente según el orden de la liturgia).

P. Adelino Dos Santos

domingo, 14 de febrero de 2010

Catecismo - LA BIENAVENTURANZA CRISTIANA


III LA BIENAVENTURANZA CRISTIANA

1720 El Nuevo Testamento utiliza varias expresiones para caracterizar la bienaventuranza a la que Dios llama al hombre: la venida del Reino de Dios (cf Mt 4,17); la visión de Dios: "Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8; cf 1 Jn 3,2; 1 Co 13,12); la entrada en el gozo del Señor (cf Mt 25,21.23); la entrada en el Descanso de Dios (He 4,7-11):

Allí descansaremos y veremos; veremos y nos amaremos; amaremos y alabaremos. He aquí lo que acontecerá al fin sin fin. ¿Y qué otro fin tenemos, sino llegar al Reino que no tendrá fin? (S. Agustín, civ. 22,30)

1721 Porque Dios nos ha puesto en el mundo para conocerle, servirle y amarle, y así ir al cielo. La bienaventuranza nos hace participar de la naturaleza divina (2 P 1,4) y de la Vida eterna (cf Jn 17,3). Con ella, el hombre entra en la gloria de Cristo (cf Rom 8,18) y en el gozo de la vida trinitaria.

1722 Semejante bienaventuranza supera la inteligencia y las solas fuerzas humanas. Es fruto del don gratuito de Dios. Por eso la llamamos sobrenatural, así como la gracia que dispone al hombre a entrar en el gozo divino.
"Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios". Ciertamente, según su grandeza y su inexpresable gloria, "nadie verá a Dios y vivirá", porque el Padre es inasequible; pero según su amor, su bondad hacia los hombres y su omnipotencia llega hasta conceder a los que lo aman el privilegio de ver a Dios... "porque lo que es imposible para los hombres es posible para Dios" (S. Ireneo, haer. 4,20,5).

1723 La bienaventuranza prometida nos coloca ante elecciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus instintos malvados y a buscar el amor de Dios por encima de todo. Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino en Dios solo, fuente de todo bien y de todo amor:
El dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje "instintivo" la multitud, la masa de los hombres. Estos miden la dicha según la fortuna, y, según la fortuna también, miden la honorabilidad...Todo esto se debe a la convicción de que con la riqueza se puede todo. La riqueza por tanto es uno de los ídolos de nuestros días, y la notoriedad es otro...La notoriedad, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo (lo que podría llamarse una fama de prensa) ha llegado a ser considerada como un bien en sí misma, un bien soberano, un objeto de verdadera veneración (Newman, mix. 5, sobre la santidad).

1724 El Decálogo, el Sermón de la Montaña y la catequesis apostólica nos describen los caminos que conducen al Reino de los Cielos. Por ellos avanzamos paso a paso mediante actos cotidianos, sostenidos por la gracia del Espíritu Santo. Fecundados por la Palabra de Cristo, damos lentamente frutos en la Iglesia para la gloria de Dios (cf La parábola del sembrador: Mt 13,3-23).

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