sábado, 6 de marzo de 2010

TERCERA SEMANA - PADRE NUESTRO


TERCERA SEMANA - PADRE NUESTRO

MOTIVACIÓN:
En nuestro vivir no podemos olvidarnos que tenemos un Padre Bueno
que está en el cielo. Un Padre fiel, lleno de amor y misericordia.
Un Padre que está siempre dispuesto a perdonar nuestras numerosas
fallas y pecados.

PALABRA DE DIOS (Mt 6, 7-15)
Dijo Jesús a sus discípulos: “ Cuando recéis no uséis muchas palabras como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que se lo pidáis. Vosotros rezad así:
Padre nuestro del cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy el pan nuestro,
perdona nuestras ofensas,
pues nosotros hemos perdonado
a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación,
sino líbranos del maligno.
Porque si perdonáis a los demás sus culpas,
también vuestro Padre del cielo
os perdonará a vosotros.
Pero si no perdonáis a los demás,
tampoco vuestro Padre
perdonará vuestras culpas.”

SILENCIO Y REFLEXION PERSONAL.
Jesús dice que debemos orar con pocas palabras. Medita hoy en silencio el Padrenuestro, esta oración que tantas veces rezamos.

ORACIÓN.
Que estás en la tierra, Padre Nuestro,
que te siento en la púa del pino,
en el torso azul del obrero,
en la niña que borda curvada la espalda
mezclando el hilo con el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra, en el surco,
en el huerto, en la mina, en el puerto, en el cine,
en el vino, en la casa del médico.

viernes, 5 de marzo de 2010

CINCO CAMINOS DE PENITENCIA

Oficio de Lectura, XXI martes del Tiempo Ordinario
Cinco caminos de penitencia
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo

¿Queréis que os recuerde los diversos caminos de penitencia? Hay ciertamente muchos, distintos y diferentes, y todos ellos conducen al cielo.

El primer camino de penitencia consiste en la acusación de los pecados: Confiesa primero tus pecados, y serás justificado. Por eso dice el salmista: Propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Condena, pues, tú mismo, aquello en lo que pecaste, y esta confesión te obtendrá el perdón ante el Señor, pues, quien condena aquello en lo que faltó, con más dificultad volverá a cometerlo; haz que tu conciencia esté siempre despierta y sea como tu acusador doméstico, y así no tendrás quien te acuse ante el tribunal de Dios.

Éste es un primer y óptimo camino de penitencia; hay también otro, no inferior al primero, que consiste en perdonar las ofensas que hemos recibido de nuestros enemigos, de tal forma que, poniendo a raya nuestra ira, olvidemos las faltas de nuestros hermanos; obrando así, obtendremos que Dios perdone aquellas deudas que ante él hemos contraído; he aquí, pues, un segundo modo de expiar nuestras culpas. Porque si perdonáis a los demás sus culpas –dice el Señor–, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros.

¿Quieres conocer un tercer camino de penitencia? Lo tienes en la oración ferviente y continuada, que brota de lo íntimo del corazón.

Si deseas que te hable aún de un cuarto camino, te diré que lo tienes en la limosna: ella posee una grande y extraordinaria virtualidad.

También, si eres humilde y obras con modestia, en este proceder encontrarás, no menos que en cuanto hemos dicho hasta aquí, un modo de destruir el pecado: De ello tienes un ejemplo en aquel publicano, que, si bien no pudo recordar ante Dios su buena conducta, en lugar de buenas obras presentó su humildad y se vio descargado del gran peso de sus muchos pecados.

Te he recordado, pues, cinco caminos de penitencia: primero, la acusación de los pecados; segundo, el perdonar las ofensas de nuestro prójimo; tercero, la oración; cuarto, la limosna; y quinto, la humildad.

No te quedes, por tanto, ocioso, antes procura caminar cada día por la senda de estos caminos: ello, en efecto, resulta fácil, y no te puedes excusar aduciendo tu pobreza, pues, aunque vivieres en gran penuria, podrías deponer tu ira y mostrarte humilde, podrías orar asiduamente y confesar tus pecados; la pobreza no es obstáculo para dedicarte a estas prácticas. Pero, ¿qué estoy diciendo? La pobreza no impide de ninguna manera el andar por aquel camino de penitencia que consiste en seguir el mandato del Señor, distribuyendo los propios bienes —hablo de la limosna—, pues esto lo realizó incluso aquella viuda pobre que dio sus dos pequeñas monedas.

Ya que has aprendido con estas palabras a sanar tus heridas, decídete a usar de estas medicinas, y así, recuperada ya tu salud, podrás acercarte confiado a la mesa santa y salir con gran gloria al encuentro del Señor, rey de la gloria, y alcanzar los bienes eternos por la gracia, la misericordia y la benignidad de nuestro Señor Jesucristo.

jueves, 4 de marzo de 2010

DESIDERATA, poema


Desiderata – Max Ehrman


Camina plácidamente entre el ruido y el bullicio
y observa la paz que pueda haber en el silencio.
Hasta el punto en que te sea posible,
procura estar en buena armonía con todos.


Expón tu parecer en forma reposada y clara,
y escucha a los demás que,
aunque sean lerdos e ignorantes,
ellos también tienen algo que decirte.
Evita las personas ruidosas y agresivas
que constituyen una vejación para el espíritu.

Si te comparas con otros,
puedes volverte petulante o amargado
porque siempre hay alguien que es inferior o superior.
Interésate siempre por lo que haces,
por muy humilde que sea tu tarea
porque es algo que siempre perdurará,
aunque las circunstancias cambien.


Se precavido en tus negocios
porque el mundo esta lleno de astucia.
Pero, que la precaución no te impida ver
donde está la virtud,
pues hay muchas personas que luchan en pro
de elevados ideales
y toda vida está llena de heroísmo.


Sé sincero. En especial, no finjas afecto
ni seas cínico en relación con el amor,
porque a fin de cuentas, la aridez y el desencanto
son tan perennes como la hierba.
Toma resignadamente el consejo de los años,
renunciando gallardamente a las cosas de la juventud,
y no te preocupes por temores imaginarios,
pues muchos de ellos son producto
de la fatiga y de la soledad.


Por encima de toda disciplina edificante,
sé benévolo contigo mismo.
Tú eres un ente del universo,
no inferior a los árboles y los planetas.
Tienes derecho a estar aquí.

Y lo entiendas o no,
el universo se desarrolla
como debe hacerlo.
Por lo tanto, procura estar en paz con Dios,
cualquiera sea la forma en que le concibes.


Y cualquiera que sean tus obras y tus aspiraciones,
en la ruidosa confusión de la vida,
procura estar en paz contigo mismo,
porque con todo desequilibrio,
con toda maldad,
es, sin embargo, un hermoso mundo.

Así es que ten cuidado.
Esfuérzate por ser feliz.

miércoles, 3 de marzo de 2010

El sentido de la cuaresma


"En cambio nosostros somos ciudadanos del cielo" Flp 3, 20


Nuestra alegría, esperanza y certeza, como cristianos, es saber que tenemos la promesa del que es fiel, la promesa de vivir en la gloria. Permanecer contemplando el rostro amable del Padre, alimentarnos de su sabiduría y de su gracia. Sentarnos a la mesa con el Eterno y Sumo Sacerdote, Jesús, que nos ha preparado una mesa con fartura para el banquete eterno. Ser llenados de la Luz del Divino Espíritu Santo, sumergidos en el agua de su amor. ¡Eso no es una ilusión!

El error de la sociedad es creer que todo no pasa de una utopía. Es creer que tiene valor apenas esta vida, que nosotros valemos lo cuanto tenemos. Por eso cada vez más vivimos en un individualismo desenfrenado. Lo peor de todo es que no nos damos cuenta. La sociedad tiene una forma muy sutil, su astucia nos engaña a todos. ¡Debemos estar despiertos!

La posesión de bien, en su origen, no es para que nos tornemos mesquinos, que causemos divisiones, que excluyamos a los menos favorecidos, que algunos tengan mucho y muchos no tengan nada. El poseer no es para que nos aferremos a los bienes materiales, sino para que aprendamos a hacer un buen uso de ellos para alcanzar la vida eterna.

La cuaresma nos propone el tiempo de ayuno, oración y caridad. En otras palabras y muy resumidamente, nos propone no apegarnos a esta vida, porque "nosotros somos ciudadanos del cielo". El despegarse de los bienes nos ayudará a darnos cuenta en dónde está el verdadero valor de las cosas, de la vida misma.

¡Nosotros estamos en esta vida de paso! Eso significa que no pertenecemos a este mundo, aunque lo amemos y lo sintamos nuestro. Nuestra Patria es el cielo, en el seno de la Trinidad Santa, donde Jesús nos ha preparado un lugar.

Debemos desapegarnos de todas las cosas que nos divide el corazón: "donde está tu tesoro ahí estará tu corazón". Nuesro tesoro es la gracia que Dios nos ofrece a través de su Hijo. Nuestro tesoro es la Vida Eterna que nos fue dada por la muerte y resurrección de Jesucristo.

La cuaresma nos proporciona este tiempo de gracia, de reencuentro con Dios a través de la confesión. Reconocernos pecadores delante de Dios es vencer al orgullo que nos divide y aliena. La reconciliación con Dios nos abre de vuelta el camino que estaba cerrado por nuestros pecados. El encuentro con Dios nos hace percibir la necesidad de estar en paz con los demás.

Desde la oración, el ayuno y la limosna (caridad), las tres prácticas cuaresmales, somos insertados en las obras de caridad espirituales y corporales.

Vivir la cuaresma es volver a la casa del Padre. Es buscar vivir el cielo que comieza ya aquí para que un día lo podamos ver cuando seamos glorificados en Crsito Jesús.


P. Adelino



martes, 2 de marzo de 2010

OBRAS DE MISERICORDIA




Las obra de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (ver Isaías 58, 6-7; Hebreos 13, 3).

Obras de Misericordia Espiritual: instruir, corregir al que está equivocado, aconsejar, consolar, confortar, perdonar y sufrir con paciencia.

Obras de Misericordia Corporal: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (ver Mateo 25, 31-46).

Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (ver Tobías 4,5-11) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios. (ver Mateo 6, 2-4).

domingo, 28 de febrero de 2010

Oración por los muertos en Chile

Recemos por nuestros hermanos, victima del sismo de Chile. Pensemos en el dolor de estas familias que fueron sorprendidas por esta catástrofe. Que Dios tenga misericordia de estos hijos suyos y nos anime a hacer la más perfecta contrición.
Dios todopoderoso, por la muerte de Jesucristo, tu Hijo, destruiste nuestra muerte; por su reposo en el sepulcro santificaste las sepulturas y por su gloriosa resurrección nos restituiste la vida a la inmortalidad.
Escucha nuestra oración por aquellos que muertos en Cristo y consepultados en él, anhelan la feliz esperanza de la resurrección.
Concede, Señor de vivos y muertos, a nuestros hermanos chilenos que te conocieron por la fe, alabarte sin fin en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.



Ver más fotos de la situación del pueblo chileno
Chile Earthquake Pictures: Quake Spurs Tsunami Threat

Pensamiento - ADELANTE


Como el grito de los centinelas contra la fila de los prisioneros de guerra: "En marcha", "Adelante".
No nos podemos detener, Señor. Y el corazón quisiera quedarse aquí, sobre este éxito, entre estas personas que han recibido tu Paz por nuestra mano. "Adelante".
Nuestra vida de éxodo total; somos nómadas del Absoluto. No tenemos más hogar que tu regazo de misterio y de fe.
A nuestro paso encendemos la esperanza y también el amor; pero nosotros seguimos solitarios, encauzando todo el amor hacia Ti.
Danos fuerza para seguir caminando sedientos por este interminable arenal, sin pararnos en tantos oasis. "Adelante", bajo tu sol abrasador.
Otros, tal vez, podrán darte el corazón de golpe, y encerrar el universo en un paréntesis colosal; pero, nosotros no. Debemos ir con el corazón en la mano para enjugar lágrimas y restañar heridas. Hemos de entregarnos y decir siempre: „Adiós“, amar profundamente pero siempre en marcha.
Te ofrecemos esta mística ardiente del eterno „Adelante“, hasta que llegues Tú; hasta que Tú detengas esta peregrinación, más allá del desierto, y dejemos la tienda trashumante para fijarnos en tu Ciudad (Apoc. 21, 2-4).
Ven, Señor Jesús (Apoc. 22,20), y que tu descanso suprima este inacabable "Adelante".

Luis Espinal, sj.

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