sábado, 7 de noviembre de 2009

La Esperanza (II)


El tema de hoy es la esperanza, la esperanza que es la pasión por lo posible Hay una hermana que me reclama un texto bíblico para dar fundamento bíblico al tema, a la enseñanza entonces vamos a tomar Is. 40-30-31 aparte del texto de San Pablo que leí al principio. “Los jóvenes se cansan, se fatigan. Los valientes tropiezan y vacilan pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas suben con alas como de águilas, corren sin cansarse marchan sin fatigarse” Y San Pablo cuyo año estamos cerrando nos dice “nosotros anunciamos lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar aquello que Dios preparó para los que lo aman” 1° Corintios 2-9 Y Pedro dice en 1° de Pedro 3-15 “estén siempre preparados a responder a todo el que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen” Y San Agustín tiene una frase muy hermosa, dice “no les pido que pongan su esperanza en mi sino que pongan su esperanza en Dios conmigo”.

Lo mismo podría decir cada sacerdote en este año sacerdotal, cada párroco. Con ustedes soy bautizado, para ustedes soy sacerdote, soy cura párroco, soy obispo. También lo podría decir cada papá, cada mamá, cada docente profundamente creyente Con ustedes soy bautizado, para ustedes soy papá, mamá, maestro, catequista porque no les pido que pongan su esperanza en mi que soy un ser humano frágil, vulnerable, limitado sino que pongan su esperanza en Dios conmigo. Que hermoso hablar de la esperanza en este momento de la patria y del mundo. Este mes que casi comenzamos, Julio; este mes que nos va a llevar a celebrar el 9 de Julio la fiesta de la independencia en este camino hacia el bicentenario de la patria, en esta víspera de una jornada eleccionaria, que bueno es hablar de la esperanza.

La esperanza como virtud teologal unida a la fe y a la caridad. No hay una esperanza con minúscula hablo de una esperanza con mayúscula y subrayada. La esperanza sacó a la humanidad de las cavernas, la puso en marcha por los caminos de la historia y la empuja a desear siempre un futuro mejor. Dice un refrán que mientras hay vida hay esperanza. Es tanto como decir que la esperanza pertenece inseparablemente a la existencia humana, forma parte de su esencia. Así es en efecto, ¿acaso no espera el lactante el pecho de su madre? Y el niño pequeño ¿no espera mantenerse en pie y caminar? ¿no espera el enfermo ponerse bien, el prisionero quedar libre y el hambriento comer? El sujeto de la esperanza es por tanto el ser humano, todo ser humano.

En cuanto a los objetos de esperanza pueden ser muy diversos, cosas, deseos, ilusiones, metas. Sin embargo para que algo sea objeto de esperanza deben reunir cinco condiciones, que sea un bien un mal no lo esperamos, lo tenemos, le tenemos miedo, no lo esperamos. Que sea entonces un bien. Segundo que sea futuro lo que ya tenemos no lo esperamos, lo disfrutamos, tercero que sea necesario, un capricho no lo esperamos, se nos antoja. Cuarto que sea posible lo imposible no lo esperamos, nos desespera. Quinto que sea difícil de conseguir, lo que está al alcance de nuestra mano no lo esperamos, lo codiciamos. Naturalmente según sea el contenido de lo que esperamos así será la calidad humana de nuestra esperanza, por supuesto. En opinión de Eric From para esperar no basta tener anhelos y deseos. De ser así quienes desean tener mas y mejores automóviles casas y artefactos del hogar serían individuos esperanzados. Para que a un anhelo le cuadre el nombre de esperanza debe tener como objeto una vida mas plena, el deseo de ser más no de tener más.

Las personas esperanzadas son necesariamente inconformistas, con corazón inquieto diría San Agustín. Como anhelan una vida mas plena no pueden contentarse con la realidad actual ni con la suya propia ni con el mundo exterior. En realidad la esperanza de lo nuevo y la insatisfacción por lo viejo nacen juntas. Las personas esperanzadas son pacientes. Por eso la angustia, la ansiedad que hoy lo domina todo. La ansiedad es contraria a la virtud de la esperanza. Comprenden que los espárragos no crecen mas rápido porque tiremos de ellos hacia fuera o hacia arriba y saben dar importancia al tiempo necesario para que maduren sus proyectos. Nada mas lejos de la esperanza que ese, llame ya, lo quiero ahora, ahora, ahora mismo de los impacientes posmodernistas que parecen dominarlo todo.

Parece un sueño con los ojos abiertos. Alguien dijo que la esperanza es el sueño de una persona despierta. Un ejemplo famoso de sueño son los ojos abiertos en el discurso pronunciado por Martín Luther King con ocasión de la marcha a Washington por los derechos cívicos. El discurso que se titulaba precisamente “tengo un sueño” decía así “Sueño en que llegará el día en que los hombres se elevarán por encima de si mismos y comprenderán que están hechos para vivir juntos en hermandad. Sueño en que llegará el día en que todos los negros de este país, todas las personas de color del mundo serán juzgados por el contenido de su personalidad y no por el color de su piel. Todavía sueño hoy que llegará el día en que las industrias paradas serán puestas en marcha y servirán para llenar los estómagos vacíos de Missisipi y que la hermandad será algo mas que unas palabras colocadas al final de un sermón.

viernes, 6 de noviembre de 2009

La Esperanza (I)

Padre Rubén Francisco Bellante
Fuente: Contenido del Programa Palabras de Vida (Radio María)


Dice San Pablo “ninguna condenación hay para quienes están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al espíritu. Los que son de la carne piensan en cosas de la carne, los que son del espíritu en las cosas del espíritu”Por eso Espíritu Santo, al sentirnos tan débiles, tan frágiles, tan vulnerables, tan imperfectos, cada uno pero también cada familia, nuestra nación que se apresta a vivir un acto eleccionario, en libertad, en responsabilidad, en conciencia con madurez cívica te pide Padre envíanos a través de Jesús el Espíritu Santo. Ven E. Santo, ven Espíritu de Dios, déjame hablarte en nombre de muchos, en nombre de hombres y mujeres a lo largo y ancho de nuestra patria.


Que los hombres y mujeres jóvenes y adultos que estamos en lucha, que estamos en oscuridad que estamos en soledad. Las luchas contra las tentaciones, la lucha de las pasiones, la inmensa y continua lucha de un cristiano en el mundo que quiere ser luz, levadura, fermento, savia. Lucha de la juventud, lucha de la edad madura, lucha de la vejez que quiere perseverar con tu Gracia, sin caer en el sin sentido de la vida, en la frivolidad, en el cholulaje, en el egoísmo, en la indiferencia el individualismo, en el que me importa. La lucha contra el odio por el amor verdadero que es vida, la lucha contra la miseria de todo tipo sobre todo esa miseria moral que esta avasallando nuestra patria con la droga, con el juego compulsivo, con el sin sentido.


Con un montón de nombres en listas de papel que mañana pondremos en un sobre y una urna pero sin propuestas claras, sin ideas claras. La lucha contra la avaricia que parece dominarlo todo el poder por el poder mismo, contra la tentación de la riqueza. La lucha contra la pusilanimidad a la tristeza a la depresión, el desánimo, el desaliento al “no vale la pena” Lucha contra la soberbia que es propio de los estúpidos, los necios. Vos sos Espíritu Santo la fortaleza y el consejo. Ven Espíritu Santo, ven mira a los que estamos en oscuridad, la oscuridad del pecado, la oscuridad del error, la oscuridad de la desgracia, del dolor.


Vos sos la luz de Dios, la luz que revela el sentido de todo. Vos iluminas el dolor, lo aclaras, lo haces aceptable y le das una profunda belleza. Sin tu luz no hay nada en el mundo ni en el ser humano que no sea nocivo o peligroso. Ven Espíritu Santo, ven a los que están en soledad, fíjate como hay de soledades en el mundo, acércate a los hogares, hay muchos que están abandonados. En unos falta el hombre que se fue con otra mujer, en otros falta la mujer que se fue con otro hombre rompieron la unidad del matrimonio, de la familia y aunque se disimulen viven replegados en si mismo, incluso los hijos en una gran soledad.


Cuantos abandonados! Cuantas soledades hay en el mundo, en los pueblos en la ciudad pero vos Espíritu Santo que penetras con tu mirada de luz, contemplas no solo la soledad material, el abandono corporal sino sobre todo el abandono espiritual. Los que están cerca con sus cuerpos pero lejos en sus almas, en sus corazones porque la frialdad a inundado sus vidas.


Es que no se comprenden, que no se aman, que no se buscan, que no dialogan que no se inquietan unos por otros, que no han aprendido a comprenderse, a tolerarse, a valorarse. Ven Espíritu Santo, vos sos la unidad con Dios y la unidad en los corazones de los seres humanos Ven Espíritu Santo, ven. Ven a través de la poderosa intersección del Corazón Inmaculado de María Reina de la Paz.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Las Virtudes Teologales


Acto de fe

Dios mío, porque eres verdad infalible, creo firmemente todo aquello que has revelado y la Santa Iglesia nos propone para creer.Creo expresamente en ti, único Dios verdadero en tres Personas iguales y distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.Y creo en Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó y murió por nosotros, el cual nos dará a cada uno, según los méritos, el premio o el castigo eterno.Conforme a esta fe quiero vivir siempre.Señor, acrecienta mi fe.


Acto de esperanza

Dios mío, espero de tu bondad, por tus promesas y por los méritos de Jesucristo, nuestro Salvador, la vida eterna y la gracia necesaria para merecerla con las buenas obras que debo y quiero hacer.Señor, que pueda gozarte para siempre.


Acto de caridad

Dios mío, te amo con todo el corazón sobre todas las cosas,porque eres infinitamente bueno y nuestra eterna felicidad: por amor a ti amo a mi prójimo como a mí mismo, y perdono las ofensas recibidas.Señor, haz que yo te ame cada vez más.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Amor Ilimitado

Por Marcellino D'Ambrosio
Fuente: The Crossroads

Algunas personas piensan en la Iglesia Católica como otra corporación multinacional más (“Catolicismo, S.A.”) con el Papa como su Gerente General. Esta opinión es un poco retorcida, pero no está tan lejos de la realidad. Efectivamente, la Iglesia es una organización internacional. Ese es uno de los significados de la palabra “católico”. Sin embargo, esta Iglesia no es una pequeña secta limitada a grupo étnico, sino que es “universal”, con el propósito de llegar e incluir a personas de todas las naciones.

Este es uno de los importantes mensajes de la primera lectura de este domingo. La misión de Jesús iba dirigida primeramente a los hijos de Israel. Sin embargo, el nunca restringió su ministerio exclusivamente a los Judíos. De hecho, señaló que la persona que tenia mas fe que cualquiera que hubiera conocido, no era un judío si no un Romano, el centurión cuyo criado había sanado.

Al igual que el maestro, también Pedro, el vicario de Cristo, se encuentra con otro centurión que también da muestras de fe y hambre de Dios. No solo era un pagano, sino también un oficial del tiránico ejercito romano. Aun no había asistido al RICA, ni había recibido los sacramentos de la iniciación cristiana y sin embargo Dios derramara el Espíritu Santo sobre él y sus acompañantes. ¿Cómo podría Pedro negarles a estos enemigos los sacramentos del Espíritu, cuando Dios no había vacilado en darles a ellos una medida generosa de este mismo Espíritu? Alguien dijo alguna vez que “Catolicismo” significaba “¡Aquí vienen todos!” En otras palabras, la familia de Dios está abierta a extranjeros y paisanos, enemigos y amigos.

La Iglesia se asemeja a una corporación multinacional también en otro aspecto: Tiene negocios muy serios que atender. Nuestra segunda lectura y el evangelio resumen este negocio en una sola palabra: amor. Si juntamos este concepto con el mensaje de la primera lectura, encontramos la misión y un buen nombre para una corporación católica– “Amor Ilimitado”. En cierta forma, los seres humanos privados de la gracia son capaces de amar, tal como lo señala C.S. Lewis en su brillante libro, “Los cuatro amores”. Pero siempre es un amor limitado. Es limitado en extensión – amamos nuestro propio país, nuestra propia familia, nuestro propio conyugue, nuestros propios amigos. Usualmente también es limitado en intensidad – a menudo estamos dispuestos a amar siempre y cuando no nos cueste mucho.

Pero el amor del que se encarga la iglesia es la caridad. Es amor divino que se entrega sin límites a todos, sin excepción. Es un amor imposible para los seres humanos sin el poder divino del Espíritu Santo que fue derramado sobre los 120 el día de Pentecostés y sobre Cornelio y sus acompañantes aquel día en Cesárea. La primera carta de Juan nos dice que cuando Dios ofreció a su propio hijo desmostró la verdadera naturaleza de este amor. Juan también nos enseña como identificar aquellos por cuyas venas fluye la vida de Dios – simplemente hay que validar si este mismo tipo de amor se evidencia en sus vidas.

Amar de esta manera es un privilegio y una obligación para el cristiano, pero tmabien es motivo de gozo. De hecho, el verdadero gozo espiritual es lo que todo ser humano anhela. Pero sin la experiencia de recibir y dar este amor divino, nunca podremos encontrar esta dicha.

¿Por qué San Francisco de Asís y la Madre Teresa no tenían nada y sin embargo estaban tan llenos de esta dicha? Porque lo dieron todo, de la misma forma que Dios lo hizo. Dios ama sin limites y vivir una vida de amor significa tener una intima amistad con Dios.

Finalmente, de eso se trata. Las doctrinas, los sacramentos, el derecho canónico, las costumbres, las tradiciones y las devociones, todas están diseñados para expresar y profundizar esta intima unión con Dios, esta emocionante aventura de amor que nos llena de mas gozo del que jamás imaginamos.

martes, 3 de noviembre de 2009

Si el grano de trigo...



Por Marcellino D'Ambrosio
Fuente: The Crossroads
Todos queremos lo mejor para nuestros seres queridos. Sin embargo, mientras luchamos por lograrlo nos damos cuenta de la realidad. “Lo mejor” resulta ser muy caro, ya sea que hablemos de casas, automóviles o colegios. Conseguirlo costaría mucho tiempo y dinero e incluso tal vez hasta sangre, sudor y lágrimas.

Entonces, se nos presenta la oportunidad de una “revisión de agallas”. ¿Qué tanto deseamos lo mejor? ¿Será que nuestro deseo es tan intenso como para impulsarnos hasta la meta? ¿O terminaremos conformándonos por algo inferior?

Mientras la cuaresma llega a su final abriéndole el paso a la Semana Santa, las lecturas de la liturgia ya no se enfocan en nuestra necesidad de redención, si no en la dramática elección que ha de enfrentar nuestro redentor. Había bajado de la gloria celestial a la simplicidad del establo. Dejo a su madre por una banda de discípulos veleidosos que no le comprendía. Ya esto era lo suficientemente duro. Sin embargo, si había de cumplir con el plan del Padre para liberarnos de las ataduras del pecado, se requeriría más de él. La epístola de este domingo nos habla sobre las lagrimas de Jesús y de su clamor a Dios, recordándonos la agonía que experimentó en el huerto. El huerto del Getsemaní, por cierto, se encuentra en la ladera de una montaña. Nuestro Señor habría visto a los guardias acercándose con antorchas desde muy lejos, mientras se movían en el valle Cedrón. Él los vio venir y pudo simplemente caminar hasta la cumbre del Monte de los Olivos y desaparecer en el páramo de judío.

A decir verdad, él los “vio venir” con muchas semanas de anticipación y pudo haberlos eludido en cualquier momento. Pero su ardiente deseo de salvarnos era mayor que su aversión natural a la tortura. Su amor es más fuerte que la muerte. Si el grano de trigo no cae al suelo y muere, sigue siendo solo un grano. Pero si muere, produce mucho fruto. Jesús sabía que su muerte traería frutos más allá de lo imaginable. Y dar frutos es más importante que permanecer en la comodidad y la seguridad.

Expresamos nuestro gran agradecimiento por este amor en la Eucaristía, recordándolo de manera más solemne durante la Semana Santa. Pero el Señor nos llama no solo a recordarlo, mas aun a imitarlo. Más que creyentes, estamos llamados a ser discípulos. Jesús perdió su vida humana, pero a cambio recibió una humanidad nueva que supera los límites de la humanidad que conocemos.

Todos nos aferramos a nuestras vidas, con personas, lugares cosas y actividades con las que nos sentimos cómodos. Pueda que mi vida no sea perfecta, pero es mía. El Señor me invita no solo a sacrificar mis postres por unas semanas, si no también a sacrificarme a mí mismo. Me invita a renunciar a mis planes y poner mi destino en sus manos. De hecho, eso es lo que el bautismo significa: ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mi (Gal 2:19b-20). Ahora es Jesús quien dirige mi vida. He puesto en el altar todo lo que es de valor para mí y solo lo tomaré si el Señor me lo regresa.

¿Por qué haríamos algo tan radical? Solo si verdaderamente creemos que al sembrar la semilla de nuestras vidas y sueños en el suelo fértil de la viña del Señor produciremos muchos frutos. Para que al igual que los apóstoles, podamos crecer más allá de lo que esperamos y que el Señor haga a través de nosotros, como lo hizo a través de ellos, más de lo que jamás soñamos.

Esta es la gran pregunta: ¿Acaso el dar mucho fruto es más importante es más importante para ti que estar cómodos, a salvo o seguros?




lunes, 2 de noviembre de 2009

DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS


"Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios." San Agustín"
2 de noviembre - Día de los fieles Difuntos (Todos los días podemos rezar por las almas de los difuntos, no solo esta fecha. En realidad se colocó una fecha al año, por aquellas almas que no tienen quien rece por ellas)
LAS TRES IGLESIAS
Se llama Iglesia a la asociación de los que creen en Jesucristo. La Iglesia se divide en tres grupos:
Iglesia triunfante: los que ya se salvaron y están en el cielo (los que festejamos ayer).
Iglesia militante: los que estamos en la tierra luchando por hacer el bien y evitar el mal.
Iglesia sufriente: los que están en el purgatorio purificándose de sus pecados, de las manchas que afean su alma.
El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado por el Papa Juan Pablo II en 1992, es un texto de máxima autoridad para todos los católicos del mundo, y dice cinco cosas acerca del Purgatorio:
1ª. - Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma. (1030).
2ª. - La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. La Iglesia para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: "La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego". (1Cor. 3, 14).
3ª. - La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º. de los Macabeos en la S. Biblia dice: "Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados". (2Mac. 12, 46).
4ª. - La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. (Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: "No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma").
5ª. - San Gregorio Magno afirma: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso".
De San Gregorio se narran dos hechos interesantes:El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños para darle las gracias, porque por esas misas había logrado salir del purgatorio. El segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: "Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio".
Desde tiempos de San Gregorio (año 600), se ha popularizado mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.
A San Agustín le preguntó ana vez uno: "¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?" El gran Santo, San Agustin, le respondió: "Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él".
¿No rezaremos más por los difuntos? ¿No vamos a ofrecer por ellos misas, comuniones, limosnas, y otras buenas obras? Los muertos no vienen a espantar a nadie, pero sí rezan y obtienen favores en favor de los que rezan por ellos.
Por las Benditas Almas del Purgatorio
Dios creó los seres humanos para que disfruten de su Creador viéndole en la Gloria. Sin embargo, nada manchado puede entrar en el Cielo; por lo cual, quienes no sean perfectos deberán purificarse antes de ser admitidos en la presencia de Dios. La Iglesia enseña la existencia del Purgatorio, en donde las almas de los justos que mueren con mancha de pecado se purifican expiando sus faltas antes de ser admitidas en el Cielo. Entre tanto pueden recibir ayuda de los fieles que viven en la tierra.Almas de los justos son aquellas que en le momento de separarse del cuerpo, por la muerte, se hallan en estado de gracia santificante y por eso tiene derecho a entrar en la Gloria. EL juicio particular les fue favorable paro necesitan quedar plenamente limpias para poder ver a Dios "cara a cara"."Manchas de pecado" quiere decir el castigo temporal que es debido por los pecados mortales o los veniales, ya perdonados en cuanto a la culpa, pero que en la hora de la muerte no están totalmente libres de castigo correspondiente a la culpa. "Manchas de pecado" puede referirse también a los pecados veniales que, al morir, no habían sido perdonados ni en cuanto a la culpa ni en cuanto a la pena.
La Iglesia entiende por Purgatorio el estado o condición bajo el cual los fieles difuntos están sometidos a purificación.
La doctrina de la Iglesia sobre el Purgatorio encuentra fundamento en la Biblia. EL texto de 2 Macabeos 12,46, da por supuesto que existe una purificación después de la muerte. Asimismo, las palabras de nuestro Señor: "El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo no será perdonado, ni en este mundo ni en el otro" (Mt 12,32). Se llega a semejante conclusión en el texto de 1 Corinitios 3, 11-15.En la Iglesia católica la práctica de rezar por las benditas almas del Purgatorio está basada sobre la fe en la Comunión de los Santos.
Los miembros del Cuerpo Místico pueden ayudarse unos a otros, mientras estén en la tierra y después de la muerte. Si nos fijamos en las oraciones litúrgicas de la Iglesia vemos claramente que se invoca con frecuencia a los Angeles y a los Santos en favor de la Iglesia sufriente o Purgatorio, pero siempre para que intercedan por ella. Toda persona en estado de gracia puede orar con provecho por las benditas almas; probablemente es necesario, al menos, hallarse en estado de gracia santificante para ganar las indulgencias por los difuntos.
El Concilio Vaticano Segundo hizo profesión de fe en la Iglesia Sufriente diciendo: "Este Sagrado Concilio recibe con gran piedad la venerable fe de nuestros hermanos que se hallan en gloria celeste o que aun están purificándose después de la muerte".Aunque no sea doctrina definida, se mantiene como doctrina común que sufrimiento mayor del Purgatorio consiste en la "pena de ausencia", porque las almas están temporalmente privadas de la visión beatifica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas del Infierno. Es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios algún día cara a cara. Las almas lo llevan con paciencia, pues comprenden que la purificación es necesaria. La aceptan generosamente por amor de Dios y con perfecta sumisión a su voluntad.Es probable que las penas del Purgatorio van disminuyendo gradualmente de manera que en las etapas finales no podemos comparar los sufrimientos de este mundo con los que padece un alma próxima a la visión de Dios. Pero las almas experimentan también inmensa alegría espiritual. Están totalmente ciertas de su salvación. Tiene fe, esperanza y caridad. Saben que ellas mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia y sin poder ofenderle.
Aunque las almas en el Purgatorio no pueden merecer, sin embargo pueden orar y obtener el fruto de la oración. El poder de su oración depende del grado de santidad. Es cierto que pueden orar por los que viven en la tierra. Por la Comunión de los Santos entendemos que están unidas a la Iglesia militante. Debemos animarnos a invocar su ayuda con la confianza de que ellas nos escuchan. Entienden perfectamente nuestras necesidades, por que las experimentaron y porque están agradecidas a las oraciones, sacrificios y santas Misas que ofrecemos por ellas.
Oración propia de la novena
Padre Misericordioso, en unión con la Iglesia Triunfante del Cielo, te suplico tengas piedad de las almas del Purgatorio. Recuerda tu eterno amor por ellas y muéstrales los infinitos méritos de tu amado Hijo. Dígnate librarles de penas y dolores para que gocen de paz y felicidad. Dios, Padre celestial, te doy gracias por el don de perseverancia que has concedido a las almas de los fieles difuntos.Amable Salvador, Jesucristo. Eres el Rey de reyes en el país de la dicha. Te pido que por tu misericordia oigas mi oración y liberes las almas del Purgatorio, en particular, N……..Llévalas de la prisión de las tinieblas a la luz y libertad de los hijos de Dios en el reino de tu gloria. Amable salvador, te doy gracias por haber redimido las pobres almas con tu preciosísima Sangre, salvándolas de la muerte eterna.Dios Espíritu Santo, enciende en mi el fuego de tu divino amor. Aviva mi fe y confianza, acepta benignamente las oraciones que te ofrezco por las almas que sufren en el Purgatorio.

EL PRESENTE Y EL FUTURO DEL REINO DE DIOS

P. Héctor Ortiz Vidal

Creo que la metáfora del “Reino de Dios” puede ayudarnos a profundizar nuestra comprensión de “la Iglesia y la Transformación”. La misma constituyo el principal tema en el ministerio de Jesús.

El teólogo Hans Kung, en su voluminoso libro De Cristología “Ser Cristiano” (Ediciones Cristiandad, Madrid, España:1987), define el Reino de Dios simplemente como “la causa de Dios en el mundo”. En efecto, el Reino de Dios no se refiere sólo un lugar, sino al reinado, a la actividad, al dominio, al gobierno, al orden de Dios en el mundo. El reinado de Dios equivale a la causa de Dios.

“No es un nuevo territorio sino un nuevo orden” nos dice el teólogo brasileño Leonardo Boff “Jesucristo el Liberador” (Buenos Aires: Latino- América Libros, 1974, paginas 71 en adelante).

El mismo Kung, resume el concepto de Jesús del Reino en contraste con las concepciones y expectativas de su época:
1. El Reino de Dios no es solamente el gobierno continuo de Dios desde los albores de la creación, como lo entendían los líderes de Jerusalén, sino el futuro Reino escatológico de Dios.
2. El Reino de Dios no es la democracia o como los revolucionarios zelotes querían establecer por la fuerza, sino la inmediata e irrestricta soberanía de Dios sobre todo el mundo, a ser esperado sin recurrir a la violencia.
3. El Reino de Dios no es el juicio vengativo a favor de una élite de los perfectos, como la entenderían los esenios y los monjes de Qumran, sino las buenas noticias de la infinita bondad y la gracia incondicional de Dios, particularmente de los abandonados e indigentes.
4. El Reino de Dios no es un reino construido por los seres humanos mediante el exacto cumplimiento de la ley y de la más alta moralidad tal como lo entenderían los fariseos, sino un reino a ser creado por un acto libre de Dios.

¿Qué es entonces, para Jesús, el reinado de Dios?

1. Será un Reino donde, de acuerdo con la oración de Jesús, el nombre de Dios será verdaderamente santificado, su voluntad hecha en la tierra, los humanos tendrán todo en abundancia, todo pecado será perdonado y todo mal será vencido.

2. Será un Reino donde, de acuerdo con las promesas de Jesús los pobres, los hambrientos, los que lloran y son quebrantados serán reivindicados; donde el dolor y el sufrimiento y la Muerte terminarán.

3. Será un Reino que no puede ser descrito, sino dado a conocer en metáforas: como el nuevo pacto, la semilla que crece, la cosecha madura, el gran banquete, la fiesta real.

4. Será, por lo tanto, un Reino, tal como los profetas lo anunciaron, de absoluta justicia, de intrépido amor, de reconciliación universal, de paz eterna. En este sentido, por consiguiente, será un tiempo de salvación, de plenitud, de consumación, de la presencia de Dios: el futuro absoluto.

Proclamar el evangelio del Reino de Dios nos dice el erudito bíblico Oscar Cullman es afirmar la tensión existencial que produce “el ya” y “el todavía no” del mismo. El Reino de Dios ya irrumpió en la historia y ahora solo falta su consumación futura

domingo, 1 de noviembre de 2009

DÍA DE TODOS LOS SANTOS




Diez ideas breves, sencillas y claves sobre el sentido y necesidad de la solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre).

El 1 de noviembre es la solemnidad litúrgica de Todos los Santos, que prevalece sobre el domingo. Se trata de un popular y bien sentida fiesta cristiana, que al evocar a quienes nos han precedido en el camino de la fe y de la vida, gozan ya de la eterna bienaventuranza, son ya -por así decirlo- ciudadanos de pleno derecho del cielo, la patria común de toda la humanidad de todos los tiempos.
* * *
1.- El día de Todos los Santos cuenta un milenio de popular y sentida historia y tradición en la vida de la Iglesia. Fueron los monjes benedictinos de Cluny quienes expandieron esta festividad,
2.- En este día celebramos a todos aquellos cristianos que ya gozan de la visión de Dios, que ya están en el cielo, hayan sido o no declarados santos o beatos por la Iglesia. De ahí, su nombre: el día de Todos los Santos.
3.- Santo es aquel cristiano que, concluida su existencia terrena, está ya en la presencia de Dios, ha recibido –con palabras de San Pablo- “la corona de la gloria que no se marchita”.
4.- El santo, los santos son siempre reflejos de la gloria y de la santidad de Dios. Son modelos para la vida de los cristianos e intercesores de modo que a los santos se pide su ayuda y su intercesión. Son así dignos y merecedores de culto de veneración.
5.- El día de Todos los Santos incluye en su celebración y contenido a los santos populares y conocidos, extraordinarios cristianos a quienes la Iglesia dedica en especial un día al año.
6.- Pero el día de Todos los Santos es, sobre todo, el día de los santos anónimos, tantos de ellos miembros de nuestras familias, lugares y comunidades.
7.- El día de Todos los Santos es igualmente una oportunidad para recordar la llamada a la santidad presente en todos los cristianos desde el bautismo. Es ocasión para hacer realidad en nosotros la llamada del Señor a que seamos perfectos- santos- como Dios, nuestro Padre celestial, es perfecto, es santo.
Se trata de una llamada apremiante a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad según nuestros propios estados de vida, de consagración y de servicio. En este tema insistió mucho el Concilio Vaticano II, de cuya clausura se celebran ahora los 40 años. El capítulo V de su Constitución dogmática “Lumen Gentium” lleva por título “Universal vocación a la santidad en la Iglesia”.
Y es que la santidad no es patrimonio de algunos pocos privilegiados. Es el destino de todos, como fue, como lo ha sido para esa multitud de santos anónimos a quienes hoy celebramos.
8.- La santidad cristiana consiste en vivir y cumplir los mandamientos. “El santo no es un ángel, es hombre en carne y hueso que sabe levantarse y volver a caminar. El santo no se olvida del llanto de su hermano, ni piensa que es más bueno subiéndose a un altar. Santo es el que vive su fe con alegría y lucha cada día pues vive para amar”. (Canción de Cesáreo Gabaraín).
“El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo”. (Benedicto XVI)
9.- La santidad se gana, se logra, se consigue, con la ayuda de la gracia, en tierra, en el quehacer y el compromiso de cada día, en el amor, en el servicio y en el perdón cotidianos. “El afán de cada día labra y vislumbra el rostro de la eternidad”, escribió certera y hermosamente Karl Rhaner. El cielo, sí, no puede esperar. Pero el cielo –la santidad- solo se gana en la tierra.
10.- Por fin, el día de Todos los Santos nos habla de que la vida humana no termina con la muerte sino que abre a la luminosa vida de eternidad con Dios. El día de Todos los Santos es la catequesis y celebración de los misterios de nuestra fe relativos al final de la vida, los llamados “novísimos”: muerte, juicio, eternidad.
* * *
Y por ello, al día siguiente a la fiesta de Todos los Santos, el 2 de noviembre, celebramos, conmemoramos a los difuntos. Es día de oración y de recuerdo hacia ellos. Es día para saber vivir la vida según el plan de Dios. Es día, como el día, en el que la piedad de nuestro pueblo fiel visita los cementerios.
Todo el mes de noviembre está dedicado especialmente a los difuntos y a las ánimas del Purgatorio.