viernes, 6 de noviembre de 2009

La Esperanza (I)

Padre Rubén Francisco Bellante
Fuente: Contenido del Programa Palabras de Vida (Radio María)


Dice San Pablo “ninguna condenación hay para quienes están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al espíritu. Los que son de la carne piensan en cosas de la carne, los que son del espíritu en las cosas del espíritu”Por eso Espíritu Santo, al sentirnos tan débiles, tan frágiles, tan vulnerables, tan imperfectos, cada uno pero también cada familia, nuestra nación que se apresta a vivir un acto eleccionario, en libertad, en responsabilidad, en conciencia con madurez cívica te pide Padre envíanos a través de Jesús el Espíritu Santo. Ven E. Santo, ven Espíritu de Dios, déjame hablarte en nombre de muchos, en nombre de hombres y mujeres a lo largo y ancho de nuestra patria.


Que los hombres y mujeres jóvenes y adultos que estamos en lucha, que estamos en oscuridad que estamos en soledad. Las luchas contra las tentaciones, la lucha de las pasiones, la inmensa y continua lucha de un cristiano en el mundo que quiere ser luz, levadura, fermento, savia. Lucha de la juventud, lucha de la edad madura, lucha de la vejez que quiere perseverar con tu Gracia, sin caer en el sin sentido de la vida, en la frivolidad, en el cholulaje, en el egoísmo, en la indiferencia el individualismo, en el que me importa. La lucha contra el odio por el amor verdadero que es vida, la lucha contra la miseria de todo tipo sobre todo esa miseria moral que esta avasallando nuestra patria con la droga, con el juego compulsivo, con el sin sentido.


Con un montón de nombres en listas de papel que mañana pondremos en un sobre y una urna pero sin propuestas claras, sin ideas claras. La lucha contra la avaricia que parece dominarlo todo el poder por el poder mismo, contra la tentación de la riqueza. La lucha contra la pusilanimidad a la tristeza a la depresión, el desánimo, el desaliento al “no vale la pena” Lucha contra la soberbia que es propio de los estúpidos, los necios. Vos sos Espíritu Santo la fortaleza y el consejo. Ven Espíritu Santo, ven mira a los que estamos en oscuridad, la oscuridad del pecado, la oscuridad del error, la oscuridad de la desgracia, del dolor.


Vos sos la luz de Dios, la luz que revela el sentido de todo. Vos iluminas el dolor, lo aclaras, lo haces aceptable y le das una profunda belleza. Sin tu luz no hay nada en el mundo ni en el ser humano que no sea nocivo o peligroso. Ven Espíritu Santo, ven a los que están en soledad, fíjate como hay de soledades en el mundo, acércate a los hogares, hay muchos que están abandonados. En unos falta el hombre que se fue con otra mujer, en otros falta la mujer que se fue con otro hombre rompieron la unidad del matrimonio, de la familia y aunque se disimulen viven replegados en si mismo, incluso los hijos en una gran soledad.


Cuantos abandonados! Cuantas soledades hay en el mundo, en los pueblos en la ciudad pero vos Espíritu Santo que penetras con tu mirada de luz, contemplas no solo la soledad material, el abandono corporal sino sobre todo el abandono espiritual. Los que están cerca con sus cuerpos pero lejos en sus almas, en sus corazones porque la frialdad a inundado sus vidas.


Es que no se comprenden, que no se aman, que no se buscan, que no dialogan que no se inquietan unos por otros, que no han aprendido a comprenderse, a tolerarse, a valorarse. Ven Espíritu Santo, vos sos la unidad con Dios y la unidad en los corazones de los seres humanos Ven Espíritu Santo, ven. Ven a través de la poderosa intersección del Corazón Inmaculado de María Reina de la Paz.

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