sábado, 10 de abril de 2010

La Fiesta de la Divina Misericordia

HORA DE LA DIVINA MISERICORDIA: LAS TRES DE LA TARDE

"Suplica a mi Divina Misericordia, pues es la hora en que mi alma estuvo solitaria en su agonía, a esa hora todo lo que me pidas se te concederá, (es la hora en que Jesús derrama sus gracias especiales sobre toda la humanidad, aunque sea por un brevísimo instante sumérgete en oración de preferencia, ora La Coronilla y Dios te llenará de múltiples bendiciones), yo protegeré a todas las casas, ciudades y naciones donde veneren mi imagen."
"A todo aquel que rece La Coronilla diariamente, le haré triunfador en esta vida y también en la otra, y a la hora de su muerte yo vendré a acompañarle a bien morir en su último suspiro."
"Protegeré como una madre lo hace con su hijo a todo aquel que durante su vida me venere, y nada de lo que me pidan a las tres en punto de la tarde les será negado. A los sacerdotes que proclamen y ensalcen mi imagen y la difundan y hagan conocer La Coronilla, les otorgaré un poder extraordinario y ungiré sus palabras, y tocaré los corazones de aquellos con quienes hablen de Mí."
"Hablen de Mí todos aquellos que me conocen y difundan la enseñanza de La Coronilla. Pido nuevamente que lo hagan a las tres de la tarde, a esa hora derramare sobre toda la humanidad que ore, un sin número de gracias, cubriré con el agua de mi costado y con la sangre de mi corazón a todo aquel que a Mi se acerque."
El rayo blanco es el agua de Su costado, y el rayo rojo es Su sangre derramada por los pecados del mundo. Todo el que se acerca a Él con fé y se lo pide, cambia su vida.

"Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo ya aquí en la tierra la victoria sobre el enemigo y sobretodo a la hora de la muerte, Yo mismo la defenderé como a mi propia gloria... Ofrezco a los hombres el vaso con el que han de venir a recoger las gracias a la fuente de la Misericordia". "A las almas que difunden el culto de mi Misericordia, las protejo a lo largo de su vida como una madre cariñosa protege a su niño todavía lactante. A la hora de su muerte no seré para ellas su juez sino su Salvador misericordioso. En aquella última hora no hay para el alma más que una sola protección: MI MISERICORDIA"...

"Yo preservaré a las ciudades y casas en las cuales se encontrase esta imagen".

"Yo también protegeré a aquellas personas que veneren esta Imagen y tengan confianza en mi Misericordia".
Palabras de Jesús a Santa Faustina Kowalska:
“Me queman las llamas de la Misericordia, deseo derramarlas sobre las almas, y las almas no quieren creer en mi bondad. Oh, qué dolor me dan cuando no quieren aceptarlas (...) Dile a la humanidad doliente que se abrace a mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré de paz”. “La humanidad no encontrará la paz hasta que no se dirija con confianza a mi Misericordia”.
"De todas Mis llagas, como de arroyos, fluye la misericordia para las almas, pero la herida de Mi Corazón es la Fuente de la Misericordia sin límites, de esta fuente brotan todas las gracias para las almas".
“El alma que confíe en mi Misericordia no perecerá, ya que todos sus asuntos son míos. El alma más feliz es la que confía en mi Misericordia, pues Yo mismo la cuido”.
"Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión".
"Hija Mía, escribe que cuanto más grande es la miseria de un alma tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia e invita a todas las almas a confiar en el inconcebible abismo de Mi misericordia, porque deseo salvarlas a todas. En la cruz, la Fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna".
"Que los más grandes pecadores pongan su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia..."

viernes, 9 de abril de 2010

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS Y EL DON DE LA INCORRUPTIBILIDAD


De “La Encarnación del Verbo”, de San Atanasio

P. Enrique González VE
Nuestro Señor Jesucristo, el Verbo de Dios, se encarnó para nuestra salvación, y por medio de su muerte obró para nosotros la redención, ya que no es de otra manera que por la cruz como debía obrar la salvación de todos.

Ahora bien, después de su muerte, no pasó mucho tiempo para que él nos mostrase el fruto de su victoria, resucitó muy pronto. Pero era muy conveniente que resucitase al tercer día; porque si lo hubiera hecho al mismo momento de la muerte se habría pensado que no había muerto, por eso para mostrarnos que realmente había muerto dejó pasar tres días. Tampoco dejó pasar más tiempo, porque se correría el riesgo del olvido, y además se podría haber pensado que se trataba de otro cuerpo. El Señor resucitó en el momento justo cuando aún tenían en los oídos el sonido de su voz, cuando los ojos (de los discípulos) le esperaban todavía y sus espíritus estaban en suspenso… fue ahí cuando mostró inmortal e incorruptible su cuerpo, que durante tres días había estado muerto. Y de este modo nos demostró que si su cuerpo había muerto no se debía a la debilidad del Verbo que habitaba en él, sino para destruir la muerte en su cuerpo con el poder del Salvador.

Jesucristo verdaderamente destruyó la muerte con su muerte, de manera que ésta no tenga más fuerza en adelante, y como ejemplo de esto, dice el Santo, los discípulos de Cristo desprecian la muerte; es más se lanzan contra ella; así tenemos el ejemplo de tantos mártires que han dado su sangre por Aquel que es la vida, sabiendo que muriendo no perecen sino que viven, y que la resurrección los volverá incorruptibles, siendo de este modo destruido verdaderamente el diablo que atacaba a los hombres con la muerte. ¿Dónde está, muerte, tu victoria; dónde, infierno, tu aguijón? (1Co 15,55).

El hombre, que por naturaleza teme la muerte y la disolución de su cuerpo; después de revestirse de la fe de la cruz, desprecia este sentimiento natural y por Cristo no teme la muerte. Ya que es Él quien nos ha conseguido esta victoria, con su ascenso a la cruz aniquiló y venció a la muerte. Ejemplo y testimonio de que la muerte no tiene más poder sobre el hombre la dan ejemplarmente los mártires (podemos pensar en todos los que han habido en el siglo que pasó), también los cristianos que mueren santamente, con la esperanza en la resurrección (incluso entre niños tenemos el ejemplo de Antonieta de Meo).

Todo esto nos muestra que la muerte ha sido aniquilada y que la Cruz de Cristo es un trofeo conseguido sobre ella, que el Salvador ha resucitado su cuerpo para siempre inmortal. Ya que si la muerte ha sido muerta con Él ¿qué le faltaba sino resucitar con un cuerpo glorioso? Con su resurrección hizo visible su triunfo.

Otro testimonio de que el Señor está vivo y actúa lo tenemos en que solamente los que viven tienen acción e influencia sobre los hombres, y de este modo el Señor cada día persuade invisiblemente una multitud de gente a creer en su doctrina. ¿Es acaso un muerto capaz de penetrar el corazón de los hombres, y hacerles abrazar su doctrinas? Y si no está actuando porque está muerto. ¿Cómo es que hace cambiar a los hombres de actividad? Que el homicida no mate más, que el injusto obre la justicia, que el impío sea piadoso… persuade a la virtud, enseña la inmortalidad, conduce al deseo del cielo, revela el conocimiento del Padre, inspira la fuerza contra la muerte. Todo esto no es la obra de un muerto sino de un vivo y especialmente de un Dios.

Es de este modo que el Hijo de Dios, vivo y activo, está actuando cada día y opera la salvación de todos. Él que tomó un cuerpo y lo hizo suyo, para nuestra salvación. No podía no morir porque tomó un cuerpo mortal. Pero no era posible que permaneciese en la muerte, puesto que había sido el templo de la vida. Así ha muerto como mortal, pero recobró la vida por la vida que había en Él.

Por tanto nosotros, cristianos, religiosos debemos ser testigos y testimonios con nuestras vidas de esta resurrección, crucificando en nosotros todas aquellas cosas que son muerte, las obras del diablo, del mundo y de la carne; renaciendo a una vida nueva, mostrando y testimoniando aquellas realidades celestes por medio de los votos, signos de la vida angélica.

Le pedimos a Maria, Madre del Verbo Encarnado esta gracia.

jueves, 8 de abril de 2010

NUESTRA RESURRECCIÓN (II)


¿Cómo será la resurrección?

El apóstol Pablo se hace esta pregunta: "¿Y cómo resucitan los muertos?, ¿qué clase de cuerpo traerán?" (1Cor 15,44). Y da la siguiente respuesta: "Se resucita con un cuerpo espiritual". Ahora bien, ¿qué quiere decir eso del "cuerpo espiritual"?

En la teología de San Pablo, "cuerpo" designa al hombre entero, interior y exterior, cuerpo y alma (2Cor 4,16; Rom 7,22-23; 1Cor 9,27; 13,13; Flp 1,20). Por su parte, la "carne" designa lo débil, mortal, transitorio, lo propio humano con sus limitaciones (1Cor 5,5; 7,28; 2Cor 10,3; 11,18; Flp 3,3-4); por eso expresa también la debilidad moral, el estrato del ser donde arraiga el pecado (Rom 7,25) y, en definitiva, la situación humana rebelde contra Dios (Rom 2,28-29). Finalmente, "espíritu" se opone, no a cuerpo, sino a carne: "Las tendencias de la carne son la muerte, pero las del espíritu son vida y paz" (Rom 8,6).

Todo esto quiere decir que el hombre, según el pensamiento bíblico, no se compone de cuerpo y alma, como dos realidades separables. El hombre entraña esencialmente corporalidad. Por tanto, la verdadera liberación del hombre no está en el abandono del cuerpo, sino en la orientación total de toda la persona hacia Dios. Por consiguiente, con la expresión "cuerpo espiritual" Pablo quiere decir que, por la resurrección, el hombre entero queda radicalmente lleno de la realidad divina y así es liberado de todas sus alienaciones y limitaciones, como la debilidad, el dolor, la incapacidad de amar y comunicarse, el pecado y la muerte.

En consecuencia, el hombre resucita, no a la vida biológica, sino a la vida eterna, ya nunca amenazada por la muerte, ni aun siquiera por cualquier tipo de limitación. Esta certeza acaba con el carácter dramático de la muerte. La muerte no es la última palabra sobre el destino humano. La última palabra sobre el destino del hombre es la vida. Y por cierto, la vida sin ningún tipo de limitación.

miércoles, 7 de abril de 2010

NUESTRA RESURRECCIÓN


¿Cuándo tendrá lugar la resurrección?

Según la concepción de la teología tradicional, la resurrección tendrá lugar al final de los tiempos, cuando venga el fin del mundo y se consume la historia. Esta concepción tiene su fundamento en tres afirmaciones básicas: a) la muerte no es total: afecta sólo al cuerpo del hombre; b) la resurrección tampoco es total: afecta solamente al cuerpo; c) el hombre es fundamentalmente un compuesto de dos sustancias incompletas, cuerpo y alma.

Ahora bien, esta concepción no tiene su fundamento en la Biblia, sino en la filosofía griega, concretamente en el pensamiento platónico. Porque, como ya he dicho, según el pensamiento bíblico, el hombre entraña esencialmente corporalidad. Por lo tanto, la idea de un hombre sin cuerpo es completamente ajena a la revelación bíblica. ¿Qué quiere decir esto en consecuencia? Quiere decir que la idea de un hombre gozando de Dios en el cielo, pero sin cuerpo (aunque sólo sea por algún tiempo, hasta el fin del mundo), es una idea que tiene su fundamento más en la filosofía platónica que en la revelación bíblica. O, mejor dicho, tiene su fundamento simplemente en la filosofía platónica, pero no en la revelación de la Biblia.

Entonces, ¿qué nos dice la Biblia sobre este asunto? Según el pensamiento de San Pablo, el bautismo nos hace participar de la muerte y la resurrección de Cristo (Rom 6,1-11; Col 2,12). Esta participación en la resurrección se presenta como un acontecimiento futuro, en los primeros escritos de Pablo (1Tes 4,15-17; Rom 6,5). Pero en los escritos posteriores se llega a presentar como un acontecimiento ya realizado (Col 2,12; Ef 2,6). Por consiguiente, según el pensamiento de Pablo, la resurrección (que implica también corporalidad) se ha realizado ya. Lo que llamamos la muerte es el paso a la resurrección definitiva. En consecuencia, se puede decir, con todo derecho, que la resurrección acontece en el mismo momento de la muerte.

Esta idea está aún más clara en la enseñanza del evangelio de Juan. Es verdad que en ese evangelio se afirma la resurrección para el último día, como creían los judíos (Jn 6,39-40.44.54.11,24). Pero también es cierto que quien cree en Jesús tiene ya la vida eterna (Jn 5,24; 6,40.47), ha pasado de la muerte a la vida y ya no muere más (Jn 5,24-25; 11,26). De ahí la lapidaria afirmación de Jesús: "Quien haga caso de mi mensaje no sabrá nunca lo que es morir" (Jn 8,51).

martes, 6 de abril de 2010

RESUCITÓ COMO DIJO, ¡ALELUIA! (II)


El encuentro del hombre con el Resucitado
En los evangelios se describen varios "encuentros" de Jesús Resucitado con varios de sus discípulos; hay cosas en común en estas experiencias:
Jesús se "deja ver", para que salgan de su incredulidad y de su desconcierto.
El encuentro afecta a la totalidad de sus personas: transforma el miedo en celo por el evangelio; la ignorancia por sabiduría; la debilidad por fortaleza; la tristeza por alegría. (Gal 1,23)
Les descubre los enigmas de la fe: "se les abren los ojos" "ven y creen".
Los encuentros siempre conducen a una llamada a la evangelización "vayan y digan" (Mt 28, 18-20; Mc 16,15; Lc 24,28; Jn 20,21).
Comprenden que deben vivir su vida cotidiana con otro sentido y otra profundidad, el encuentro con el Resucitado es una experiencia prolongada en la vida. (2Cor 4,10).

Se buscan testigos del Resucitado
Jesús dijo a Tomas: "Tu crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto" (Jn 20, 29)
Estas palabras de Jesús: "Felices los que creen sin haber visto", se refieren a nosotros, a los cristianos de hoy que seguimos encontrando a Cristo Resucitado, aunque "no lo veamos" con los ojos del cuerpo, los efectos que se producen son exactamente los mismos: somos "felices", porque tenemos la certeza de que creemos en algo real; porque tenemos una esperanza diferente a quienes no creen; porque vamos por la vida luchando por hacer realidad el sueño de Jesús: vivir el Reino de Dios entre los hombres.
Piensa, a quién le debes tu fe: ¿a tus padres?, ¿a un sacerdote?, ¿a un catequista?, ¿a algún amigo?. La fe es un don de Dios que recibimos en el bautismo, pero también es consecuencia del testimonio de alguien que ya se encontró con Jesús Resucitado. Quizá tú has sido la causa de la fe de alguna persona. ¡felicidades!, esa es la tarea de todos los cristianos.
Pero…. si tu eres alguien que siente que su fe no es firme, es probablemente porque no has hallado a alguien que te de testimonio de su encuentro con Jesús Resucitado, ¿o no lo has querido ver? ¡no te desanimes!. Vale la pena que busques entre las personas que conoces; busca a alguien que ya lo haya encontrado, desde luego tienes que entrar en el "ambiente" donde están estas personas: es gente común, pero se distingue en que vive los valores cristianos: la verdad, la justicia, el amor y la paz; seguramente están entre tus compañeros de trabajo o de escuela; quizá entre tus vecinos; ven a Misa los domingos, o acércate a algún grupo parroquial; puedes encontrar aquí a esos testigos de la Resurrección que viven inmersos en el mundo transmitiendo el amor de Jesús de Nazaret.
Cada vez que veas a alguien que vive esos valores del Reino de Dios, es porque es un Testigo del Resucitado; obsérvalo, pregúntale por qué cree y por qué vive de tal manera. Con toda seguridad su testimonio de contagiará y tú también serás un testigo más, ayudando a Jesús a transformar al mundo.

lunes, 5 de abril de 2010

RESUCITÓ COMO DIJO, ¡ALELUIA!


¿Qué se entiende por Resurrección de Jesús?
La Resurrección de Jesús es un HECHO REAL, HISTÓRICO -como todo lo que dicen los Evangelios sobre Jesús de Nazaret- y META HISTÓRICO, -vá más allá, pues anticipa nuestra propia resurrección-. Cuando pienses en esta VERDAD DE FE, toma en cuenta estas cuatro afirmaciones:
La resurrección de Jesús no es una vuelta a su vida anterior, para volver a morir de nuevo. Jesús entra en la vida definitiva de Dios; es "exaltado" por Dios (Hch 2,23); es una vida diferente a la nuestra. (Rm 6, 9-10)
Jesús resucitado no es una "alma inmortal", ni un fantasma. Es un hombre completo, con cuerpo, vivo, concreto, que ha sido liberado de la muerte, del dolor, de las limitaciones materiales, con todo lo que constituye su personalidad.
Dios interviene, no para volver a unir el cuerpo y el alma de Jesús, sino que ocurre un nuevo prodigio, una intervención creadora de Dios. El Padre actúa con su fuerza creadora y poderosa, levantando al muerto Jesús a la vida definitiva y plena.
No se trata de que Jesús resucitó "en la fe" de sus discípulos, o "en su recuerdo". Es algo que aconteció verdaderamente en el muerto Jesús y no en la mente o en la imaginación. Jesús realmente ha sido liberado de la muerte y ha alcanzado la vida definitiva de Dios.

Pruebas de la Resurrección.
La máxima obra de Dios, la Resurrección de su Hijo, no tuvo testigos. Sin embargo sí se puede comprobar; hay "evidencias":
El sepulcro vacío.- Los cuatro evangelistas lo mencionan. Lo reconocen incluso los soldados, los sacerdotes y las autoridades romanas. Aunque no es una prueba directa, es un signo especial, es el primer paso para el reconocimiento de la Resurrección. Juan dice: "vió y creyó (20,8).
Las apariciones del Resucitado.- En ellas se basa el argumento definitivo para afirmar la Resurrección. NO FUERON VISIONES subjetivas, sino HECHOS OBJETIVOS, HISTÓRICOS. Se describen (en los últimos capítulos de los evangelios), como presencia real y hasta carnal de Jesús; come, camina, deja que lo toquen, platica con ellos. Son una base sólida de la fe en la Resurrección.
El testimonio de los que creemos.- Aunque no hubo testigos de la resurrección, sí los hay del Resucitado. Quienes lo vieron comenzaron a decir que el "Crucificado estaba vivo" y así es como surge la Iglesia. Nuestra fe procede de los primeros que creyeron y continuamos hoy transmitiendo esa misma fe en Jesús de Nazaret que murió por nosotros, y que RESUCITÓ como primicia de lo que será nuestra propia resurrección. ¡desde hace dos mil años, hombres y mujeres han dado testimonio de la fe en la Resurrección y así seguirá ocurriendo hasta el fin de los tiempos! .