jueves, 8 de abril de 2010

NUESTRA RESURRECCIÓN (II)


¿Cómo será la resurrección?

El apóstol Pablo se hace esta pregunta: "¿Y cómo resucitan los muertos?, ¿qué clase de cuerpo traerán?" (1Cor 15,44). Y da la siguiente respuesta: "Se resucita con un cuerpo espiritual". Ahora bien, ¿qué quiere decir eso del "cuerpo espiritual"?

En la teología de San Pablo, "cuerpo" designa al hombre entero, interior y exterior, cuerpo y alma (2Cor 4,16; Rom 7,22-23; 1Cor 9,27; 13,13; Flp 1,20). Por su parte, la "carne" designa lo débil, mortal, transitorio, lo propio humano con sus limitaciones (1Cor 5,5; 7,28; 2Cor 10,3; 11,18; Flp 3,3-4); por eso expresa también la debilidad moral, el estrato del ser donde arraiga el pecado (Rom 7,25) y, en definitiva, la situación humana rebelde contra Dios (Rom 2,28-29). Finalmente, "espíritu" se opone, no a cuerpo, sino a carne: "Las tendencias de la carne son la muerte, pero las del espíritu son vida y paz" (Rom 8,6).

Todo esto quiere decir que el hombre, según el pensamiento bíblico, no se compone de cuerpo y alma, como dos realidades separables. El hombre entraña esencialmente corporalidad. Por tanto, la verdadera liberación del hombre no está en el abandono del cuerpo, sino en la orientación total de toda la persona hacia Dios. Por consiguiente, con la expresión "cuerpo espiritual" Pablo quiere decir que, por la resurrección, el hombre entero queda radicalmente lleno de la realidad divina y así es liberado de todas sus alienaciones y limitaciones, como la debilidad, el dolor, la incapacidad de amar y comunicarse, el pecado y la muerte.

En consecuencia, el hombre resucita, no a la vida biológica, sino a la vida eterna, ya nunca amenazada por la muerte, ni aun siquiera por cualquier tipo de limitación. Esta certeza acaba con el carácter dramático de la muerte. La muerte no es la última palabra sobre el destino humano. La última palabra sobre el destino del hombre es la vida. Y por cierto, la vida sin ningún tipo de limitación.

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