lunes, 15 de marzo de 2010

Tu aporte es la respuesta





La Iglesia, al ser Madre y preocuparse de las necesidades espirituales y materiales de sus hijos, reclama de ellos oraciones, sacrificios y limosnas. Con estas puede ayudar a los más necesitados: los pobres, las misiones, los seminarios, etc.

Además, la ayuda material que los cristianos tienen obligación de prestar a la Iglesia sirve también para el digno sustento de los ministros y para atender al esplendor del culto: edificios, vasos sagrados, ornamentos, etc.
Por las razones expuestas, es lógico que la Iglesia pida a sus hijos algunas contribuciones, e indica que: "Los fieles tienen el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, de modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las obras apostólicas y de caridad, y el conveniente sustento de los ministros".

La obligación de ayudar económicamente a la Iglesia deriva del hecho de que ésta aunque es divina por
razón de su origen y de su finalidad, se compone de elementos humanos y tiene necesidad de recursos para cumplir su altísimo fin; el mismo Cristo dijo a sus discípulos: "El que trabaja tiene derecho a la recompensa" (Lc 10,7), y San Pablo "Dios ha ordenado que los que predican el Evangelio, vivan del Evangelio" (1 Cor 9,14).

Forma concreta de este precepto
En épocas pasadas este deber se concretaba en la entrega de diezmos -la décima parte- o las primicias - las primeras recolecciones - de los frutos de la tierra y de los animales. Actualmente se ha dispuesto de manera distinta, variando las indicaciones de región en región. En México, la indicación concreta es aportar el equivalente de un día de trabajo al año.

Conviene notar que este precepto no se cumple con la entrega de limosnas eventuales, sino que ha de hacerse una aportación especial, cuya finalidad sea el cumplimiento de este precepto.

Ayudar a la Iglesia obliga en conciencia y en justicia, porque de otra manera no puede atender a los gastos que demanda la dignidad del culto debido a Dios.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

SI TE GUSTA, ¿POR QUÉ NO LO HACES PÚBLICO?