domingo, 20 de diciembre de 2009

Cuarto Domingo de Adviento




A los tres profetas de los Domingos anteriores -Jeremías, Baruc y Sofonías- hoy se une un cuarto ... Es Miqueas, contemporáneo del célebre Isaías. Como este, Miqueas fustigó enérgicamente las injusticias sociales de su tiempo, aunque provenía de una familia campesina, mientras que isaías pertenecía a la clase aristocrática.

Curiosamente, coincide con el origen popular de Miqueas el hecho de que en él encontramos el famoso texto donde se predice el nacimiento del Mesías en un pequeño clan, llamado Efratá, situado en la región de Belén... De ese clan insignificante provenía nada menos que el rey David:

“Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial”
Este texto es citado dos veces en los Evangelios ... La primera en el de san Mateo, cuando los maestros de la Ley le indicaron a Herodes dónde, según las Escrituras, debía nacer el Mesías, para hacérselo saber a los Magos1 ... La segunda, en el Evangelio de san Juan, dentro de una discusión surgida entre la multitud, a propósito de Jesús: unos decían que era el Mesías, y otros que no podía serlo porque aparentemente procedía de Nazaret y “acaso no dice la Escritura -se preguntaban- que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?” 2.

¡Qué contraste tan significativo entre la pequeñez de aquel lugar y la grandeza del Niño que nacería en él! ... Es una constante bíblica el hecho de que Dios realiza sus grandes designios apoyándose no sobre la fuerza, sino sobre la debilidad de los hombres... La descripción que hace Miqueas de este Niño lo confirma ampliamente

“El se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque El será grande hasta los confines de la tierra”.

Cuánto nos enseña esta diferencia entre el criterio divino y el humano a quienes siempre estamos expuestos a valorar más lo que sobresale y llama la atención e, incluso, a sobrevalorarlo! La “avasalladora’ propaganda audiovisual, lo mismo que la carrera cada vez más desenfrenada para imponer un producto o lograr un puesto “de honor”, contribuyen a fomentar semejante actitud.

La profecía de Miqueas que estamos comentando reviste, entonces, una especial importancia... Al anuncio profético hecho a David, mucho tiempo antes, de que su descendencia permanecería para siempre3, y al de Isaías que, según san Mateo, aseguraba la descendencia eterna de aquel rey, gracias a un Niño llamado “Emanuel” -que significa “Dios con nosotros”4- Miqueas agrega el lugar preciso donde nacería ese Niño.

El Mesías, tanto tiempo esperado, sería un “nuevo David”, y como él, un verdadero “pastor” que apacentaría celosamente a su Pueblo, devolviéndole el bienestar “con la fuerza de! Señor”... “iY él mismo será la paz!”, concluye Miqueas, una expresión que nos recuerda la que oiremos en la NOCHEBUENA de los labios de Isaías: “Un niño nos ha nacido, y se le da por nombre: “Príncipe de la paz” 5.

“¡Y El mismo será la paz!”... Recibárnosla y trasmitámosla a cuantos nos rodean, no “verseando”, como se dice ahora, sino “actuando” para hacerla efectiva ... Y como la paz es inseparable de la solidaridad, seamos lo más generosos posible en nuestra colecta de la próxima NAVIDAD, destinada especialmente a paliar las necesidades más urgentes de quienes, por uno u otro motivo, carecen de tantas cosas indispensables.

Además, en el texto de Miqueas se alude a la mujer que, después de todas las tribulaciones de aquel Pueblo, daría a luz al libertador de Israel y restaurador de la dinastía davídica... En esa mujer, nosotros reconocemos a la Virgen María, elegida para ser la portadora al mundo de quien nos reconciliaría con Dios y entre nosotros y nos colmaría de todos los bienes espirituales.

También en ella se dio el paso de la extrema pequeñez a la suma grandeza... María era una humilde “pueblerina” de Nazaret, otra ciudad sin ninguna relevancia religiosa, porque no había dado ningún profeta ...Ella fue saludada por su parienta Isabel como “bendita entre todas las mujeres” -o sea, la mujer por excelencia- y “la madre de mi ‘Señor’“, un título que el Antiguo Testamento reserva a Dios.

¡Qué bien reconoció ella ese contraste entre la grandeza de Dios y la pequeñez humana en el Canto con el que respondió a la felicitación de Isabell “Mi alma cañta la grandeza del Señor, porque El miró con bondad la pequeñez de su servidora” 6 ... Esta humildad y nuestra solidaridad fraternal son dos requisitos esenciales, para preparar de veras, “el camino del Señor”... Para eso celebramos el ADVIENTO, que es la “antesala” navideña

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