lunes, 3 de mayo de 2010

El mandamiento del amor


Cuál es la actitud de Dios que debemos imitar, qué es lo que nos propone este Dios que es padre bueno. Tantas veces lo habrás rezado en el Salmo, el Señor es compasivo y misericordioso, es bueno para este tiempo volver a escucharlo, no podemos decir que honramos a Dios si no imitamos su manera de actuar con nosotros. Dios que es lento a la ira, comprensivo, perdonador, rico en clemencia, por eso la caridad con el que está a tu lado aparece como una consecuencia absolutamente ligada a nuestra fe en Dios.

De hecho San Juan nos lo dice: Quien dice que ama a Dios que no ve y no ama a su hermano que ve, es un mentiroso. Jesús en el Evangelio a concretado mas esta ley del amor, ya no debe regir para los suyos la ley del Talión, ayer lo recordábamos, aunque todavía hoy sea lo mas espontáneo, ojo por ojo, no me habla – yo no le hablo, me critica – yo lo critico.

Los discípulos de Jesús debemos aprender la ley del amor, no vengarse del mal con el mal, intentar vencerlo con el bien, poner la otra mejilla, el amor es dar gratuitamente, lo otro, saludar al que ya nos saluda, tratar bien al que ya nos trata bien, es mas bien un negocio, doy para que me den, entrego para recibir. Cristo no nos enseña solo un estilo civilizado de convivencia sino uno claramente superior basado en el amor gratuito, desinteresado, difícil para este tiempo en que el mundo nos insiste en vivir de manera egoísta, este es un amor bien entendido, ese amor que nos significa siempre callar, el silencio a veces se convierte en cómplice con el mal, a veces el amor incluye la corrección fraterna tantas veces necesaria.

El modelo es Dios, amar a los que no nos aman, eso es imitar a Dios. Hacer el bien a los que nos hacen el mal es divino y requiere de una madurez extraordinaria, tal vez suene extraño esto de hacer el bien a quien te hace el mal es divino, es que la palabra divino la usamos fuera de contexto, y decimos es hermoso, es lindo, y sí, Dios es hermoso y es lindo pero también es exigente y eso es “divino”, solamente desde Dios y con los sentimientos de Jesús podemos amar a quien nos hace el mal, en la venganza siempre hay algo de infantil y adolescente, hay falta de dominio de sí mismo, es necesario que nosotros nos elevemos al nivel de Dios y volvemos a este Dios que hace bien a todos sin depender de ningún límite, sin depender de ninguna decepción, de ningún interés, amar simplemente amar, pues si queremos solo a los que nos quieren ¿qué premio vamos a merecer? No hacen eso mismo los publicanos y los recaudadores de impuesto, dice Jesús, aquellos que eran pecadores públicos, aquellos que traicionaban la causa del pueblo judío.

Nosotros podríamos decir para entender un poco más: ¿no hacen lo mismo los que no creen en Dios, o los que ni siquiera lo conocen? Y si mostramos afecto y amor solo a nuestra gente, ¿qué hacemos de extraordinario?

Hoy Jesús nos vuelve a repetir que tenemos que ir mas allá de lo que naturalmente nuestros sentimientos nos dice, esto es así, hay a nuestro alrededor un círculo de gente fácil de amar, mis amigos cercanos, mis compañeros de trabajo, los que corresponden al amor que yo les doy, los que piensan como nosotros, los que son de nuestra misma raza, de nuestra misma religión, de nuestro mismo partido político, no hay que detenerse aquí, hoy Jesús es claro, es insuficiente.

No hay duda, lo que Jesús trajo fue una propuesta de un hombre y una mujer nuevos superadores de las cadenas del egoísmo y de la venganza. Jesús predicó y no se cansó de testimoniar: no basta amar a los que nos aman también a los que no nos son agradables, a los que nos perjudican, incluso a los que nos quieren mal o nos causan mal.

Oh! Purísima Virgen María,
que en tu Inmaculada concepción fuiste hecha por el Espíritu Santo,
tabernáculo escogido de la divinidad,
ruega por nosotros y haz que el divino paráclito
venga pronto a renovar la faz de la tierra.

Oh! Purísima Virgen María
que en el misterio de la encarnación
fuiste hecha por el Espíritu Santo, verdadera madre de Dios,
ruega por nosotros y haz que el divino paráclito
venga pronto a renovar la faz de la tierra.

Oh! Purísima Virgen María
que estando en oración con los apóstoles en el cenáculo
fuiste inundada por el Espíritu Santo,
ruega por nosotros y haz que el divino paráclito
venga pronto a renovar la faz de la tierra.
Ven Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor,
envía tu Espíritu para darnos nueva vida
y renovarás la faz de la tierra.
Dios, que iluminas los corazones de tus fieles
con las luces del Espíritu Santo,
danos gustar de todo lo recto según el mismo Espíritu
y gozar para siempre de sus consuelos,
por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén

Para leer todo el contenido: Radio María

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