sábado, 9 de enero de 2010

Aporte para la Prédica EL BAUTISMO DEL SEÑOR


Comprender la liturgia con el P. Adelino


Hoy celebramos el Bautismo del Señor. Creo, la liturgia de hoy es muy apropiada para que podamos contestar a las objeciones de muchos de los que somos cristianos y de los que se dicen cristianos. La primera de ellas es por qué Jesús fue bautizado si no tenía pecados. Jesús asumió en todo la condición humana menos en el pecado, nos dice San Pablo, pero no nos olvidemos que Jesús siempre fue coherente en práctica, obra y palabra. Dentro de esa coherencia Jesús quizo confirmar la importancia del bautismo de conversión que realiza Juan el Bautista. Es una forma de decir que lo que hace el Bautista es el deseo de Dios, que es necesario la conversión para que el Reino de Dios llegue o se realice en la vida del hombre (el contexto de la predicación de Juan y del bautismo realizado por él).

Desde este punto de vista, contestamos a otra objeción: que Jesús fue bautizado en el río y después de grande, por qué no hacemos lo mismo. Sí es verdad, pero nosotros seguimos a Cristo y no a Juan Bautista: "vendrá otro que bautizará en el fuego y en el Espíritu Santo". No realizamos el bautismo en el río porque esa era la práctica de Juan, sino que realizamos el bautismo de acuerdo con lo que nos pide Jesús: "vayan y anuncie... bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". En cuanto a la edad, la biblia nos anuncia que en las primeras comunidades cristianas son muchas las familias que se convierten al Señor, no menciona si eran grandes o chicos, pero seguro que habían niños. Nosotros tenemos que pensar que bautizar a un niño es darle la gracia de ser hijo de Dios, además si elegimos para los niños la escuela, el nombre, el tipo de ropa que va a vestir, el cuadro de fútbol según los gustos de los padres, ¿por qué tenemos que esperar que ellos crezcan para darles la gracia de Dios, para introduzirlos en la familia del Señor?

En esto está la objeción de la elección, pero también está la objeción de que los niños no tienen pecado... La única persona -sin ser el Cristo - que nació sin el pecado fue la Virgen, su Inmaculada Concepción la libró del pecado original. Las demás personas tienen la mancha del pecado original. Los niños no tienen el pecado personal que tenemos los adultos, pero trae desde la concepción el pecado universal, que lo conocemos como pecado original. El bautismo es para purificarnos de ese pecado que tenemos como herencia.

San Pablo nos ayuda a comprender oponiendo a la universalidad del pecado la universalidad de la Gracia de Cristo, de la Salvación: "por un solo hombre entró el pecado y la muerte en el mundo, por un solo hombre nos alcanza la Salvación y la vida".

En esta liturgia, el Evangelio nos muestra la confirmación de la filiación divina de Jesús: "Éste es mi Hijo muy querido en quien tengo puesta toda mi predilección". Dios revela al mundo que se ha concretado todo lo anunciado por los profetas, que ha llegado la plenitud de los tiempos, que el Reino ya está entre los hombres. Dios lo revela al mundo, lo manifiesta (recordemos la celebración que vivimos en la Epifanía) y no podemos dejar de mirar desde ahora el más adelante, la vida pública de Jesús y su transfiguración ("Éste es mi Hijo amado... escucúchenlo) y por último la entrega total en la cruz, porque este es el verdadero sentido de la misión de Jesucristo en el mundo.

En este sentido, San Pablo nos dice en la segunda lectura de hoy: "La gracia de Dios que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado..." y se ha manifestado para que formemos en su Hijo Jesús lo que estaba establecido de antemano: la familia de Dios, o sea, un pueblo santo, regio y sacerdotal.

Recibimos en el bautismo el triple múnos de Cristo, o sea, la triple misión de Cristo que es ser Sacerdote, Profeta y Rey (sería conveniente explicarselos). Y Jesús fue bautizado dando ejemplo de la verdadera vida cristiana en el bautismo, en la oración, en la misión y en la total obediencia al Padre. Sería muy oportuno para nosotros los cristianos relexionar desde adentro para adentro, es decir, mirar nuestro interior y preguntarnos: ¿Qué hago de mi bautismo? Si somos cristianos, otros cristos continuados en la historia, debemos imitarlo en todo, en el bautismo, misión, entrega, obediencia al Padre y el amor hasta el extremo.

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